Perejaume. Las letras y el dibujo

Publicado en el libro Afinidades electivas. ARCO´05.

Perejaume. Les lletres i el dibuix, 2004
Fotografía, 231 x 127 cm. Galería Joan Prats, Barcelona, España

LLetraPocos artistas españoles reúnen las condiciones de Perejaume (Sant Pol de Mar, Barcelona, 1957) para ser una figura de referencia internacional. La solidez intelectual de su postura, su fuerte individualidad, su reformulación de la relación entre arte y territorio o su evidente atractivo poético cautivan a quienes siguen su ya larga trayectoria, que arranca de mediados de los años 70. Y, sin embargo, sus logros artísticos no han tenido todo el eco que cabría esperar de ellos. Esto es debido, en parte, a la debilidad de las estructuras de difusión del arte en España, pero también a la propia actitud del artista, que ha dado hasta cierto punto la espalda a los ingredientes comerciales, sociales y promocionales del mundo del arte. Perejaume no es un productor de obras, es un poeta que verdaderamente hace derivar su trabajo de sus experiencias. Retirado en una casa de complicado acceso en la montaña, ha querido oponer al exceso de representaciones de la naturaleza una forma de arte que se sustenta en el caminar, en los recorridos de ida y vuelta entre espacio natural y espacio artístico y en metafóricas mutaciones de la totalidad de la geografía en paisaje.

Las letras y el dibujo podría explicarse como compendio de algunas de las más importantes direcciones en las que Perejaume ha trabajado en los últimos tiempos. En un primer acercamiento llama la atención su formato, que se opone ya a la tradicional horizontalidad del cuadro de paisaje y cuyas dimensiones sugieren una puerta (elemento que ya había aparecido en obras anteriores del artista), un pasaje de proporciones humanas en el que tiene lugar la verticalización de una realidad horizontal. La representación consiste en la combinación digital de segmentos de carreteras y autopistas aisladas a partir de fotografías aéreas. Es otra de las nuevas modalidades cartográficas que Perejaume reclama para reflejar la complejidad de nuestra experiencia de la geografía, que es desde luego visual (tanto en la realidad como en la abstracción que de ella se hace en el plano) pero también es auditiva, y puede entenderse como conjunto de significantes de una forma (o varias) de lenguaje. La confluencia de trayecto, escritura y sonido ha tenido diferentes manifestaciones en su obra poética y artística; y es especialmente elocuente en esta ocasión. Perejaume ha expresado más de una vez su intuición de que toda línea en el territorio, todo trazo en el mapa, cauce de río, camino, carretera, línea eléctrica o ferroviaria escriben mensajes en un lenguaje del que no poseemos el código. La culturización de la naturaleza ha trazado un secular sistema de redes sobre todo lo existente que el artista ha equiparado en su última gran exposición a los marcos, a las estructuras de los retablos, en los que queda “pescada” la realidad y es transformada en representación. Y esas redes —aquí es evidente— tienen un equivalente biológico en los sistemas circulatorio y neuronal que nos constituyen y que posibilitan nuestras percepciones del exterior y las elaboran intelectualmente basándose en los esquemas recibidos.

El territorio es para Perejaume algo flexible, serpenteante, que es modificado por nuestra experiencia. La geografía caminada es algo muy distinto a la geografía recorrida en automóvil a alta velocidad. Lo real es reducido en Las letras y el dibujo a una abstracción filiforme y aparentemente dinámica: una red caótica y rota que el exceso de vías de comunicación impone sobre la tierra. Es un fragmento virtual y por tanto ilocalizable de territorio que traduce la desorientación y la extrañeza que hemos interpuesto entre hombre y naturaleza. Perejaume, a pesar de su personal retiro, sabe que no puede pretender, ingenuamente, una marcha atrás en este proceso. Por el contrario, asume esa culturización y transformación de la experiencia del paisaje y propone nuevas modalidades de representación o de presentación del mismo, sin renunciar a la interiorización y a la vivencia poética. Así, por ejemplo, constata nuestra inmersión en las omnipresentes redes de comunicación e información, tejidas en torno a “nudos” que lo mismo dibujan las letras en la escritura manual que organizan el tráfico de datos en Internet o en la red vial, en rotondas y enlaces… Vistos desde el cielo —grado máximo del “plenairismo” que ha cuestionado el artista— los caminos escriben y dibujan con gracia y ligereza algo. Perejaume nos reta a que intentemos leerlo.