Escuela de filántropos

Cuando se observa la evolución del mecenazgo en otros países, una de las cosas que más llama la atención es el enorme peso que tienen las aportaciones individuales a la cultura en Estados Unidos, superando en mucho las de las empresas o las fundaciones. En la última entrega del National Arts Index elaborado por Americans for the Arts se dan las siguientes cifras, que corresponden a 2010:

  • Empresas: 217’4 millones de dólares
  • Fundaciones: 2.276 millones de dólares
  • Particulares: 13.280 millones de dólares

En Gran Bretaña, Arts & Business proporciona resultados algo más recientes que no muestran una diferencia tan acusada pero sí reflejan la misma tendencia:

  • Empresas: 134 millones de libras
  • Fundaciones: 170 millones de libras
  • Particulares: 328 millones de libras

Uno de los grandes problemas de la gestión de la cultura en España es que carecemos de datos y estudios pormenorizados, así que no podemos comparar nuestra situación con la de éstos y otros países. Sin embargo, a principios de este año, el Consell Valencià de Cultura dio a conocer un informe basado en información de la Agencia Tributaria que afirmaba que el importe donado por inversiones y gastos de interés cultural en España se había reducido un 70% entre 2003 y 2009, desde 9,7 millones de euros a 2,8. Es realmente muy poco. El número de declaraciones en las que se había aplicado una reducción por tal concepto cayó desde 33.000 a 3.500. Por contra, las donaciones en general –a todo tipo de ONG- subieron desde 354 a 701 millones de euros.

Podemos perfectamente aventurar que aquí las aportaciones individuales a la cultura siempre han estado muy por debajo de las de empresas y fundaciones. ¿Por qué? En España no hay tantas grandes fortunas como en Estados Unidos o Gran Bretaña, pero existen. El informe anual que elabora EL MUNDO sobre millonarios en España nos hizo saber que las 200 personas y familias más ricas suman un patrimonio estimado en 135.000 millones de euros. Si quisieran donar un 0’1% de ese capital a la cultura, contaríamos con 135 millones de euros extra para la financiación de instituciones y proyectos. Recordemos que el presupuesto para 2012 de la Secretaría de Estado de Cultura es de 642,4 millones.

El sector del lujo español cerró 2011 con un crecimiento del 25%; sólo la industria del lujo personal (moda, accesorios, cosmética, relojería y joyería) ingresó 5.000 millones de euros; la matriculación de vehículos de lujo (coches de más de 65.000 euros) subió un 83%; los puertos españoles están llenos de yates fastuosos… y no todos son de los rusos. Incluso en estos tiempos de crisis agudizada se mueve mucho dinero. Otra cuestión es si hay que “pedirlo”. Yo soy partidaria de la financiación pública de la cultura, como servicio a la ciudadanía no accesorio, y de que las iniciativas privadas en este ámbito tengan todo el apoyo posible. Pero el actual contexto político y económico apunta en otra dirección. El mecenazgo no es una alternativa a la financiación pública de la cultura, y nunca podrá llegar a serlo. Sólo un complemento ahora necesario que sólo tendrá resultados positivos si, a medio y largo plazo, conseguimos que empresas y particulares asuman esa responsabilidad que en realidad no es suya. Y, como apuntaba, son los individuos los que tienen más recorrido por delante.

El modelo tiene sus contrapartidas, introduce complicaciones en la gestión museística, puede afectar a los programas artísticos, trampea las cifras de la financiación pública de la cultura –hay que contabilizar lo que el Estado deja de percibir por las deducciones de impuestos- e incluso suscita problemas éticos –benefactores de dudosa conducta empresarial que lavan su imagen a través de la filantropía- pero, si es necesario, puede hacerse de manera ordenada y con saldo positivo para las instituciones. Es muy improbable en España que individuos o empresas igualen las cuantiosas donaciones que reciben algunas instituciones culturales americanas y, por tanto, se evitaría el peligro de la pérdida de identidad que algunas aceptan. Así, el año pasado, Jorge M. Pérez donó 35 millones de dólares al Art Museum of Miami-Dade County, que ahora ha incluido el nombre del empresario en su denominación, con gran enfado de algunos de los otros patronos. En 2008, la sección principal de la New York Public Library se bautizó como Stephen A. Schwartzman Building en agradecimiento a una donación de 100 millones. David Koch, que ha comprometido 60 millones para la reforma del entorno urbano del Metropolitan Museum dio 100 -y su nombre- al antes conocido como New York State Theater. Gajes del fundraising.

