Hreinn Fridfinnsson

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Galería Elba Benítez

En una de las más tempranas obras presentadas en esta pequeña retrospectiva, Hreinn Fridfinnsson (Baer Dölum, Islandia, 1943) resume a través de un breve texto un sueño en el que traslada la sombra de su padre a las ruedas de un carro, que une al caballo con riendas de luz. Y en otra de la misma fecha, 1973, enuncia una experiencia emocional y contemplativa en una sola frase: “He mirado el mar a través de las lágrimas”. En su obra posterior, que ha tomado diversas formas, de la fotografía a la escultura, la instalación o el vídeo, el artista ha desarrollado algunas sugerencias (geometría y naturaleza, transparencias y sombras) que estaban ya en esas piezas basadas en el lenguaje. Aunque es poco conocido en España -Elba Benítez nos lo presentó en una individual en 2009-, es un referente en su país natal, donde introdujo el arte conceptual a mediados de los sesenta junto al grupo SÚM, y en Holanda, donde vive (en Amsterdam) desde los años setenta; entre los hitos de su carrera cabe destacar que representó a Islandia en la Bienal de Venecia de 1993 y que expuso en la Serpentine Gallery de Londres en 2007. Se podría en general decir que en Fridfinnsson el contenido poético es refrenado y a la vez expandido por una formalización escueta y austera, de base geométrica. Sus obras se presentan a menudo como núcleos generadores o fragmentos que invitan a hacer prolongaciones mentales, extensiones en el espacio o en el tiempo. Como ejemplo de ello, tenemos en la exposición las “esquinas” ampliables hasta el infinito pero también la secuencia progresiva de hexágonos que forman un triángulo expansible de secciones de alambrada. El hexágono es un polígono recurrente en la naturaleza; un círculo puede rodearse de otros seis círculos iguales y al ejercer presión sobre ellos se eliminan los espacios intermedios formando hexágonos. Están en los panales de abejas, en los copos de nieve, en las células… en estructuras que crecen por agregación de unidades. Pero fíjense en que hay otras estructuras de crecimiento en la exposición. La composición Principio y tentación sigue la llamada “espiral de Durero”, similar a la concha de un caracol, que se traza sobre una agrupamiento de rectángulos de proporción áurea, cifrada en el número irracional φ, 1,6180339. Y los sutiles “dibujos de taller” (Atelier Sketch) exhiben telarañas, que se generan por medio de una espiral dibujada sobre radios que podría ser infinita…

El trabajo de Fridfinnsson se sitúa entre la naturaleza y del estudio, el espacio de creación, en el cual no solo trabaja el artista pues tiene ayudantes involuntarios en su entorno, como las arañas o la vecina tienda de pinturas en la que ha recogido durante años las varillas de madera para mover las mezclas, convertidas en una ordenada lluvia de “cuadros” (o en un bosque pintado) en la instalación Claro. El tiempo es en su obra pausado y cíclico, tanto en la prolongada elaboración de algunas de estas obras como en la reelaboración de las mismas ideas en distintos momentos de su trayectoria. La mano del artista participa de esos dos mundos (el natural y el del taller) y ha protagonizado varias obras recientes, entre ellas la fotografía que nos la muestra como reflejo en un suelo encharcado, o la misma composición espiral, en la que asoman como ilusionistas sombras de manos que imitan un pájaro en vuelo. La mano es también una parte que nos invita a reconstruir un todo, esta vez finito: el cuerpo. Siempre se dice que el espectador ha de completar la obra del artista pero en este caso es literalmente cierto, pues lo que Fridfinnson nos propone son posibilidades de extensión y crecimiento de lo real.

Publicado en El Cultural