En los últimos años se ha producido una renovación generalizada en la dirección de los museos estatales. En lo que va de mes hemos conocido el nombramiento de Rafael Sabio como director del ARQVA (Museo Nacional de Arqueología Subacuática en Cartagena) y de Rosa Becerril como directora del Museo del Greco en Toledo. Además, está pendiente de resolución otra convocatoria, para la dirección del Museo Nacional de Escultura en Valladolid. Estas circunstancias invitan a revisar quiénes dirigen en la actualidad los dieciséis museos que gestiona de manera centralizada el Ministerio de Cultura y Deporte a través de su Subdirección General de Museos y, sobre todo, cómo han llegado a esas plazas. En ese análisis se detectan, como comprobaremos, dos vías principales de acceso (siempre en el marco de convocatorias limitadas a ciertos perfiles en la Administración pública): la promoción interna en un mismo museo –protagonizada por los príncipes herederos– y la “recompensa” a funcionarios que han desempeñado cargos de relieve en el propio Ministerio –la alta nobleza en la Casa de las Siete Chimeneas–.

Los museos que dependen de Cultura y Deportes tienen muy diversas características, tamaño y categoría. Algunos son de importancia mayor por sus colecciones, como el Museo Arqueológico Nacional, el Museo de América, el Museo Nacional de Escultura o el Museo Lázaro Galdiano. Otros son extremadamente populares, como el Museo Sorolla, el Museo del Romanticismo y el Museo de Altamira. Todos están infradotados en presupuesto y en personal. Sus directoras (usaré el femenino, pues son en gran mayoría mujeres) tienen que hacer malabares para asegurar el cumplimiento de las funciones básicas de los museos y no digamos ya para ofrecer actividades complementarias atractivas o desarrollar proyectos fuera de lo ordinario. Lo constatamos hoy mismo, cuando, según informa eldiario.es, los cierres de salas están a la orden del día por déficit de vigilantes.

 Pero, además, los esfuerzos de las directoras no están bien reconocidos: ni en lo económico, con remuneraciones inferiores a otros funcionarios de su misma categoría, ni, en la mayoría de los casos, en la esfera social. El Ministerio prefiere un perfil bajo e incluso, en diferentes períodos (y en la actualidad), les ha prohibido que hablen públicamente de sus gozos y –sobre todo– de sus sombras. Vean que en no pocas de las webs de estos museos ni siquiera figura el nombre del director o la directora (ejemplo) y cuesta una barbaridad encontrar fotografías recientes de varias de ellas.

Museo Sorolla, Madrid

Todas (menos uno, hombre, nombrado aún en el siglo XX) pertenecen al Cuerpo Facultativo de Conservadores de Museos Estatales. Algunos de ustedes sabrán perfectamente de qué hablo pero otros no, así que voy a hacer una breve presentación del mismo y de algunos de sus problemas. 

Las conservadoras (empleo el femenino también aquí, por lo mismo) son funcionarias. El Cuerpo existe desde 1973, cuando se desgajó del de Archiveros y Bibliotecarios y duplicó su número (de 49 a 99). Las oposiciones, que son duras, se suelen convocar una vez al año, con más o menos plazas: entre ninguna, durante varios años (al menos entre 2010 y 2012) y 86 en 2021, cuando se sumaron las previstas para el año anterior –el examen no se hizo, por la pandemia–, compensando la reducción paulatina que se había producido en años anteriores a causa de las restricciones generales en la oferta pública de empleo (los tristes “ajustes”).

Es difícil precisar, con datos publicados (el último directorio es de 2016), el número de conservadoras en activo. Sumando las recientes incorporaciones –numerosas en los últimos cinco años– a las cifras conocidas, calculo que serán entre 380 y 400. Alrededor del 70% serían mujeres. El Cuerpo, por ello, es conocido como “la Cuerpa”. La mayoría son nacidas en Madrid o se han instalado aquí, por lo que resulta más complicado cubrir las plazas en museos de otras ciudades.

Una parte de los problemas que sufre el Cuerpo (y, por tanto, los museos que tiene a su cargo) deriva de la falta de especialización de los profesionales para cada puesto. Inicialmente se diferenciaron las oposiciones para museos provinciales de las que se convocaban para museos nacionales concretos e incluso para determinados departamentos de las colecciones más importantes. Eran plazas más o menos “especializadas”. Pero en 1984, la Ley de Reforma de la Función Pública acabó con esas particularidades y a partir de 1999 se impuso un examen único. Un mismo temario y una misma valoración de capacidades para un museo de Arqueología que para un museo de Bellas Artes, o de Antropología, o del traje o para una casa-museo… Es más, las conservadoras se ocupan también de museos de otros ministerios u organismos: Patrimonio Nacional, Ministerio de Defensa (Museo del Ejército, Museo Naval), Ministerio de Economía (Museo Nacional de Ciencia y Tecnología), INAEM (Museo del Teatro), CSIC (Museo Nacional de Ciencias Naturales)… Y, dentro de cada uno, encontramos a conservadoras desempeñando tareas no solo relacionadas directamente con las colecciones sino también de documentación, administración, coordinación de actividades, difusión… por debajo de su cualificación. Y no son pocas las que han aprovechado los desvíos en y entre las Administraciones y ocupan puestos que nada tienen que ver con los museos. El sistema es absurdo.