En un muy interesante estudio titulado Understanding the Organized Philanthropic Activity of Entrepreneurial Families, Marta Rey y Nuria Puig calculan que un 25% de las grandes empresas familiares en España tienen actividad filantrópica y examinan algunas circunstancias que explican cómo esas familias han preferido las fundaciones familiares o incluso las fundaciones personales para ejercerla. Ya durante el franquismo se crearon algunas de las que siguen siendo hoy más activas, como la Fundación Juan March, la Fundación Marcelino Botín, la Fundación Pedro Barrié de la Maza y la Fundación Ramón Areces -las tres primeras han desarrollado una intensa labor cultural- pero la mayoría surge a partir de los años ochenta y varias de las mencionadas más abajo apenas han cumplido una década. Entonces y ahora, los principales fines de las fundaciones familiares –y también de las de la Obra Social de las cajas de ahorro, en proceso de hundimiento- fueron los asistenciales, la beneficencia. En muy pocos casos tienen como misión el apoyo a la cultura. Están por delante la educación, la sanidad, la investigación científica, el desarrollo local o la propia actividad empresarial. Entre las motivaciones para la creación de fundaciones personales o familiares las deducciones fiscales no están en los primeros puestos: pesan más la legitimación social de la fortuna, las soluciones para el mantenimiento del patrimonio en las herencias, el control de las empresas, la “colocación” en puestos atractivos de los miembros de la familia y el apoyo a causas que armonizan con la misión empresarial o las convicciones personales. Aquí es donde vemos que las artes no son, con excepciones, una preocupación mayor para las clases privilegiadas.

En los patronatos de los museos más importantes, en los grandes teatros de ópera y, sobre todo, en las fundaciones ligadas a la Casa Real, como la Fundación Príncipe de Asturias y la Fundacación Príncipe de Girona, se sientan algunos de los empresarios más adinerados del país. Pero ¿hacen siempre donaciones personales a las instituciones artísticas? El Museo del Prado amplió recientemente su patronato y, esta vez sí, se aclararon las razones por las que ingresaban los nuevos patronos: “Los nuevos vocales del Patronato, además de los directores de las Reales Academias de BBAA de San Fernando y de la Historia, Antonio Bonet y Gonzalo Anes, que lo hacen en calidad de vocales natos, son (por orden de antigüedad de las entidades que representan como Benefactores del Museo): Jean-Laurent Granier, CEO de AXA para la región del Mediterráneo y Latinoamérica; Francisco González, presidente de BBVA; César Alierta, presidente de Telefónica; José Manuel Entrecanales, presidente de Acciona; José Ignacio Galán, presidente de Iberdrola; e Isidro Fainé, presidente de ‘la Caixa’”. La mayoría de las veces no se explica al ciudadano –otro asunto a incluir en la Ley de Transparencia o las normativas que se deriven de ella- por qué una persona es elegida para formar parte de un patronato: ¿por sus conocimientos de arte o de música, por sus contactos políticos, por su capacidad de captar otros patrocinios o donaciones, por los convenios suscritos con las empresas que presiden, o por su generosidad personal hacia la institución? Hay unos cuantos coleccionistas importantes en diversos patronatos de museos; ¿sabemos si han donado obras?

Es difícil incluso para los investigadores en estos temas obtener información completa sobre el mecenazgo personal o familiar. Así que me limitaré a listar algunas de las fundaciones de esas grandes fortunas de las que estamos hablando, para que puedan hacerse una idea sobre ellas. La impresión que tengo, sin datos, es que prefieren dedicar su dinero a sus propios proyectos fundacionales, algunos de ellos muy meritorios, que entregarlo a instituciones -culturales o no- en dificultades. Veremos si la nueva ley, toda la labor de mentalización y todos los incentivos con que debe acompañarse, pueden modificar esa tendencia. Llevará, en cualquier caso, mucho tiempo; demasiado si consideramos la situación de emergencia de la cultura en España.

