Lidó Rico

Quizá les haya sorprendido la irrupción de la exposición del artista murciano Lidó Rico, L’anima non finita, en la sala Alcalá 31 de la Comunidad de Madrid. No estaba programada, cuando lo normal en espacios institucionales como este es preparar las exposiciones con al menos un año de antelación, cuando no dos, y se podrá visitar solo durante veinticuatro días, del 8 al 31 de mayo, cuando suelen permanecer entre dos y cuatro meses. La muestra que sí estaba agendada es la titulada Mitologías modernas: Ouka Leele & CO, que debía inaugurarse el 27 de mayo —con clausura en octubre—  y que se ha pospuesto al 2 de julio. He hecho algunas averiguaciones y no me queda claro si el retraso se debe a problemas organizativos de esta última exposición o a la “necesidad” de embutir lo de Lidó Rico. O a las dos cosas. La cuestión es que se huele un mangoneo en la programación de una sala pública.

Alcalá 31 no tiene personalidad jurídica y es gestionada directamente por la Subdirección General de Bellas Artes —cuya titular es Asunción Cardona, que forma parte del cuerpo de Conservadores de Museos y tiene amplia experiencia de gestión—, en dependencia de la Dirección General de Cultura e Industrias Creativas —Manuel Lagos Gismero, antes asesor de artes escénicas de la Comunidad y director adjunto del Festival de Almagro—, bajo la autoridad ambos de la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte. El consejero es Mariano de Paco Serrano, director de escena que entró en política desde la Dirección de Gestión de los Teatros del Canal y que es hoy un ferviente “ayusista”.

Dudo mucho que esta exposición sea iniciativa de Asunción Cardona o de Juana Arana —trabajó durante años para la feria ARCO—, que es asesora de artes plásticas de la Comunidad y debería tener algún mando en esta plaza, o, aún más, de Manuel Lagos Gismero, hombre de teatro como el consejero. No resulta verosímil, entre otras cosas, porque Lidó Rico no es un artista de importancia incontestable como muchos de los que han pasado en los últimos años por esta sala. No quiero usar calificativos porque me propongo apoyar este análisis en datos y documentos pero digamos que nadie con criterio responsable propondría su nombre. Todo apunta a las conexiones murcianas del artista.

Lidó Rico en Alcalá 31

Mariano de Paco, embajador de Murcia

Mariano de Paco es murciano militante. Sus progenitores son filólogos destacados en la Universidad de Murcia; recientemente ha saltado a los medios la circunstancia de que el consejero obtuvo un sobresaliente cum laude cuando en 2015 leyó en esa misma universidad su tesis doctoral, dirigida por su padre, Mariano de Paco de Moya, y evaluada por dos personas muy cercanas a este. Sale en procesión cada Semana Santa con los Salzillos y mantiene contactos, por su cargo y por querencia, con los responsables de cultura de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia (CARM) y del Ayuntamiento de Murcia. En los últimos tiempos las relaciones se han estrechado. En diciembre de 2024 Mariano de Paco arropó a Isabel Ayuso en su viaje a Caravaca de la Cruz, donde se encontraron con el presidente murciano, Fernando López Miras, para reivindicar que “todos somos hijos de la perspectiva cristiana”, declarar que ambos presidentes están muy preocupados por el futuro de España y promover el turismo de ida y vuelta entre ambas comunidades.

Ese objetivo se reflejó en un convenio firmado en enero de 2025 por Mariano de Paco y Carmen Conesa, su homóloga murciana, para emprender acciones conjuntas de promoción turística y cultural, sin compromisos concretos y sin asignación presupuestaria. Un gesto que tuvo como marco la feria FITUR. Al convenio se le marcó una vigencia de un año y no se renovó, por lo que no se puede relacionar con esta improvisada exposición de Lidó Rico. Ni siquiera en el “espíritu”, pues aunque la CARM la apoya, es un proyecto del Ayuntamiento de Murcia.