José Guirao y Meritxell Batet presiden en 2019, en el Auditorio Nacional, la entrega de los títulos de la nueva promoción de los cuerpos de Archivos, Bibliotecas y Museos.

Con datos de 2016, Fernando Sáez Lara, director del Museo Nacional de Antropología, elaboró la siguiente estadística para las jornadas 150 años de una profesión: de anticuarios a conservadores(MAN, 2017), la lectura de cuyas actas les recomiendo mucho si quieren ampliar información sobre todo esto. Solo un 36% de las conservadoras estaban destinadas en los dieciséis museos de gestión exclusiva de la Dirección General de Bellas Artes y Patrimonio Cultural. Sumando las que prestaban servicio en otros museos dependientes del Ministerio de Cultura y Deporte –30 en el Museo Reina Sofía, 22 del Museo del Prado y 3 en la Biblioteca Nacional (en su departamento de exposiciones)–, la proporción alcanzaba el 53%, subiendo al 62% cuando se añadían las que cuidaban los museos de otros ministerios y organismos, antes citados. ¿Y el resto?

En la propia DGBAPC trabajaban 27 conservadoras, en tareas casi siempre de gestión. Un dato a tener en cuenta: las funcionarias del Cuerpo ganan menos que otros empleados públicos del subgrupo A1 pero en los servicios centrales se cobra más que en los museos por lo que, cuando se puede, se busca el traslado. Lo mismo aplica a otros cargos en el Ministerio (en Industrias Culturales, en el ICAA o en el INAEM) y en la Administración del Estado: notablemente en la AECID y en el Instituto de la Juventud. Y hasta un 20% de las conservadoras prestan servicio en las Administraciones autonómicas (o, mucho menos, en las locales).

Existe una gran dependencia funcional de los museos respecto al Ministerio. Que ejerce un férreo control sobre ellos. No tienen personalidad jurídica propia ni presupuesto individualizado sino que forman parte de una sola unidad administrativa, con caja única. Esto puede tener alguna ventaja pero no creo que a la larga sea bueno: el Ministro, Director General de Bellas Artes o Subdirector de Museos de turno decide si va a ahogar mucho o poco a este o a aquel museo, si va a dejarlo languidecer o si, por algún motivo, quiere darle brillo. Y da a los gerentes (también funcionarios pero mejor pagados) un poder enorme en cada uno de ellos. Hasta el punto de que me consta que alguna directora abandonó el puesto por no soportar más las coerciones del que le tocó en suerte.

Celebración, en el Museo Arqueológico Nacional, de las Jornadas “150 años de una profesión”, 2017.

Para las directoras, por tanto, es importante contar con el favor de quienes manden en cada momento en la Casa de las Siete Chimeneas. Y, para el Ministerio, que las directoras sean razonablemente sumisas. Una de las herramientas para conseguirlo es el nombramiento mediante “libre designación”, que tiene sus consecuencias. Lo explicaba una conservadora experimentada, Mª Concepción Martínez Tejedor, en El profesional de museos: en busca de una definición (ICOM España, 2015) “en los últimos años se ha extendido el uso del procedimiento de libre designación como sistema de provisión de puestos, llegándose, en algunos casos, a cubrir puestos de nivel 26 y 28 por este sistema. La generalización y abuso de la libre designación afecta directamente a la carrera administrativa de los funcionarios, que ven limitadas una vez más sus posibilidades de promoción”. Y, entre las propuestas que hacía para mejorar las condiciones del Cuerpo incluía esta: “Cubrir mediante concursos transparentes los puestos de directores de museos estatales, dando preferencia al Cuerpo Facultativo de Conservadores de Museos”.

Que esos concursos no son transparentes lo podemos ver nosotros mismos, desde fuera, basándonos en la escasa información difundida sobre ellos. Vamos a hacer, por orden cronológico una revisión de los procedimientos seguidos para nombrar a cada uno de los directores actuales, con un breve perfil de cada uno, lo que nos permitirá entender el mecanismo general.

Pero antes debo hacer una anotación sobre ese procedimiento de libre designación que se utiliza en los museos estatales. ¿Por qué esta forma de proveer los puestos? El Reglamento General de Ingreso del Personal al servicio de la Administración general del Estado y de Provisión de Puestos de Trabajo y Promoción Profesional de los Funcionarios Civiles de la Administración general del Estado lo reserva para “los puestos de Subdirector general, Delegados y Directores territoriales, provinciales o Comisionados de los Departamentos ministeriales, de sus Organismos autónomos y de las Entidades Gestoras y Servicios Comunes de la Seguridad Social, Secretarías de Altos Cargos de la Administración y aquellos otros de carácter directivo o de especial responsabilidad para los que así se determine en las relaciones de puestos de trabajo”. La provisión “por libre designación” es discrecional (a discreción de quien toma la decisión) y permite una casi total arbitrariedad.

