Petit Tour al Gianicolo

Ayer se inauguró en la Calcografía Nacional la exposición de los becarios en la Academia de España en Roma en la temporada 2011-2012. Hacía algunos años que esta muestra no se celebraba, por lo que esta reaparición ante el mundo de la cultura español constituye una buena ocasión para que revisemos la historia reciente de esta institución que tanta importancia ha tenido para nuestras artes y que sigue siendo un destino soñado para muchos creadores e investigadores.

La Academia, en La Ilustración Española y Americana, 1881

Un brevísimo resumen histórico. La Academia se fundó en 1873, en un momento en que Roma empezaba a dejar de ser la meca artística –la culminación del Grand Tour- para dar paso a París, con la idea de reforzar el programa de “pensionados del rey”, mediante el que la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando enviaba allí –desde 1746- a pintores, escultores y arquitectos para que completasen su formación. Se adecuó el monasterio de San Pietro in Montorio, que fue mandado construir por los Reyes Católicos en el Gianicolo y del que forma parte el templete de Bramante, obra maestra de la arquitectura renacentista. En 1876 se formalizó el traspaso de la propiedad de Italia a España y se inauguró en 1881. Su primer director fue Eduardo Rosales, a quien sucedió, ya en la sede definitva, José Casado del Alisal. Sus directores fueron siempre artistas, escritores o historiadores: Vicente Palmaroli, Mariano Benlliure, Valle Inclán, el Marqués de Lozoya, Antonio Blanco Freijeiro… En 1973 dejó de depender de la Real Academia de San Fernando y su gestión pasó al Gobierno español. Hoy depende de la Dirección General de Relaciones Culturales y Científicas –su titular es, provisionalmente y desde hace sólo un mes Itziar Taboada-, integrada en la AECID y vinculada al Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación. Es territorio español, como las embajadas. Y no es “Real”, como aún se empeñan algunos en nombrarla: desde hace muchos años su denominación oficial es Academia de España en Roma. Hasta en su web le mantienen la falsa tutela monárquica.

Exterior del monasterio y entrada a la Academia

En los últimos años se ha producido una progresiva politización y “funcionarización” de la institución. Y se ha dado una curiosa coincidencia en el tránsito de la dirección de la Academia a la presidencia de la antigua SEACEX –hoy AC/E-, en una y otra dirección: Felipe Garín fue director de la Academia entre 1996 y 2002, y pasó desde allí a la sociedad estatal; de ella salía Juan Carlos Elorza, que fue director entre 2002 y 2005; le sucedió en 2005 Charo Otegui, hasta que en 2008 fue nombrada presidenta de SEACEX. En ese año hace entrada Enrique Panés, ya directamente desde la carrera diplomática: había sido embajador en Corea y ejercía como asesor en el Ministerio de Exteriores. Parecido camino y perfil tiene el director actual, José Antonio Bordallo –fue embajador en la República del Congo y en Paraguay,  y asesor en el Ministerio- aunque con mayor contacto con la gestión cultural  -como director del Centro Cultural de España en Chile y gerente del Consejo de Administración del Patrimonio Nacional- y sobre todo, con un talante más abierto. César Espada, Jefe del Departamento de Cooperación Universitaria y Científica en la Dirección de Relaciones Culturales y Científicas, defiende la idoneidad de los diplomáticos para la acción cultural exterior y no cree que el hecho de que el Patronato de la Academia esté dominado por representantes del Ministerio de Exteriores determine la elección, que realiza el Secretario de Estado para la Cooperación Internacional y para Iberoamérica a partir de una terna que el Patronato le presenta.