En esas mismas fechas, enero de 2025, Mariano de Paco actuó como anfitrión en un acto de presentación del 1.200 aniversario de la ciudad de Murcia, que se celebró en la Casa de América de Madrid (vaya usted a saber por qué). Intervinieron el alcalde de esa ciudad, José Ballesta, y, de nuevo, el presidente López Miras. Al mes siguiente, en febrero de 2025, el consejero de Madrid viajó a Murcia para participar en el Foro Tertulia de la Luz —asociación cultural “dedicada a promover y difundir la cultura, el diálogo social y los valores de la Región de Murcia”—, que lo celebraba así: “Mariano de Paco (…), un murciano en ‘la Corte de Isabel Díaz Ayuso’, enamorado de nuestra tierra y embajador de la misma”. En junio, acudió al foro ABC para aplaudir a José Ballesta, y en diciembre fue a Cehegín con la consejera de Cultura murciana. Seguramente habrá habido más contactos. Nada fuera de lo común: los responsables políticos de un mismo partido se apoyan entre ellos, y no es raro que los procedentes de otras comunidades con cargos en Madrid quieran estrechar lazos con sus coterráneos, a veces como estrategia a futuros. Mi intención al señalarlos es mostrar que existe una relación fluida entre la Consejería de Cultura madrileña y las administraciones murcianas al más alto nivel.

Los apoyos de Lidó Rico

Quien también tiene relaciones a alto nivel con autoridades murcianas del Partido Popular es José Ramón Lidó Rico. En su perfil de Instagram se le puede ver dando cariñosos abrazos a López Miras o a Ballesta. Ha expuesto en casi todas las salas de la región; solo en los últimos diez años, en La Capilla (Rectorado de la Universidad de Murcia, el Museo Regional de Arte Moderno de Cartagena, la iglesia de San Francisco de Yecla, la Sala Verónicas de Murcia, el Museo Minero de La Unión, el Centro de Cultura Contemporánea Cárcel Vieja de Murcia, el Museo del Teatro Romano de Cartagena, las Casas Consistoriales de Mazarrón, la antigua iglesia de la Compañía de Caravaca de la Cruz y el Palacio Almudí de Murcia. Está ahora gestionando otra exposición en Mazarrón.

En El Almudí instaló Murcia: piel y memoria, el enorme mural escultórico de 22 m2 en el que “retrata” a 151 personas destacadas por alguna razón en la escena regional para conmemorar el mencionado XII centenario de la ciudad. Este proyecto le ha permitido consolidar y expandir su red de contactos. Esto de hacer galerías de retratos —que son más a menudo ser fotográficos o pictóricos— es una táctica que utilizan por lo general determinados artistas que quieren hacerse ver: los elegidos para posar se sienten halagados y agradecidos, lo cual aumenta su aprecio por el retratista, que adopta el papel de juez que decide quién es “notable” en un determinado ámbito. El mural de Lidó Rico, pieza central en Alcalá 31, fue un encargo institucional —se instalará después de manera permanente en la Cárcel Vieja— y es posible que la elección de los 151 se consensuara con la alcaldía pero se detecta la abundancia de afectos e intereses personales.

Lo cierto es que entre los inmortalizados figuran varias personas implicadas en su desembarco en Madrid: de la CARM, Fernando López Miras, Carmen Conesa (consejera de Cultura), Juan Antonio Lorca (Secretario General de Cultura) y Manuel Cebrián (director del ICA, Instituto de las Industrias Culturales y las Artes); del Ayuntamiento, José Ballesta —que falleció ayer—, su vicealcaldesa, cinco concejales, entre ellos el de Cultura, Diego Aviles, y la coordinadora de Artes Plásticas; y de su círculo más cercano, además de algunos parientes, Miriam Huéscar (su comisaria y directora artística de la Fundación Lidó Rico), Juan Manuel Huéscar (padre de esta y presidente de la fundación), Rodrigo Borrega (“presidente de la Academia de Gastronomía” y esposo de la comisaria), Carmen María Romero Nicolás (pareja del artista y secretaria en su fundación) junto a cuatro personas que trabajan en ella. Y Lidó Rico (dos veces). Y Mariano de Paco.

Mariano de Paco en el estudio de Lidó Rico

En realidad, es casi imposible reconocer a nadie porque los rostros gesticulan violentamente y aparecen cubiertos por unas telas que los desdibujan; el conjunto es más funerario y angustioso que celebratorio. Hay, además de los políticos mencionados —todos del Partido Popular o a sus órdenes; ninguno de otro partido, ni siquiera ex presidentes de la CARM—, bastantes empresarios, entre los que figuran unos cuantos que patrocinan la obra, profesionales de medios de comunicación —su apoyo interesa—, algunos médicos, científicos y académicos, un par de actores, contadas personas de las artes escénicas, un solo artista visual —el pintor Pedro Cano, que cuenta también con respaldo institucional— y personas de aquí y allá que yo no sé hasta qué punto representan a la sociedad murciana.