Pero en el ámbito de la cultura, algo cambió en enero de 2007 que alteraría los procedimientos de libre designación en los museos estatales. Las asociaciones del sector de las artes visuales firmaron con el Ministerio el conocido como Documento de buenas prácticas, que marcaba –sin valor normativo– objetivos de gestión transparente y participativa en los museos nacionales. Poco después, César Antonio Molina (Ministro) y José Jiménez (Director de Bellas Artes) sustanciaron ese compromiso en un Plan de Modernización de las Instituciones Culturales que fue aprobado en Consejo de Ministros el 7 de septiembre de 2007, con efecto inmediato sobre el Museo Reina Sofía, la Biblioteca Nacional y los archivos del Estado. (Ese plan lo escondió alguien después en un cajón. No hay quien lo encuentre online, pero yo lo conservo).

Museo Nacional de Escultura de Valladolid. Exposición Almacén, 2020

El siguiente paso fue aplicar ese Plan a la primera vacante que surgió en la dirección de los museos estatales: la del Museo Nacional de Escultura. En julio de 2008 se modificaron los estatutos para tener un patronato menos político y con un papel más activo en el gobierno de la institución; en la composición actual vemos sobre todo profesores universitarios, no pocos de los cuales siguen siendo patronos desde aquella fecha… cuando se determinó una permanencia de tres años. José Jiménez quiso dejar claro que la convocatoria se haría “siguiendo el Código de Buenas Prácticas, asumido por el Ministerio de Cultura. Se trata de la primera vez que este proceso se pone en marcha en un Museo estatal gestionado a través de la Dirección General de Bellas Artes, lo que ha supuesto replantear la fórmula del concurso que se utilizó en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía a otro tipo de centro”. ¿Cómo? Solicitando a los interesados que presentaran por escrito una propuesta de plan de actuación y nombrando un comité de expertos –cuyos nombres se hicieron públicos– más o menos independiente del Ministerio para valorar las candidaturas. Un avance importante.

Pero, aun con esos aditamentos, el nombramiento de María Bolaños como resultado de aquella convocatoria no podía dejar de hacerse por “libre designación” (por la regulación administrativa) y como entonces no se estableció –seguramente no era posible– una excepción dentro del Reglamento General de Ingreso del Personal al servicio de la Administración arriba mencionado, González-Sinde y los sucesivos ministros fueron manteniendo, cada cual en la medida que quiso, el barniz de las “buenas prácticas” en procedimientos que podían ser perfectamente discrecionales a secas. Las conservadoras los llaman, por esas limitaciones, “concursillos”.

Una segunda anotación previa. Quiero dejar claro que he tenido oportunidad de conocer a muchas de las personas que mencionaré a continuación y que valoro en casi todos los casos muy positivamente su desempeño. No discuto su valía profesional. Y creo que es probable que en muchas de las convocatorias fueran las mejores candidatas… pero no seguro, pues no sabemos quiénes fueron sus contrincantes, qué proyectos tenían o quiénes (y cómo) examinaron sus méritos. Considero que es positivo poner sobre la mesa una cuestión que preocupa a las propias conservadoras y que los usuarios de los museos debemos conocer. Por si alguien se decide a remodelar el sistema.

1998. Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias “González Martí”. Jaume Coll

Jaume Coll Conesa (Palma de Mallorca, 1958) es el director que lleva más tiempo al frente de uno de los museos estatales y el único que no forma parte del Cuerpo de Conservadores. Es director desde 1998 pero empezó a trabajar en el museo en 1986. Por comparar: en el tiempo de su mandato el Museo Arqueológico Nacional ha tenido cinco directores. En la fecha de su nombramiento, era Ministra Esperanza Aguirre y Director de Bellas Artes (abrevio la denominación de los cargos a partir de aquí) Benigno Pendás. Hace tanto de aquello que no queda información disponible sobre su nombramiento, salvo en prensa.

2010. Museo Arqueológico Nacional. Andrés Carretero

No es lo habitual que cuando un Ministro de Cultura y Lo Que Sea reciba la cartera se líe a destituir y a nombrar directores de museos estatales, que no son altos cargos (con excepción de los del Prado y del Reina Sofía) y desempeñan un trabajo “técnico”. Tras llegar al Ministerio en 2009, Ángeles González-Sinde dejó las cosas como estaban durante unos meses pero entre 2010 y 2011 sustituyó en lote a los directores de ocho de los museos: Arqueológico, Sefardí, Sorolla, Lázaro Galdiano, América, Decorativas, Romanticismo y Traje. El golpe fue sonado y la oposición pidió explicaciones. Es algo que no ha vuelto a suceder en una década larga: las renovaciones se han producido por jubilación o por cambio voluntario de destino y solo en un caso, del que luego hablaré (Museo del Greco) hubo cese.

Andrés Carretero (Madrid, 1955) fue nombrado director del Arqueológico en esa sacudida generalizada de González-Sinde. Pero, cosa en verdad rarísima, accedió a la dirección –la Ministra lo comunicó a la prensa el 2 de septiembre– antes de que se publicara, el 24 de del mismo mes, la convocatoria para elegirle. A hechos consumados, se trataba de cubrir el expediente, y ni siquiera se pedía un proyecto para la institución a los candidatos. Podemos dar por sentado que hubo solo uno.