Fundación Amancio Ortega. Es la fundación personal del dueño de Inditex. Es mixta, adscrita a la Consellería da Presidencia e Administración Pública del gobierno gallego (¿y eso?) y se dedica a proyectos asistenciales y educativos.

Fundación Casa de Alba (no tiene web). Creada con la finalidad de gestionar, conservar y transmitir el patrimonio de la familia.

Fundación Humanitaria AGH, iniciales de Ana Gamazo Hohenlohe, esposa de Juan Abelló. Financia varios hospitales y escuelas en Ecuador, Tanzania y Zimbabwe, y colabora con proyectos misioneros médicos.

Fundación José Manuel Entrecanales, presidente de Acciona. Promueve “iniciativas empresariales novedosas que contribuyan al desarrollo económico sostenible y de fomentar la cultura y el compromiso de la sociedad con la sostenibilidad”.

Fundación Juan-Miguel Villar Mir. Del presidente del grupo Villar Mir, es bastante reciente y no ha tenido mucha actividad. Destaca el convenio con la UPM para la creación de la Cátedra Juan-Miguel Villar Mir en Organización y Dirección de Empresas.

Fundación Paideia. Es la fundación personal de Rosalía Mera, ex-esposa de Amancio Ortega y la mujer más rica de España. Sus campos de actuación: proyectos de empleo, discapacidad, voluntariado europeo, ayuda a emprendedores sociales, desarrollo rural, integración de la mujer en el mundo laboral…

Fundación Alicia Koplowitz. Con fines muy generales, la fundación de la accionista de Construcciones y Contratas se dedica fundamentalmente a las áreas social y médico-científica; financió un centro para el tratamiento de la esclerosis múlitple.

Fundación Esther Koplowitz. Muy activa, su principal tarea es la “creación y mantenimiento de residencias para personas de la tercera edad y la asistencia psicosanitaria a menores, enfermos y desvalidos”. Con su ayuda se ha creado el Centro de Investigación Biomédica asociado al Hospital Clínic de Barcelona.

Fundación Trinidad Alfonso. Registrada hace poco (sin web) por Juan Roig, presidente de Mercadona. Parece que tendrá actividad sobre todo en el deporte, en apoyo al Valencia Basket Club SAC, pero también pretende crear “instituciones que trabajen sobre los problemas sociales y económicos de la Comunitat Valenciana”.

Fundación Rafael del Pino. Creada en 1999 por el presidente de Ferrovial. Su principal objetivo “es contribuir a la mejora de los conocimientos de los dirigentes españoles”. Tiene programas de investigación, formación y seminarios, organizados en colaboración con la Real Academia de la Historia, y ha abierto una línea de ayuda a afectados por lesiones medulares.

Fundación María José Jové. Centrada en la infancia y la discapacidad, incluye entre su bienes la colección de arte de  Manuel Jove, presidente de la corporación Inveravante.

Fundación Barceló, de la familia de hoteleros, se vuelca en las áreas de la salud, la educación, la cooperación para el desarrollo económico y la vivienda. Posee una colección de pintores mallorquines.

Fundación José Manuel Lara, relacionada con el Grupo Planeta, “ tiene como misión general contribuir a la divulgación, fomento, desarrollo, investigación y protección de la cultura andaluza”. Realiza diversas actividades literarias. De todas las listadas, es la única fundaciones con fines puramente culturales.

En Estados Unidos, según el ranking de los America’s 50 top philanthropists que publica The Chronicle of Philantropy, doce de esos cincuenta máximos benefactores donaron más de un millón de dólares destinados a las artes en 2012, hasta un total de 213 millones. Los proyectos asistenciales, educativos y seguramente científicos siempre tendrán preferencia pero no estaría mal llegar a una proporción similar a esta en la acción cultural de las grandes fortunas españolas.