La afluencia de patrocinadores corporativos tiene muy fácil explicación: el propósito no es, ni mucho menos, el de apoyar la creación artística, sino el de hacer cobranding con el Ayuntamiento y «pasar a la historia» en una obra que, se preveía desde un principio, pasará al patrimonio municipal. No hay más que ver cómo se pavonean de su participación algunos empresarios, como Eliseo Orenes.

¿Quién paga esto?

Hay una circunstancia relevante a tener en cuenta: buena parte de los gastos son sufragados por la Fundación Lidó Rico. Pero también hay que saber esto: la fundación, la comisaria y el propio Lidó Rico han recibido fondos públicos, de la CARM y del Ayuntamiento, para que se pudiera llevar a cabo, tanto en El Almudí como en Alcalá 31.

La Fundación para la Dinamización del Arte y la Cultura Lidó Rico fue inscrita en octubre de 2023 en el Registro de Fundaciones. Había sido constituida por el propio artista, su pareja, Miriam Huéscar y el padre de esta (nombrado vicepresidente), con los siguientes fines: fomentar el acercamiento de las nuevas generaciones al hecho cultural, auspiciar la investigación, el fomento y la dinamización del arte y la cultura y “divulgar la obra del artista Lidó Rico y promover su conocimiento a nivel regional, nacional e internacional como referente artístico y divulgador de las artes plásticas a nivel social”.

La Comunidad de Madrid —representada por Manuel Lagos Gismero— firmó el pasado 20 de febrero un convenio de colaboración con la Fundación Lidó Rico para la organización conjunta de la exposición en Alcalá 31. La fundación asumía el comisariado, el diseño expositivo, el montaje y el desmontaje, la gráfica interna, el seguro de las piezas, el catálogo y la agencia de comunicación en prensa. La Comunidad aportaba gratuitamente la sala, con servicios de seguridad, limpieza y atención a los visitantes, la gráfica exterior, la conservación preventiva, las visitas guiadas, un vídeo promocional y el transporte de las obras desde y hasta Murcia (no encuentro el contrato correspondiente a este último servicio en las plataformas de contratación pública).

El Ayuntamiento de Murcia —la Concejalía de Cultura e Identidad— ha pagado el transporte de los materiales necesarios para el montaje (11.997 €) a una empresa llamada Yakka Diseño y Montajes S.L. , que resulta ser propiedad del hermano del artista, Daniel Lidó Rico. La fecha del acuerdo municipal es el 17 de febrero, unos días antes de la firma del convenio. Anteriormente, en noviembre de 2025,el mismo Ayuntamiento pagó 17.818 € a la Fundación Lidó Rico por el comisariado de la exposición en el Palacio Almudí. Además, la Empresa Municipal de Aguas y Saneamiento de Murcia pagó 15.000 € a Aventino Proyectos Culturales (a Miriam Huéscar, como ahora les explicaré) por la “coproducción, diseño, planificación y desarrollo de la pieza escultórica mural”. El Hub Audiovisual de Murcia (del Ayuntamiento) subvencionó a la fundación, mediante convocatoria, con 17.968 € un vídeo sobre el proyecto. Y en este momento está pendiente de resolución una convocatoria del ICA (Instituto de las Industrias Culturales y las Artes, de la CARM) para la producción y exhibición de proyectos de artes plásticas y visuales a las que Lidó Rico ha presentado esta exposición en la sala Comunidad de Madrid. Apuesto a que la obtendrá; recuerden que el director de este organismo está entre los retratados.

Miriam Huéscar, la parte contratante

Miriam Huéscar es algo más que la comisaria de la exposición. Como ya apunté, es cofundadora y directora artística de la Fundación Lidó Rico y, además, algo así como su agente comercial. En uno de los currículos que pueden encontrarse online dice que “trabaja como consultora y comisaria para artistas y fundaciones de arte que buscan asesoramiento para promocionar su obra y colecciones”. Con ese fin, puso en marcha en febrero de 2022 una empresa, Aventino Proyectos Integrales, que ha intermediado a partir de esa fecha en varios proyectos de Lidó Rico. Así, en lo que se refiere a contratos públicos, ha facturado una actividad de la Feria del Mueble de Yecla en 2022 (3.605 €); un programa para jóvenes con discapacidad (1.793 €) y un proyecto piloto educativo titulado Germinados (8.228 €), ambos en 2023 ; la exposición Amotinados (2023) para el Ayuntamiento de Murcia (17.811 €); la exposición Horados en las Casas Consistoriales de Mazarrón (17.883 €); y dos servicios relacionados con Murcia: Piel y memoria: “Diseño, planificación y desarrollo de la pieza escultórica” (al Ayuntamiento, 17.878 €) y “Coproducción, diseño, planificación y desarrollo” de la misma pieza (a la Empresa Municipal de Aguas, 15.000 €).