El Arqueológico cuenta con un Patronato –órgano de gobierno que en otro tipo de instituciones culturales tiene mucho peso en la toma de decisiones de este tipo– pero, como ya he comentado en otra ocasión, es de adorno: no hizo más que aprobar la propuesta de la Ministra.

Entre 1991 y 1994 Carretero había sido Director de Museos Estatales. A continuación, fue subdirector del Museo de Antropología (1994-2002) y director del Museo del Traje (2004-2008). Y, entre 2008 y 2010, Subdirector General de Museos de la Comunidad de Madrid. A notar que las idas y vueltas entre la dirección de los museos y los cargos con responsabilidad política en esta Autonomía no son raros: ahora mismo tenemos allí a Elena Hernando (ex Lázaro Galdiano) y a Asunción Cardona (ex Romanticismo).

2011. Museo Nacional de Artes Decorativas. Sofía Rodríguez Bernis

Publicada solo dos meses después que la del Arqueológico, esta convocatoria sí incluía solicitud de propuesta de Plan de Actuación y se acompañaba de información adicional, todavía localizable en la web del Ministerio. Se obligaba a contar con una comisión –nada sabemos de ella– y se daba la posibilidad de que los docentes universitarios optasen al puesto, algo común en las convocatorias a partir de entonces. Pero miren: ninguna de las directoras actuales son profesoras sino, como ya indiqué, en su totalidad conservadoras del Cuerpo. Solo Guillermo Solana, director del Museo Thyssen-Bornemisza –que está gobernado por una fundación, no directamente por el Ministerio– procedía de la Universidad (también María Bolaños pero ya se ha jubilado).

El nombramiento de Sofía Rodríguez Bernis (Madrid, 1958) se podría entender como una promoción interna, pues había sido antes subdirectora del museo en distintos períodos desde 1994, aunque había trabajado también en el Museo del Prado, el Museo Arte Reina Sofía y el Museo del Ejército. Es la segunda de las directoras nombradas por González-Sinde que persisten en el cargo.

2011. Museo del Traje. Helena López de Hierro

Helena López de Hierro es la tercera y última. El suyo es un perfecto ejemplo de promoción interna, con la particularidad de que toda su carrera como conservadora (aprobó la oposición en 2005) ha tenido lugar en este museo, en el que entró a trabajar en 2006 y en el que fue responsable de los departamentos de Difusión y de Exposiciones temporales. Accedió a la dirección tras solo cinco años de experiencia. No es algo común.

La convocatoria obligaba a contar con una comisión de expertos (secreta), pedía una propuesta de Plan de Actuación y ofrecía información sobre el museo. Se especificaban los méritos a valorar, que incluían los conocimientos en arte, antropología y museología (no sobre la vestimenta, en concreto). No parece que la candidata cumpliera con algunas de las características requeridas: “Experiencia en el desempeño de puestos de trabajo de responsabilidad, así como en el establecimiento de relaciones institucionales a nivel interno y externo”.

2013: Museo Nacional de Antropología. Fernando Sáez Lara

Por jubilación de la que fue su directora desde 1980, Pilar Romero de Tejada, se abrió ya en tiempos de José Ignacio Wert una convocatoria similar a las anteriores, con la novedad de fijar una extensión máxima para la propuesta (30 folios, que se reduciría muchísimo en otras posteriores, a 8.000 palabras). Por primera vez, se dio acceso al nombramiento de la comisión de expertos, pero no lo podemos comprobar hoy, pues está roto el enlace.

Gran sorpresa: el elegido TIENE PUBLICADA EN LA WEB DEL MUSEO SU PLAN DE ACTUACIÓN. Perdonen que lo escriba en mayúscula, que equivale a gritar en una conversación, pero es que es un caso único. Fernando Sáez Lara (Madrid, 1966) pone además el enlace a la convocatoria, a la resolución que le otorgó el cargo y, por otra parte, da los nombres de absolutamente todos los que trabajan en el museo, con sus direcciones de correo electrónico, incluida la suya. ¿Cuesta tanto hacer esto?

Sáez Lara llegó a la dirección desde el Ministerio. Tras trabajar durante siete años en el Museo Nacional de Artes Decorativas, como administrador y como jefe del departamento de Investigación, se integró en 2010, siendo Ministra González-Sinde, como jefe de área (puesto técnico), en la Unidad de Apoyo de la Dirección de Bellas Artes –vean el organigrama de la DGBA–. Permaneció en el puesto con José María Lasalle como Secretario de Estado, hasta que quedó vacante la plaza en este museo.