Espada me ha dado la lista de los integrantes actuales del Patronato, que no se encuentra ni en la web de la Academia ni la de la AECID. Son:

  • Presidente: Jesús Gracia, Secretario de Estado de Cooperación Internacional y para Iberoamérica
  • Vicepresidenta: Itziar Taboada, Directora de Relaciones Culturales y Científicas
  • Javier Elorza, Embajador en Italia
  • Teresa Lizaranzu, D.G. de Política e Industrias Culturales y del Libro
  • Jesús Prieto, D. G. de Bellas Artes y Bienes Culturales y Archivos y Bibliotecas
  • José Antonio Bordallo: Director de la Academia de España en Roma
  • Antonio Bonet: Director de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (RABASF)
  • Juan Carlos Elorza: Ex-director de la Academia de España en Roma
  • Rafael Manzano: Académico RABASF
  • Juan Bordes: Académico RABASF
  • José Hernández, Académico RABASF
  • Manuel Gutiérrez Aragón: Académico RABASF
  • Fernando Villalonga: Delegado de Gobierno de las Artes, Ayuntamiento de Madrid
  • Miguel Ángel Cortés: ex-Secretario de Estado de Cultura
  • Guillermo Solana: Director Artístico del Museo Thyssen-Bornemisza
  • Secretario del Patronato: Guillermo Escribano, Jefe del Dpto. de Cooperación y Promoción Cultural, AECID

Quizá recuerden que cuando en otoño de 2011 el anterior gobierno estaba ya en sus últimos días y se hacían movimientos para dejar bien colocados a los afines se redactó apresuradamente una convocatoria para nombrar director en la Academia. ABC publicó que Elena Salgado y José Blanco pretendían regalar el caramelo a Fernando Puig de la Bellacasa. El 13 de abril de 2012 se declaró desierta la convocatoria (?) y el 16 se volvió a convocar la plaza, eligiéndose en junio a Bordallo.

Claustro

La gestión de Panés al frente de la Academia había sido contestada ya antes por no pocos becarios pero en sus últimos meses la institución quedó a la deriva. Los becarios que ahora muestran sus obras en Madrid cuentan que cuando se hizo la exposición en Roma –momento en que la Academia debería echar el resto- el secretario de la Academia estaba de vacaciones y el director se presentó sólo el día de la inauguración. La desconexión con los becarios era grave; incluso se olvidó de invitarlos a la fiesta de despedida que organizó, a la que acudieron cientos de personas. Bordallo tiene otras formas. Ha atendido mi petición de información, aunque concreta poco y evita los aspectos conflictivos. Varios de los becarios con los que he hablado se quejaban de que la dirección no ha tenido lo suficiente en cuenta todo lo que los residentes pueden aportar, el protagonismo que pueden adquirir, y Bordallo parece haber tomado nota: “Su paso por la Academia no ha de servir sólo para su enriquecimiento profesional sino también para ofrecer al máximo su potencial. Los becarios deben sentirse actores de la proyección cultural de la Academia y debe ser también su responsabilidad de la misma manera que el objetivo de la Academia es su formación artística y humanística”. ¿Cuál es el presupuesto del que dispone? Al margen del importe de las becas y del capítulo de personal, “el presupuesto en el año 2012 para el mantenimiento de las instalaciones y la actividad cultural ha sido de 727.000 euros, un 16,35 % menos que el ejercicio anterior y sensiblemente inferior al que manejan otras Academias en Roma”.

En la convocatoria para su puesto se insistía en dos puntos: la presentación de un proyecto para la Academia y una propuesta de vías de financiación público-privada. ¿Ha conseguido esos apoyos financieros externos? El director considera que es imprescindible conseguir patrocinios y no sólo para las actividades culturales: “Así lo hacen activamente la Academia de Francia, que es la dispone de mayor presupuesto, próximo a los 8,5 millones de euros, y el Istituto Suizo, de características comparables a nuestra Academia -sede, personal, número de becarios- con unos 3,5 millones al año, incrementados con un porcentaje importante de patrocinios. Pero en la situación actual la Academia no puede generar ingresos propios. Tampoco puede obtener ingresos de sus publicaciones, de las exposiciones y demás actividades (la Academia de Francia cobra el acceso a prácticamente todas sus actividades, aunque no es esa la norma entre las Academias extranjeras en Roma). El principal obstáculo que tenemos para la recaudación de fondos es el corsé administrativo, que debe ser superado para recuperar la idea reiterada de convertir la Academia en una Fundación o por lo menos el poder captar recursos externos de terceros tanto públicos como privados”.