Pero el mayor importe facturado por Aventino Proyectos Integrales corresponde a la “adquisición de una obra de carácter inmersivo a ubicar en la Iglesia Vieja, como centro de visitantes y dinamización turística”, financiada con fondos Next Generation: 245.000 €. El plan es instalar allí el retablo “Yecla, sueños de viaje”, de Lidó Rico: una estructura en fibra de vidrio en cuyas hornacinas habrá altorrelieves luminiscentes que representarán los hitos “históricos, gastronómicos, enoturísticos, etnográficos, patrimoniales, naturales, comerciales, etc.” de esta población de la que es oriundo el artista, y, por encima de todo ello, videomapping.

¿Por qué factura Lidó Rico proyectos expositivos y servicios a través de una empresa que no es suya? Lo explica en un documento incluido en el expediente para la Iglesia Vieja: “La mercantil AVENTINO PROYECTOS INTEGRALES, S.L. con domicilio fiscal en (…), Madrid, ha sido designada por mí como figura legal en forma de total exclusividad, para realizar contrataciones de mis trabajos, exposiciones, y demás actuaciones comerciales y artísticas”. Como decía, Miriam Huéscar es comisaria y es representante comercial.

Miriam Huéscar
Miriam Huéscar. Fotografía de MAD

Ella tiene alguna experiencia en esto de la cosa inmersiva, pues fue comisaria del espectáculo —me cuesta llamar “exposición” a esto— Los últimos días de Pompeya, que pudo verse en Matadero entre marzo de 2023 y julio de 2024. Era una producción de Madrid Artes Digitales en colaboración con diferentes empresas según la ciudad en la que se instala, que ha pasado después por Oberhausen, Berlín, Frankfurt, Londres, Viena o Pekín, y se puede visitar ahora en Barcelona y Bruselas. No es que Huéscar fuera la responsable científica del proyecto: el guión era de Nacho Ares (conocido por su programa radiofónico SER Historia), que fue también comisario o guionista de las exposiciones sobre Tutankamon, el Titanic y Cleopatra en ese mismo espacio. Se dedicaría más bien a tareas organizativas.

Rodrigo Borrega, al Matadero

Madrid Artes Digitales es una UTE de tres empresas, Layers of Reality, SOM Produce y la holandesa Stardust, constituida para concursar en la licitación mediante la que Madrid Destino adjudicaría la “Concesión del servicio de gestión de un centro de exposiciones y proyecciones audiovisuales inmersivas, situado en la Nave 16 de Matadero Madrid”. Cuando se conoció la licitación escribí un artículo “De centro de residencias a barraca de feria”, en el que cuestionaba la política cultural del Ayuntamiento, que estaba arrinconando proyectos como Medialab o ese centro de residencias para dar espacio a iniciativas privadas, en Serrería Belga, Matadero o La Ingobernable. El “piloto” de esas políticas era, desde febrero de 2020, Rodrigo A. Borrega Fernández, con el cargo de director de Proyectos Estratégicos de Madrid Destino. Es el mismo Rodrigo Borrega que aparece retratado en el mural de Lidó Rico y el esposo de Miriam Huéscar.

Desde ese puesto, que se creó para él y que ha desaparecido del organigrama tras su cese en octubre de 2025 —aunque sigue siendo apoderado de Madrid Destino—, Borrega se volcó fundamentalmente en tres centros municipales: Madrid Artes Digitales, Serrería Belga y el Centro Cultural Daoiz y Velarde, todos entregados de una manera u otra a agentes externos. Madrid Artes Digitales paga un canon al Ayuntamiento para desarrollar su negocio —es algo parecido al alquiler de ese espacio—; Serrería Belga se brinda a menudo, no sé con qué condiciones, a diversas empresas o proyectos privados para que hagan allí promoción de sus productos de consumo cultural o turístico, con “hitos” como las exposiciones de Andrés García Ibáñez o “la monja pintora”, Isabel Guerra; el Centro Cultural Daoiz y Velarde se ha cedido mediante convenio a la Fundación Teatro Real (fundación del sector público, estatal) para que provea de programación al Real Teatro del Retiro, para niños, con un elevado coste de mantenimiento, que además es deficiente, para Madrid Destino.