2016: Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira. Pilar Fatás

En febrero 2016 falleció José Antonio Lasheras, director del museo desde 1991, y en mayo se publicó la convocatoria para cubrir la plaza vacante. Se pedía plan de actuación, sin extensión, y se publicó también la composición de la comisión de expertos: dos personas del Ministerio (el Subdirector de Museos Estatales, Miguel González Suela, y una asesora de la Unidad de Apoyo, una responsable en Patrimonio del Gobierno de Cantabria y dos técnicos en investigación y conservación (del CNIEH y de la propia cueva de Altamira). No era exactamente una comisión independiente pero sí aceptablemente plural.

Supimos por la prensa que fueron cinco los candidatos, dato facilitado por José María Lasalle, que era entonces Secretario de Estado de Cultura (cosa inhabitual: el Ministerio casi nunca difunde ese tipo de información). La designada fue Pilar Fatás Monforte (Zaragoza, 1971), conservadora en el museo desde 1999 (su primer destino) y subdirectora del mismo desde 2001. Caso claro, por tanto, de promoción interna.

2017: Museo Nacional de Arte Romano. Trinidad Nogales

“Príncipes de la burocracia”, he titulado este artículo, pero en el caso del Museo Nacional de Arte Romano de Mérida cabe hablar de dinastía reinante. La dirección del mismo lleva casi ochenta años en manos de la misma familia. El primer director, entre 1945 y 1985, fue el arqueólogo impulsor del museo, José Mª Álvarez Sáez de Buruaga, al que, cuando se jubiló, sucedió su hijo, José Mª Álvarez Martínez. En 2017 le llegó a este el momento de retirarse y ocupó la plaza su esposa, Trinidad Nogales Basarrate (Mérida, 1960), que había sido entre 2011 y 2015 Consejera de Educación y Cultura de la Junta de Extremadura (siendo Presidente José Antonio Monago). Fue además diputada por el PP en la Asamblea de Extremadura hasta el 27 de febrero de 2017, cuando presentó la renuncia a su acta parlamentaria. ¿Acaso daba ya por seguro su nombramiento? Aunque se publicó en el BOE el 15 de marzo, la resolución de la convocatoria tiene fecha de 21 de febrero.

Nogales tuvo su primer y único destino como conservadora en este mismo museo, a partir de 1986, aunque había realizado investigación en él desde 1979, y se ocupó de áreas como Documentación, Colecciones e Investigación.

La convocatoria fue similar a las precedentes, y está publicada la composición de la comisión de expertos, cuyos miembros fueron designados, según informó el Ministerio, por el ICOM, la Real Academia de la Historia, la Junta de Extremadura y el Ministerio. Era en esas fechas Ministro Íñigo Méndez de Vigo y Director de Bellas Artes Luis Lafuente Batanero.

La dinastía no termina aquí. Vean luego el apartado sobre el Museo Sefardí.

2018: Museo de América. Encarnación Hidalgo

En 2018 se jubiló Concepción García, que había sido directora del museo desde 2011 (tanda de González-Sinde). Se abrió convocatoria, con las características habituales pero con la particularidad de que se publicó en abril, con Méndez de Vigo aún en posesión de la cartera, y se resolvió en julio, ya con José Guirao como Ministro y José García Fernández como Subsecretario de Cultura y Deporte. Este último debía conocer bien el museo y, al parecer, a su personal, pues se da la circunstancia de que su esposa, Paz Cabello, fue la directora entre 1992 y 2008 (y antes subdirectora, de 1983 a 1992). Lo que cuento a continuación no lo puedo documentar pero lo he contrastado. Estaba ya decidido que la directora iba a ser Ana Azor, entonces subdirectora del museo pero con responsabilidades anteriores en el Ministerio, cuando García Fernández frenó el nombramiento e impuso, en contra del parecer de González Suela (que acabaría cayendo), su preferencia por Encarnación Hidalgo Cámara, una conservadora que tenía “menos tablas”, aunque había trabajado antes de llegar al Museo de América en 2005 –donde fue responsable del departamento de Difusión y después del de Documentación– en el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología, en el de Antropología y en el de Ciencias Naturales.

Hubo comisión pero no se hizo pública su composición (para fortuna de los involucrados; menudo papelón…). Caso de promoción interna.

2020: Museo Sorolla. Enrique Varela

En 2019 se jubiló Consuelo Luca de Tena, que era directora por designación de González-Sinde desde 2010. Con el equipo Guirao / García Fernández en el Ministerio, se publicó en el BOE la convocatoria (la habitual, con comisión pero secreta) para sustituirla. El designado fue Enrique Varela Agüí (Madrid, 1968), que era conservador “raso” en el museo desde 2014, año en el que, a la llegada de Miguel Ángel Recio a la Dirección de Bellas Artes, fue destituido como Subdirector de Museos Estatales. González-Sinde, tras tenerlo como asesor durante un año, le había asignado en 2010 esa responsabilidad a través de una convocatoria… pero lean en este mismo blog (La resolución ultrarrápida: el nuevo Subdirector de Museos Estatales) cómo es posible manipular impunemente este tipo de “concursos”.

Varela, en el Cuerpo desde 2005, inició fugazmente su carrera en el propio Sorolla –ya ven que no es raro esto de volver al museo madre– y pasó por el del Traje antes de recalar en el Servicio de Difusión de la Subdirección de Museos y en el gabinete de la Ministra.

