La comunidad artística no da crédito. El Ayuntamiento de Córdoba firmó en mayo un “protocolo general de intenciones”, que no se ha hecho público, para ceder el magnífico edificio de las Caballerizas Reales, Monumento Histórico Nacional, a la fundación barcelonesa que gestiona el Museo Europeo de Arte Moderno para que abra allí una sucursal. A pesar de su altisonante denominación, se trata de un establecimiento insignificante no ya en Europa sino también en España desde el que se aboga por la pintura y la escultura figurativas, despreciando cualquier otra forma de creación visual. Es ya indignante que una administración pública se adhiera, por decisión personal del alcalde José María Bellido (desde 2019, por el Partido Popular), a una posición tan retrógrada respecto al arte actual. Pero es de todo inadmisible que esta operación, que el Ayuntamiento probablemente arropa por pura ignorancia e ineptitud —y si no es así, mucho peor— sea punta de lanza de un programa estético declaradamente nazi. Sí, no exagero: NAZI.

No es inhabitual que ayuntamientos y comunidades autónomas, sin encomendarse a Dios ni al diablo, promuevan o se involucren en proyectos para la creación de infraestructuras culturales —cada vez más frecuentemente al servicio de iniciativas privadas— abocadas al fracaso por la incompatibilidad entre sus infladas ambiciones y su intrínseca pobreza. Pero este caso es particularmente alarmante porque Córdoba pone la alfombra roja a una colección irrisoria que deriva de una cruzada contra el arte contemporáneo y que apenas intenta disimular su vinculación a un ideario antidemocrático y racista. Me parece muy importante conocer los pormenores de esta operación e intentar ponerle freno. Explicaré en primer lugar quién fue José Manuel Infiesta, el fundador del MEAM y alma de la operación cordobesa, y cómo se ha perpetuado su legado; después veremos quiénes han sido los agentes que han preparado el terreno para el anunciado desembarco en Córdoba.

CEDADE. Wagner y Hitler como faros

Cuando todo esto se empezó a mover, vivía aún José Manuel Infiesta (1949-2021), fundador del Museo Europeo de Arte Moderno. Era conocido en reducidos círculos catalanes como coleccionista de arte figurativo y como impulsor de la Fundació de les Arts i els Artistes, de la que hablaré más abajo. Pero pocos serían conscientes, aunque se mencionó un poco de pasada en alguna necrológica publicada en medios de comunicación, del alcance de su compromiso con el neonazismo y con la derecha radical, que impregnaba su concepción del arte y la misión del MEAM.

José Manuel Infiesta. Fuente: Blog del MEAM

En su más tierna juventud, Infiesta fue uno de los fundadores de CEDADE, Círculo Español de Amigos de Europa, que los historiadores consideran como la más temprana y más influyente organización neonazi no solo en España sino también en Europa y Latinoamérica[1]. En Los hijos del 20N, Historia Violenta del fascismo español —publicado en 1993, cuando CEDADE aún no se había disuelto— el periodista Mariano Sánchez Soler estudiaba sus peculiares características, situando sus orígenes en la reunión de un grupo de jóvenes neonazis, en su mayoría de familias burguesas catalanistas o cercanas al régimen franquista, para constituir una asociación cultural wagneriana en 1965. Al año siguiente, en 1966, inscribirían la asociación CEDADE junto a un conjunto de fascistas exiliados acogidos por el régimen franquista. Según afirma Xavier Casals i Meseguer en Neonazime a Espanya, 1966-1992 (tesis doctoral, Universidad de Barcelona, 1993), fuente fundamental para conocer a esta organización, su gran mentor fue Friedrich Kuhfuss, ex-combatiente nazi alemán y furibundo antisemita que se instaló en España después de pasar por varios campos de internamiento de las fuerzas aliadas.