Templete de Bramante

César Espada reconoce que se lleva hablando de fundación mucho tiempo pero la descarta. “No es el momento oportuno y el trámite sería largo. Pero existen formas de financiación alternativas. Estamos considerando generar ingresos por medio de tasas y precios. Se pueden alquilar espacios en la Academia y cobrar por la ocupación de las habitaciones que se reservan para artistas o investigadores residentes. También por la asistencia a cursos o actividades culturales y, ante todo, por la visita al templete de Bramante, que ahora es gratuita”. Esta última, junto a la del alquiler de espacios, es la opción que parece más viable, porque la asistencia a actos no es elevada y lo sería menos si fuera de pago. Pero, siempre sobre el papel, el plan más ambicioso de la AECID es el de la transformación del papel y la imagen de la Academia; su aggiornamento, en palabras de Espada. Un plan del que él mismo se está ocupando, junto a Guillermo Escribano. “No podemos trasladar la Academia en el espacio, pero sí en el tiempo. Facilitar que sea un escaparate de la cultura, un laboratorio de proyectos”. La verdad es que la Academia no reúne en la actualidad las condiciones físicas necesarias para cumplir esos planes: las instalaciones son arcaicas, hasta el punto de que la mitad de los enchufes están fundidos, Internet funcionaba mal hasta hace poco y sigue haciendo un frío tremendo. Espada cree que pueden renovarse a través de patrocinios en especie, de empresas constructoras, energéticas, de comunciaciones… que además hicieran actuaciones ecológicas, modernas. Las estrecheces presupuestarias no deberían imponer, dice, una paralización. Y en esa línea redactó un documento que se filtró hace unas semanas en el blog soymenos y que ha provocado ampollas: Cultura Zero. Él piensa que se ha interpretado mal: se trataría de producir “proyectos replicables, de bajo coste pero gran impacto mediático”. Podrían abrirse convocatorias internacionales, premios… la fórmula no está definida. La verdad es que el documento, presentado como una campaña publicitaria, pone los pelos de punta.

El director de la Academia comparte esa fe en la cultura low cost. En su discurso de presentación, en septiembre pasado, ponía ésta a “disposición de todos los protagonistas de la cultura con dos condiciones: que lo que se ofrezca sea siempre la excelencia cultural
y que tenga un coste cero para la Academia”. Pero es curioso que los mencionados planes -y otros más inmediatos, como una “guía psicogeográfica” de Roma, especie de guía alternativa propuesta por los becarios con itinerarios alternativos relacionados con sus trabajos en la Academia, que editará Rosa Olivares- sean diseñados e impulsados desde Madrid, como si no hubiera un director con un proyecto propio.

Los becarios no constituyen ni mucho menos el mayor gasto para la Academia: sus dotaciones suman este año 192.000 euros. Cada uno de ellos –19 en esta temporada- recibe 1.200 euros mensuales, además de 500 euros iniciales para el viaje; se cubre el alojamiento pero no las comidas. En la Academia de Francia, los becarios reciben 3.500 euros al mes. A pesar de que César Espada considere que sería preferible conceder becas más cortas para desarrollar proyectos más concretos y así poder añadir unas cantidades para producirlos, los becarios creen que es una cantidad suficiente para vivir y trabajar, y no reducirían la estancia. Téngase, por otra parte, en cuenta que el presupuesto para el personal propio de la Academia debe superar al de las becas. No he conseguido que me den la cifra; la última publicada es de 2003, cuando se hizo una fiscalización a causa de los enormes gastos sin justificar en la época de Elorza: eran 320.880 euros en sueldos. El grueso debe ir para el salario del director, que es uno de los más altos en la Administración: me dicen que son 15.000 euros al mes, pero no sé si creerlo. Estaré encantada de corregir la cantidad si me comunican el dato.