Se trata, por tanto, de un caso de promoción interna pero referido a un miembro de la nobleza ministerial.

En relación a este nombramiento, hemos de saber que existe una Fundación vinculada al museo un poco extraña. Su patronato es como el de otros museos en los que hay una familia involucrada (pues hay algunas obras de su propiedad en comodato) pero desde 1993 no interviene en su gestión (“es una entidad jurídicamente distinta del museo, pero continúa teniendo su sede en el propio museo y trabaja en estrecha colaboración con él”). Según sus estatutos, sus únicas potestades respecto al museo son “conocer y emitir informes” para la definición de las directrices generales de actuación del museo, para la elaboración de la memoria anual, para proyectos extraordinarios relacionados con el edificio y la colección o para autorizar préstamos y consultas/publicaciones de la documentación privada de Sorolla que se guarda allí. El director, por tanto, se elige en el Ministerio.

2020: Museo Sefardí. Carmen Álvarez Nogales

Aquí llega la heredera de la dinastía emeritense. En 2019 falleció Santiago Palomero (otro conservador al que se confió la dirección de su museo-madre tras haber sido Subdirector de Museos). Carmen Álvarez Nogales (Mérida, 1983) es, creo, la más joven de las directoras de museos estatales. Hija de Trinidad Nogales –actual directora del Museo Nacional de Arte Romano– y de José Mª Álvarez Martínez –el precedesor de esta–, era desde 2010 conservadora en el Museo Sefardí de Toledo, su primer destino, donde fue responsable de difusión y comunicación.

Convocatoria habitual y comisión secreta. Tendremos que considerarlo un caso de promoción interna pero, de nuevo, ¿reunía los méritos requeridos? (se especifican aquí).

2021: Museo Lázaro Galdiano. Begoña Torres

Según los estatutos de la Fundación Lázaro Galdiano, es competencia del patronato “Nombrar y separar al Director Gerente, a propuesta del Presidente, y establecer las condiciones de su relación de servicios con la Fundación”. El presidente es el Ministro de Cultura: a fecha del nombramiento de Begoña Torres González, en sustitución de Elena Hernando –que se fue motu proprio a la Comunidad de Madrid–, era José Manuel Rodríguez Uribes.

No hubo convocatoria para dirigir este museo, en el que perfectamente, al no estar sometido a las restricciones administrativas de la mayoría de los estatales por estar gobernado por una fundación, se podría haber hecho un concurso de dirección como en tantos otros museos públicos en España. No se exige que el director sea un funcionario (es un contrato de prestación de servicios) y su mandato, dicen los estatutos (art. 18), será de cinco años prorrogables sin límite.

Begoña Torres González (Madrid) fue directora del Museo del Romanticismo en los años de transformación del mismo, desde 1997 hasta 2009. En 2010 fue nombrada Subdirectora General de Promoción de las Bellas Artes, cargo que perdió en 2020 al suprimir Rodríguez Uribes esa unidad que fue tan importante en la dinamización expositiva de los museos estatales y que puso en marcha las salas de Tabacalera (lean en este blog: ¿Hay alguien ahí?). Torres fue destinada al departamento de Registros y Documentación del Patrimonio Histórico, como Subdirectora General, donde permaneció solo unos meses. Y de ahí al Lázaro Galdiano.

2021: Museo Nacional del Romanticismo. Carolina Miguel Arroyo

En 2011, la sucesora de Begoña Torres al frente del Museo Nacional del Romanticismo fue Asunción Cardona quien, en 2021, dejó el puesto para ser Subdirectora General de Bellas Artes de la Comunidad de Madrid, por lo que hubo que buscar reemplazo. Atención porque vienen cambios. Como hemos visto, hasta este momento los nombramientos se hacían por libre designación mediante presentación de proyecto y se contaba con un comité de expertos para elaborar el informe que justificara la decisión tomada. Pero aquí el Ministerio se acoge a la literalidad del Reglamento General de Ingreso del Personal al servicio de la Administración y renuncia a aparentar al menos que está aplicando en la medida de lo posible el Documento de Buenas Prácticas que suscribió con las asociaciones del sector de las artes visuales en 2007. La convocatoria ni pedía proyecto ni mencionaba ningún comité ni especificaba los méritos a valorar. Libre designación pura y dura. Tampoco se publicó en la web del Ministerio la habitual información adicional sobre el museo para ayudar a los candidatos a elaborar sus propuestas. No sabemos por qué se modificó el criterio; continuaba Rodríguez Uribes como Ministro y eran Directora de Bellas Artes Lola Jiménez-Blanco y Subdirectora de Museos Mercedes Roldán.

La afortunada fue Carolina Miguel Arroyo, que había trabajado en el departamento de Colecciones en este mismo museo desde que aprobó la oposición a conservadora en 2009. Caso de promoción interna.

2021: Museo Cerralbo. Carmen Jiménez

En mayo de 2021 se jubiló Lourdes Vaquero, tras dirigir el Museo Cerralbo de Madrid durante veintiún años. El relevo, como en el Museo del Romanticismo, se hizo por designación a secas, sin proyecto ni comité.