Los jóvenes wagnerianos se hicieron amigos de Kuhfuss, que se convirtió en su “instructor” en el antisemitismo. El propio José Manuel Infiesta rememoraba el magisterio de ese desquiciado cuando pasó a mejor vida en 1971: “Recuerdo claramente aquellas horas pasadas en el ‘búnker de Víctor’ —una cervecería en la que se reunían los ultras—, en las cuales, algunos camaradas, los primeros, apretados, escuchábamos atentamente sus palabras conforme iba desenmascarando ante nuestros ojos la complicada trama mundial judía, aclarando conceptos, respondiendo dudas y, sobre todo, ante todo, —esto es lo que más le debemos— animándonos a proseguir la lucha que, para todos nosotros, y movidos por él, se ha convertido ya en la justificación de una vida”. Poco después, en 1975, Infiesta publicó bajo el pseudónimo de J.M. Pérez Albiac Orígenes del Estado de Israel, en Ediciones Bau, la cual sacaba a la venta ese mismo año la traducción de El judaísmo al descubierto, del muy antisemita Johann Andreas Eisenmenger.

Kuhfuss les presentó a Ángel Ricote, miembro de la Guardia de Franco que tenía contacto con los fascistas europeos y que sería el primer presidente de CEDADE. Figuras de renombre como el rumano Horia Sima —jefe de la Guardia de Hierro—, el belga Léon Degrelle y el austriaco Otto Skorzeny —ambos altos mandos de las Waffen-SS— o el italiano Leo Negrelli, avalaron a los jóvenes catalanes y facilitaron la integración de la organización en redes neonazis internacionales.

Tras unos primeros años de andadura en los que fueron presidentes Ángel Ricote y Pedro Aparicio Aguilar, en 1970 los miembros de la Sección Juvenil (SJ) de CEDADE, Infiesta entre ellos, asumieron la dirección de CEDADE. El presidente sería Jorge Mota, que se integraría después en la familia de José Manuel Infiesta al casarse con su hermana María. Bajo su mando, durante casi una década a partir de esa fecha, Hitler se erigió en faro de la organización y el propio Mota lo tomó como modelo personal, adoptando algunas de sus costumbres como el vegetarianismo, la abstemia y la soltería (mientras mantuvo el cargo). El documento programático de CEDADE, Proyectos de base para una nueva Europa, fijaba ya como ideal un “socialismo” —entendido como nacionalsocialismo, es decir, como nazismo— marcado a fuego por el concepto de pureza de raza[2].

José Manuel Infiesta, Jorge Mota y Ramón BAU en CEDADE. Es muy probable que alguna de las mujeres sea María Infiesta

José María del Olmo, en Historia del racismo en España (2009) deja claro que CEDADE hizo gala siempre de un racismo expreso. En la creencia de que unas etnias eran superiores a otras, promulgaba la segregación por ámbitos geográficos, por lo que se oponía a la inmigración de pueblos no blancos a Europa y al mestizaje, con una especial inquina a los judíos que se manifiesta machaconamente en sus publicaciones. En su doctrina, “El racista es, por el mero hecho de serlo, católico, socialista y nacionalista”[3] y en su revista se llegó a defender que “La raza aria es el resultado de un proceso selectivo de milenios. El continuar este proceso selectivo (objetivo del racismo) es colaborar con el principio creador del universo, actuar de acuerdo con los designios del Creador. Lo contrario (meta de todos los antirracistas) supone detener el proceso de la Creación, haciéndola retroceder siglos atrás.” CEDADE mantuvo posiciones absolutamente desalmadas respecto a las personas con discapacidades o de otras etnias como los gitanos o los negros y, así, elogió al Ku Klux Klan y justificó el apartheid sudafricano[4] .

Breve en CEDADE sobre la conveniencia de impedir el nacimiento de personas con discapacidad y de negarles los cuidados que precisan

Sus feroces cachorros despreciaban a los homosexuales y a las mujeres, a las que asignaban un papel pasivo, como tradicionales madres y amas de casa; no admitían el divorcio, solo justificaban el aborto si tenía como fin evitar el nacimiento de niños con discapacidad y hacían mofa de cualquier expresión de feminismo. Se oponían a los anticonceptivos, recordaban a las mujeres su responsabilidad en la “superación racial blanca” y las querían al frente del hogar[5]. En esta publicación pueden conocer al dedillo los “altos designios” que CEDADE nos reservaba.