¿Qué hay que hacer para optar a la beca? Cada año se publica una convocatoria –la de éste, por cierto, se retrasa- a la que se presentan creadores e investigadores en diversos campos: alrededor de 700 en la última. El Patronato nombra unas comisiones para cada una de las especialidades; mientras que antes estaban compuestas de dos o más miembros ahora es sólo uno. Y existe un curioso sistema de remuneración: 4 euros por dossier visto. En 2012 los encargados fueron, para artes plásticas, José Guirao, Rosa Olivares, Teresa Velázquez y Fernando Castro Flórez. Tras una primera selección hay una entrevista ante un tribunal con miembros del Patronato y después se comunica la resolución.

Estudio 18

Cuando los becarios artistas dejan la Academia deben entregar una obra. Han pasado cientos de artistas por allí, por lo que la colección debe ser grande. Parte de ellas se instala en la Academia, en espacios comunes y públicos, pero lo mismo se topa uno con un cuadro que con un cartel, y la selección deja que desear: un becario habla de un “pasillo de los horrores”. El resto se almacena allí. He preguntado a César Espada sobre esa colección y sí hay un plan para “ponerla en valor”. La idea es que esas obras, debidamente catalogadas, se sumen al fondo artístico del que el Ministerio de Asuntos Exteriores echa mano cuando debe decorar embajadas y dependencias tanto en España como en el extranjero. No es un destino muy glorioso pero mejor estarán expuestas que criando moho.

Paula Anta, retratos de los becarios en la temporada 2011-2012

He consultado a siete becarios que han pasado por la Academia en los dos últimos años: Paula Anta, Tamara Arroyo, Fernando Buide, José Luis Corazón Ardura, Ruth Morán, Miguel Ángel Tornero y Jorge Yeregui. Como algunos de ellos han solicitado que sus opiniones se citen de forma anónima no identificaré las palabras de ninguno de ellos. Una cosa comparten: definen la estancia en la Academia como una experiencia tremendamente positiva, que deja huella. Roma, evidentemente, no es una de las grandes capitales de la creación contemporánea. Mantenemos allí la Academia, al igual que otros países, como un vestigio del pasado. ¿Qué aporta la ciudad a los becarios? En general, les fascina el poso histórico, que pueden conocer despaciosamente. Roma afecta y motiva. La propia Academia es descrita como un lugar privilegiado, aunque acusan las mencionadas malas condiciones de las instalaciones. La luz se va a menudo, especialmente en el taller de música, donde no se puede estar del frío que hace. La gripe campa a su antojo. Al menos en estos dos últimos años las relaciones entre los becarios han sido muy buenas, a pesar de que uno se refiera a “esta especie de Gran Hermano en la jaula de oro” y otro piense que “tiene el peligro de convertirse en una suerte de encerramiento, para divisar la ciudad desde arriba”. Es en el seno de la Academia donde se establecen las relaciones profesionales más intensas. A la fuerza obligan: las visitas de parejas y familias están muy restringidas. Alguien explica que, a pesar de que existe un circuito de Academias nacionales, en el que se integra un buen número de artistas e investigadores, los contactos son superficiales y se concentran en las fiestas.

Jardín interior

El director de la Academia afirma que las actividades de la Academia tienen eco en el medio artístico romano pero no todos los becarios piensan lo mismo. Un ejemplo: dice Bordallo que la asistencia a los eventos podría cuantificarse en más de 6.000 visitas anuales –que no es tanto-; pero me cuentan cómo varios becarios se esforzaron mucho el año pasado para organizar unos open studios a los que invitaron a comisarios, galeristas, coleccionistas, instituciones… y acudieron veinte personas. Es prueba, me temo, de que no tiene gran poder de convocatoria, al contrario de la Academia alemana, muy frecuentada. Los eventos musicales y literarios suelen tener mayor repercusión en la ciudad; las exposiciones y conferencias están a veces bastante vacías, siendo la distancia del centro y el control de acceso –por la vecindad de la embajada- factores disuasorios; pero falla fundamentalmente la difusión. Algunas actividades se improvisan sobre la marcha, aprovechando la estancia de algún escritor o artista en la Academia, involucrando en ocasiones a becarios. La línea expositiva, por otra parte, es calificada por alguien como “muy extraña”; cuando se organiza algo más atractivo, como una muestra comisariada por José Luis Corazón Ardura con obras de los becarios, la asistencia se eleva, pero no gran cosa: unas 300 personas. Si no fuera porque los visitantes suben para ver el templete de Bramante… El establecimiento de contactos con creadores e investigadores italianos o de otros países depende de cada cual. Subordinadas a esa actitud personal sí surgen oportunidades profesionales, aunque parece que más para otras disciplinas que para las artes plásticas. Mientras alguien piensa que “ser residente en la Academia despierta poco interés entre comisarios y galeristas” otros creen que hay allí atención a lo que se hace en España y que “ser borsista te abre puertas en ciertos sitios –especialmente en medios universitarios- porque Roma tiene una larga tradición de becarios extranjeros y es una buena carta de presentación”.