El Cerralbo está asociado, de manera similar al Sorolla, a una Fundación. Allá voy con su denominación: Fundación “Museo del Excmo. Sr. D. Enrique de Aguilera y Gamboa. XVII Marqués de Cerralbo”. Sus estatutos (art. 13º) otorgan al Patronato la siguiente facultad a la hora de elegir director, el cual deberá pertenecer al Cuerpo de Conservadores: “podrá comunicar” al Ministerio “las circunstancias y caracteres” que, a su juicio, deben integrar el perfil del puesto, y esas sugerencias deberán ser consideradas. No participa en la decisión: solo debe ser informado una vez tomada. Pero una vez en su puesto, se reserva la potestad de supervisar la gestión del director en las tareas que le encomiende la Fundación. Es también un poco rara esta relación.

La elegida fue Carmen Jiménez Sanz. Su primer destino como conservadora, en 2000, fue el propio Museo Cerralbo (les va resultando familiar esto, ¿verdad?), aunque ya colaboraba allí desde 1993 pues hizo su tesis doctoral sobre el XVII Marqués de Cerralbo y la arqueología española de su tiempo. Trabajó después en el ARQVA, en el Arqueológico Nacional, en el Servicio de Fondos Museográficos del Ministerio de Cultura y en el Centro Cultural de España en México (AECID). En 2003 comienza su enhebrado de cargos político-técnicos al asumir el de Responsable de Museos y Colecciones en la Comunidad de Madrid. Allí, fue ascendida en 2008 a Subdirectora de Museos, y descendida a Jefa de Servicio de Turismo Cultural en 2013 y a jefa de Área de Programación Cultural en 2016. En febrero de 2019 –José Guirao como Ministro y Román Fernández-Baca como Director de Bellas Artes– fue nombrada Subdirectora de Museos Estatales. Y de ahí directamente al Cerralbo.

2022: ARQVA. Rafael Sabio

Llegamos a los últimos nombramientos, ya en la etapa de Miquel Iceta, con Isaac Sastre en la Dirección de Bellas Artes. Parecen especialmente caprichosos, verán por qué.

Antes, una breve referencia a la lucha numantina que libró el anterior director del ARQVA de Cartagena frente a un par de ministras de Cultura. Iván Negueruela era director del museo desde 1992. En 2006, Carmen Calvo le cesó en vísperas de la inauguración de la costosa nueva sede, que él había impulsado. Sin aducir razones: quien a dedo es puesto a dedo es depuesto. Pero Negueruela se revolvió y llevó el caso ante el Tribunal Superior de Justicia, que en 2009 consideró injustificado el despido –pues había obtenido el puesto por concurso de méritos, no por libre designación, forma de nombramiento que se implantó después– y ordenó su readmisión, ya en tiempos de González-Sinde. Pero esta tampoco lo quería allí y en 2010 le redespidió. Y él perseveró ante los tribunales, llegando a la Audiencia Nacional, que de nuevo le dio la razón, por lo que volvió a ser director en 2013.

En noviembre de 2021, Iván Negueruela se jubiló y se inició el proceso para sustituirle con una convocatoria que retomaba la exigencia de un proyecto, para cuya valoración el Ministerio “podría” contar –sin hacerlo obligado, como antes– con “expertos” –sin usar la palabra comité–. Entre los “méritos preferentes a valorar”, además del “desempeño de puestos de trabajo de responsabilidad” se entraba en detalle, más de lo habitual, en los saberes requeridos: “Conocimiento del patrimonio cultural subacuático y sus contextos culturales, las técnicas de investigación, excavación, documentación y conservación específicas de la arqueología náutica y subacuática, así como la legislación nacional e internacional relativa a la protección de dicho patrimonio cultural”.

El “concursillo” lo ganó un arqueólogo, pero de secano: Rafael Sabio González (Madrid, 1978). Su primer destino como conservador fue el Museo de Arte Romano de Mérida, donde trabajó desde 2007, dirigiendo, dice la nota del Ministerio, el servicio de Restauración y el departamento de Difusión, desde el que ha organizado exposiciones temporales (en su mayoría salas temáticas, dentro del museo). Sin embargo, en la web del museo aparece aún como “personal adscrito”, no como responsable, del Departamento de Documentación.

Ya hemos visto que no es raro que una conservadora con escaso rodaje en cargos de responsabilidad y de gestión llegue a la dirección de un museo estatal pero ha ocurrido siempre por promoción interna dentro de un mismo museo. Lo extraño es saltar a otro, con contenidos en los que no se está familiarizado – Sabio ultima su tesis doctoral sobre la onomástica hispana y las villas romanas– y más cuando la convocatoria es muy específica en los méritos a valorar.

La falta de transparencia y la potencial arbitrariedad de estos procedimientos facilitan que lleguemos a pensar que el Director de Bellas Artes, Isaac Sastre, que fue compañero en el Museo de Arte Romano de Mérida de Rafael Sabio y con el que compartió algunas investigaciones, haya podido favorecerle. ¿No hay ningún experto en arqueología subacuática entre las conservadoras de museos o en la Universidad?