José Manuel Infiesta y sus anacrónicas batallas culturales

El principal campo de batalla de CEDADE fue el cultural y su líder en ese designio fue José Manuel Infiesta. El relativo éxito internacional de la organización se basó en buen parte en su propaganda editorial e Infiesta, con Ramón Bau, fue uno de los editores más activos de basura nazi. CEDADE no fue un grupo violento sino que dirigió sus acciones a la propaganda, que hoy sería ilegal, de la ideología nazi y al revisionismo de los crímenes del nazismo —en particular del exterminio de los judíos—, que se refleja en publicaciones como El mito de los seis millones o 120 preguntas y respuestas sobre el Holocausto. Negaron también el bombardeo de Guernica.

Portada del nº 93 de la revista CEDADE

Infiesta, como todos los cabecillas del movimiento, era un ferviente wagnerista, no tanto porque apreciara la música del compositor sino porque consideraba que combatía la degradación introducida por la música judía y defendía el supremacismo ario. “Lo que creó Wagner fue la expresión artística de la raza aria”[6]. Winifred Wagner, nuera del compositor y amiga declarada del nazismo, fue una figura clave para ellos. Llegaron a ella a través de la esposa del criminal de guerra Rudolf Hess, con la que colaboraban para reclamar su liberación. Winifred Wagner no estaba en su mejor momento, pues había sido excluida de la organización de los festivales de Bayreuth, pero era vista como una mentora espiritual por los neonazis catalanes, que la visitaron y agasajaron. El propio José Manuel Infiesta entabló contacto con ella cuando fue por primera vez a Bayreuth en 1972, y la frecuentó allí entre 1974 y 1978, en sus viajes como corresponsal de prensa musical. En 1973, Infiesta lanzó uno de sus proyectos editoriales más exitosos, la revista wagneriana Monsalvat, al margen de CEDADE pero en su médula estética.

En 1980, la revista CEDADE dedicó un número especial a la memoria de Winifred Wagner, fallecida ese año, en el que José Manuel Infiesta (con el alias José Tordesillas), María Infiesta y Jorge Mota le rindieron homenaje. Este último explicaba por qué les era tan querida: “Ella encarnaba el ideal por el que lucha CEDADE. Ella unía en sí misma el wagnerismo y el nacionalsocialismo”. Infiesta recuerda en su artículo que “solía visitarla cada vez que iba a Bayreuth y me recibía (…) con los brazos abiertos y la sonrisa en la boca” y admira cómo ella sabía “que las ideas políticas, artísticas y filosóficas de Richard Wagner, y las suyas propias, se hermanaban y encontraban su fiel expresión en el Nacionalsocialismo, y no lo negó nunca”. María Infiesta, por su parte, elogiaba su “admiración por Hitler y la magna obra que intenta llevar a cabo en la patria alemana”.

Portada del especial de CEDADE sobre Winifred Wagner

Los líderes juveniles de CEDADE se definían, por asimilación al ideario nazi, como afines al Romanticismo, como amantes de la naturaleza —con el excursionismo como práctica central, en sus inicios—, como ruralistas y como animalistas, contrarios a la caza y a las corridas de toros. E incorporaban un componente nacionalista catalán, también con base étnica (racista) a través de los ojos de Francesc Macià o Enric Prat de la Riba. Infiesta presumía de ello: en 1978 se hizo socio de Omnium Cultural y siguió pagando su cuota hasta su muerte. Además, y también lo tenía a gala, fue el promotor de la campaña para que se restituyera en Barcelona el monumento al Doctor Robert, no por su valor artístico —era una escultura de Llimona— sino porque este médico que fue brevemente alcalde de la ciudad, y wagnerista, defendía, en sintonía con un trasnochado racismo “científico”, que los catalanes lucían un cráneo diferente al del resto de españoles[7].

