Alberto García-Alix

A mejor

MNCARS
Pubicado en El Cultural

Iba a inaugurarse en septiembre en el Palacio de Velázquez, pero las obras de rehabilitación del edificio –tan eficaz, por su ubicación en el parque de El Retiro, para el acercamiento del arte actual a los ciudadanos que no frecuentan los museos– se están retrasando más de la cuenta. Son ya tres años de cierre. Así que la exposición de Alberto García-Alix (León, 1956) se ha hecho en el edificio principal del Reina Sofía, inaugurando como espacio expositivo la sala que antes albergó el Centro de Documentación en la tercera planta. Ocupa además, otros espacios en la esquina que da a la plaza de Carlos V, con dimensiones de retrospectiva. No obstante, su comisario, Nicolás Combarro, afirma que no estamos ante una exposición de tal carácter, sino ante un formato de muestra subjetiva que traduce la propia mirada del artista sobre su vida creativa.
Combarro, que fue finalista del Premio de Fotografía de El Cultural y ganó el Premio Festival Off del último PHotoEspaña por su exposición en la galería Moriarty, es él mismo un fotógrafo con talento y se ha metido en la piel de su amigo y mentor convirtiéndose en su “intérprete” ante el público: ya antes comisarió las dos exposiciones promovidas por la Comunidad de Madrid en 2006. El eje de la muestra es un vídeo, De donde no se vuelve, que, en la línea de los que presentó en 2004 en la galería Juana de Aizpuru y en 2006 en el Canal de Isabel II, encadena fotografías en una narración visual acompañada de una narración oral, con guión del propio García-Alix, y que se desarrolla figuradamente a lo largo de un sólo día, del alba a la noche. El artista ha escrito más de lo que cabría imaginar; con motivo de la exposición se ha publicado, junto al catálogo y en colaboración con La Fábrica, una recopilación de sus textos. Aquí, son reflexiones de tono existencial que siguen el esquema de un sueño opiáceo, en China, que le retrotrae a los tiempos de la “pandilla”, de la heroína y la vida en la calle, que tantas víctimas dejaron por el camino –incluido su propio hermano– y a su temporada en el infierno en París, ciudad a la que huye en 2003, enfermo, para enderezar su vida. Una huida que le ha llevado recientemente aún más lejos, a Pekín, con dos estancias de dos meses en 2007 y 2008, y donde ha hecho algunas de sus mejores fotografías. Allí disfrutó de una residencia en el primer gran centro de fotografía chino, el Three Shadows, fundado por Ron-grong y Ms.inir, al que ya hemos hecho referencia en El Cultural.

García-Alix, que fue Premio Nacional de Fotografía en 1999, es un fotógrafo muy popular, tal vez el más conocido por el gran público. Es también mediático, y eso habrá sin duda contribuido a que hayamos tenido en Madrid una sobredosis de exposiciones suyas que culmina con ésta del Reina Sofía. Podría estar cansándonos más de la cuenta si no fuera porque, definitivamente, va a mejor. Se puede comprobar en esta muestra en la que hay obras de todas las épocas, para la que se han recuperado muchas copias antiguas y obras antes no expuestas. Su obra es su vida, en un sentido en el fondo muy romántico, y está muy ligada a un “personaje” que no parece en absoluto ser el resultado de una construcción deliberada. Él “es así” –como decía en una conocida fotografía de su amiga Isa–. El fotógrafo por excelencia de los moteros, los rockeros y la vida canalla desde mediados de los 70. Su archivo sobrepasa con mucho los 100.000 negativos y, como él afirma en el vídeo ahora estrenado, “la fotografía encadena mi memoria”, es decir, ha vivido en gran parte a través de su cámara y lo que ha mirado con ella es lo que le queda, congelado, del pasado. En realidad, García-Alix es un fotógrafo muy clásico en la técnica, incapaz de abandonar el blanco y negro, muy cuidadoso. Toda su primera larga etapa tiene más posibilidades de sobrevivir como documento sociológico que como obra arte. Retrataba un mundo hoy prácticamente desaparecido, con una mirada bastante ingenua incluso cuando era triste. Pero en esta década, tal vez por esa extinción, y por el peso de la edad, ha evolucionado y se ha “densificado”. La transparencia y la nitidez de sus anteriores obras se ha cubierto de nebulosas y sombras. No ha abandonado su anterior forma de mirar, y sigue haciendo retratos de gentes de su entorno sin grandes cambios, pero se ha abierto al paisaje urbano, al objeto significativo y hasta a algunos elementos naturales. Los puntos de vista son marcadamente expresivos, subjetivos, y recurre mucho a los destellos cegadores, en especial en las fotografías realizadas en China, que hacen de antesala a la proyección del vídeo. Hay incluso algún intento de experimentación formal, como las fotografías estenopeicas hechas en Pekín o la ocasional superposición de negativos. A la definición de fisonomías y caracteres que domina en otras obras, se opone en éstas la captación huidiza de gente que se mueve, de lugares por los que se pasa. Una inestabilidad mucho más interesante.