2022: Museo del Greco. Rosa Becerril

Algo similar ocurre con el nombramiento que conocimos la semana pasada: el de Rosa Becerril Sánchez como directora del Museo del Greco en Toledo. Su predecesor fue Juan Antonio García Castro, el único director de museos estatales que, excepción hecha de los intentos de destronar a Negueruela en Cartagena, ha sido cesado en los últimos años. Se lo hizo saber en junio de 2021 Lola Jiménez-Blanco, aduciendo una «remodelación organizativa”, aunque aclarando “que no era una decisión suya sino de su superior, el Secretario General de Cultura, Javier García Fernández”. La negativa de este a justificar el cese fue muy significativa: «La Administración nombra y cesa. Es un cargo de libre designación (…) No hay que dar razones. Si tuviéramos que explicar cada decisión, ¿qué sería esto?. El régimen jurídico es muy claro al respecto».

Durante unos meses, la directora del Museo Sefardí asumió las tareas de gestión del Museo del Greco, pero el 15 de enero se publicó en el BOE la convocatoria para la provisión del puesto. Con solicitud de plan de actuación, la posibilidad de contar con expertos y con estos conocimientos específicos a valorar: “Conocimiento de las culturas, religiones y manifestaciones artísticas en la Edad Media y Edad Moderna en la ciudad de Toledo”.

Fue elegida Rosa Becerril Sánchez, a la que no se le conoce particular interés en el Greco o en Toledo, siendo su dedicación profesional la restauración y conservación preventiva de bienes culturales. Es conservadora desde 2004, cuando se unió al equipo de Paz Cabello en el Museo de América, y ha pasado por varias instituciones: el Museo del Ejército, el Reina Sofía, Patrimonio Nacional e Instituto del Patrimonio Cultural de España. En octubre de 2018 Javier García Fernández, todopoderoso en el Ministerio en la época de José Guirao, hizo a Becerril asesora en su gabinete y la ascendió a directora del mismo en 2020. Recordemos que Isaac Sastre, hoy Director de Bellas Artes, fue vocal asesor en ese mismo gabinete.

2022: Museo Nacional de Escultura

Al final, volvemos al principio. Ya vimos que, en 2008, el nombramiento de María Bolaños imprimió en la gestión de los museos estatales un giro que explica por qué los directores han sido elegidos de la manera que hemos estado desgranando hasta aquí. El puesto de director del Museo Nacional de Escultura está vacante, por jubilación, y el resultado de la convocatoria debe de estar a punto de comunicarse (actualizaré el artículo).

Sería hora ya de definir un procedimiento reglado orientado por la máxima transparencia y por la auténtica igualdad de oportunidades, en el que fuese obligado baremar los méritos, publicar los proyectos, revelar la identidad de los expertos que los examinen y hacer que su decisión sea vinculante y no solo una recomendación al Ministro. Además, sería bueno establecer plazos de permanencia en los puestos y, desde luego, una evaluación de la gestión que permita justificar con objetividad prórrogas o ceses.

Por otra parte, cabría trabajar en la ampliación de la autonomía de cada museo. Y sería muy bueno que el Ministerio entienda que los directores son valiosos activos en la mejora de cada una de las instituciones y de su relación con la sociedad. En este sentido, es necesario que nos deje verles las caras y que les deje comunicarse con los usuarios. Casos como el de Bolaños en el Museo de Escultura demuestran como alguien con criterio, iniciativa y voluntad transformadora puede dar la vuelta a un museo. No queremos directores que se esconden debajo de la mesa para evitar problemas en el Ministerio.

Las pocas ocasiones en que hemos sabido el número de candidatos en una convocatoria (tres para aquella, en 2008, del Museo de Escultura, cinco para Altamira) nos hacen sospechar que no hay mucho interés o mucha confianza en sus posibilidades reales entre los conservadores. Esa es quizá una de las razones de que, en los casos de promoción interna, se otorguen responsabilidades a personas bastante jóvenes y no muy expertas que, al menos, conocen bien el museo en el que han trabajado durante un tiempo.

Y la relativa abundancia de directores que obtienen el puesto tras desempeñar un cargo de responsabilidad en el Ministerio invita a considerar que se podría tratar de “compensaciones” por ceses o de “recompensas” por los servicios prestados. Pero, según me comenta una conservadora, podría estar más relacionada con la confianza que genera a los Subdirectores de Museos o los Directores Generales el paso de los candidatos por servicios centrales pues saben que así lidiarán con personas “que conocen las reglas del juego” y evitarán los “versos sueltos”. “Mucho trabajo y mal pagado… no acaba de ser del todo una recompensa; es preferible saltar a la Comunidad de Madrid, a A/CE (Acción Cultural Española, al Prado, o a Patrimonio Nacional”.

Yo no sé si tiene sentido mantener el Cuerpo Facultativo de Conservadores pero, si ha de permanecer, debería someterse a una transformación de fondo. Lo mismo que el sistema de los museos estatales de gestión exclusiva de la Dirección General de Bellas Artes.