Instalación de Avelino Sala, que provocó una gran polémica

Los becarios no reciben un apoyo eficaz, en este sentido, por parte del personal de la academia. La responsable de becarios, Mª Luisa Contenta, que lleva más de treinta años allí, soluciona los problemas del día a día, sobre todo logísticos, y a menudo es de gran ayuda, pero las necesidades van más allá. “Apenas existe conexión con la trama artística/cultural romana”. Hay una persona, Arturo Escudero, que se ocupa de los eventos culturales que, ya lo han visto, deben ser low cost… aunque él tiene un muy, muy buen sueldo. El gran problema, apuntan dos de ellos, es que el funcionamiento es arcaico. Hay mucha burocracia para hacer cualquier cosa, cualquier movimiento hay que consultarlo y eso retarda las posibles iniciativas, si es que son aprobadas. “Uno de los problemas graves es la cantidad de tiempo y energía que se pierde en circuitos burocráticos entre director, secretario, secretaria, administradores, colaboradores, bedeles, técnicos, vigilantes y becarios”.

Ruth Morán, obras producidas en Roma y expuestas en el CAAC, Sevilla

La propia organización de esta exposición en la Calcografía fue una lucha. Fueron los alumnos los que se empeñaron en que debía retomarse la tradición de exponer en Madrid los trabajos realizados en Roma y quienes propusieron a Rosa Olivares como comisaria para las dos muestras, en Roma y aquí. Y les costó convencer al director (anterior). La comisaria, con unos honorarios muy modestos, tuvo que bregar en la AECID para sacar el proyecto adelante, con el único apoyo de la Real Academia de San Fernando y, especialmente, de Juan Bordes, antiguo becario. No ha habido ni catálogo ni rueda de prensa.

Finalmente, dado que se ha colocado a la Academia en el contexto de la acción exterior, hemos de preguntarnos qué imagen de la cultura española transmite. José Antonio Bordallo retoma su discurso institucional: “Todos aquellos que en España tenga algo importante que decir en el mundo de la cultura en sus numerosísimas facetas, de manera individual o colectiva, y que quieran hacer oír su voz en Italia, tienen que saber que está a su disposición la Academia de España en Roma, con el único límite del buen gusto y la excelencia, especialmente a aquellas almas generosas que quieran contribuir con su arte al engrandecimiento de la Academia”. Entre los becarios existe la opinión de que la Academia es conocida y goza de cierto respeto pero “es tirando a un modelo escurialense, como el Ministerio de Asuntos Exteriores”; “unas formas que no son las de nuestro tiempo”. O, por el contrario, “en el caso de la música, el prestigio de muchos de los becarios en las últimas décadas (un buen número de premios nacionales pasaron por allí) contribuye a darle una sólida proyección”. Roma está llena de instituciones españolas: la embajada, el Instituto Cervantes, la Escuela Española de Historia y Arqueología, la Librería Española, el Instituto Español… “Si realmente se coordinaran todas estas Instituciones, con todos los contactos y actividades, se podrían apoyar en la autopromoción de los propios centros y de la cultura española en Roma”. Esa es, en general, una de las asignaturas pendientes de nuestra acción cultural.