¿Cómo llegó Rodrigo Borrega a Madrid? Es abogado pero su carrera profesional ha estado casi siempre ligada a la comunicación. Trabajó para el Instituto de la Mujer (CARM, desde 2002) en ese campo y, de alguna manera, pasó a desempeñar funciones menores para el Ayuntamiento de Murcia (coordinador de cultura del Distrito Centro, desde 2002) hasta que en 2006 fue nombrado Director General de Medioambiente de la CARM, sin previa experiencia política o de gestión medioambiental. Estuvo solo dos años allí y se pasó al sector privado, trabajando en comunicación y protocolo en Cajamar (2010 a 2017), para la que dirigió a partir 2017 el programa Agro-Food de formación para empresarios agrícolas. Pero lo que le dio mayor visibilidad social fue la constitución en 2012, junto a diversos agentes, de la Academia de Gastronomía de la Región de Murcia, de la que fue primer presidente (hace tiempo que no lo es).

Rodrigo Borrega en 2019, antes de su llegada a Madrid Destino

Mientras tanto, en 2009, Borrega constituyó una empresa, Alea Rerum Gos SLL, que se dedicaba en principio a tareas de comunicación e incluyó después entre sus fines la difusión radiofónica y la enseñanza reglada. Su socio era Pablo Cano Gómez, actual alcalde de Blanca. (Por cierto, el Ayuntamiento de Blanca le compró en 2007 a Lidó Rico una escultura exterior por casi 45.000 €). Cano fue concejal en su pueblo hasta 2018, cuando Teodoro García Egea, secretario general del Partido Popular, lo llamó a su lado como director de gabinete. García Egea venía también de la política municipal, pues había sido concejal de Cieza, a pocos kilómetros de Blanca y, por lo que se ve, le tenía máxima confianza a Cano. Tanto que fue su compañero en la llamada “sala de guerra” contra Ayuso. García Egea fue en esos años —hasta su caída, con Pablo Casado, en febrero de 2022— todopoderoso en el Partido Popular y promovió la colocación de políticos murcianos en puestos de responsabilidad. No lo puedo asegurar pero me cuadra que Cano recomendara a su socio Borrega para trasladarlo a Madrid.

La formalización del contrato millonario entre Madrid Destino y Madrid Artes Digitales se firmó en diciembre de 2021. Solo se habían presentado dos licitantes, y el que fue descartado interpuso, por defectos en la transmisión de informaciones, un recurso que no prosperó. Borrega estuvo muy involucrado en el proceso y él mismo acompañó a los interesados en las visitas al espacio. La programación echó a andar en marzo de 2022 con una exposición sobre Klimt que uno de los socios de la UTE, Layers of Reality, había ya explotado en Barcelona. En julio de 2022, Rodrigo Borrega y Miriam Huéscar contrajeron matrimonio. En marzo de 2023, como dije, se inauguró en Madrid Artes Digitales Los últimos días de Pompeya, de la que ella era comisaria, y en octubre de ese año obtuvo el puesto de directora gerente de SOM Escuela de Musicales (propiedad de SOM Produce, una de las empresas de la UTE).

Huéscar apenas tenía experiencia anterior como comisaria. Había realizado tareas modestas en gestión cultural, a menudo para la CARM o ayuntamientos, relacionadas más con la música que con las artes visuales. Había comisariado a finales de 2022 una muestra de Katarzyna Rogowicz para el Ayuntamiento de Murcia y creo que ya alguna para Lidó Rico.

Sé bien que Alcalá 31 y Matadero dependen de dos administraciones distintas. No me constan lazos personales entre Mariano de Paco y Rodrigo Borrega, más allá de su vinculación al PP madrileño, aunque los dos hayan estado próximos a Lidó Rico. Probablemente, el desembarco de esta exposición en Madrid haya tenido que ver, más que nada, con la promoción de lo murciano por parte de Mariano de Paco y con su buena relación con el alcalde fallecido, pero me ha parecido conveniente desvelar este otro entramado de intereses y afectos que explica cómo se posicionan algunos agentes culturales en los sistemas institucionales.

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