Pau Hernández Delgado, en la tesis La larga transición de la Nueva Derecha española. Una historia silente, 1975-2004 (Universitat Autònoma de Barcelona, 2025), dedica un capítulo a Infiesta: “La cultura al poder: Wagner, Breker y Nietzsche. José Manuel Infiesta, el neonazi artista”. El autor califica a Infiesta como “uno de los neonazis más importantes de la transición”, con “una actividad cultural frenética” a lo largo de su vida. En CEDADE, dice, fue uno de los militantes mejor preparados y su estudio de arquitectura en la plaza de Gala Placidia, en Barcelona, funcionó como dirección postal de la organización. Junto a Ramón Bau, condujo la actividad editorial del grupo, volcada en buena parte en la difusión de textos —empezando por el Mein Kampf de Hitler— que habían sido prohibidos en Alemania e Italia, acrecentando así los obstáculos que la España de Franco ponía a la desnazificación de Europa. Y entre 1980 y 1983 se involucraría más directamente en la revista CEDADE —un verdadero pozo de inmundicia—, contribuyendo personalmente a su financiación, según detalla Xavier Casals.

Hernández Delgado fija en 1974, cuando el gobierno de Franco empezaba a hacerle la vida difícil a la organización, el momento en que Infiesta empezó a marcar cierto perfil individual respecto a CEDADE, sin dejar la organización hasta 1983, tras casi dos décadas de permanencia en ella, y sin renunciar a buena parte de sus principios ultraderechistas. Pero el riesgo de ser denunciado por hacer apología del nazismo, que se incrementó con la llegada de la democracia, hizo que Infiesta utilizase pseudónimos a partir de entonces: José Tordesillas, con el que firmó numerosos artículos en la revista CEDADE, y J.M. Pérez Albiac (los segundos apellidos de su padre y de su madre), como veremos enseguida.

Infiesta fraguó su propia noción de “lucha cultural” y adoptó como modelos a Montherlant, a Evola, a Rauti o a Pound, “guerreros y poetas”. En su faceta de autor y editor, una gran parte de su producción puede claramente leerse bajo el prisma de su fanatismo. Sus artículos menos politizados, centrados en la música, el arte y la arquitectura, los publicó en medios como La Prensa, La Vanguardia, Diario de Barcelona, Destino y Jano-Arquitectura. Pero sus libros están marcados por la ideología que profesaba. En el primero de ellos, La génesis del arte, que le publicó la Universidad Politécnica de Barcelona cuando era jovencísimo, en 1974, esbozaba la condena del arte abstracto —en línea con la estética del nazismo— y del arte como mercancía, que desarrollaría en ¿Artistas o filisteos?, en 1976, donde clamaba con furia anacrónica contra la estafa millonaria que habrían supuesto el cubismo y otras vanguardias… En 1975 se publicó su estudio más serio, Un siglo de escultura catalana, que no deja de estar influido por su consideración de la escultura figurativa clasicista como una de las formas más altas de arte. El gran referente, en ese sentido, para él fue Arno Breker —escultor de cabecera de Hitler—, de quien llegó a hacerse amigo y cuya obra enalteció en Arno Breker, el Miguel Ángel del siglo XX (1982)[8].

Contra la democracia

En 1979 Infiesta fue editor, con Ernesto Milà y bajo del paraguas de CEDADE, de una compilación de textos que expresaba su ideario neofascista: Thule. La cultura de la “otra” Europa[9]. Se trataba de reivindicar a autores “nacionarevolucionarios” que fueron “rechazados de una u otra forma por las democracias” y opuestos radicalmente “al mundo contemporáneo”[10]. Con el alias de José Tordesillas, Infiesta firmó el prólogo, que contenía lindezas como esta: “Todo el arte contemporáneo es, efectivamente, una enorme operación financiera que le roba toda capacidad expresiva vital, convirtiéndolo en un medio de producción más al servicio de unos intereses de clase; y, como tal, sus manifestaciones acaban siendo piruetas formales de una minoría de pseudo-iniciados que llaman al pueblo ignorante porque sencillamente no les entiende”. Habla de un “arte decadente” que es consecuencia del “estado general de decadencia de la sociedad moderna” que solo se superará con “una nueva voluntad de enaltecer los valores creativos y la personalidad, frente al culto al borreguismo practicado por las democracias”. Infiesta sitúa en el año 1945 (derrota de Hitler) el fin de una conciencia europea, el “cercenamiento de un orgullo nacional blanco”, el inicio de la “manipulación total de la cultura” y una represión (los neonazis son muy victimistas) de “los dirigentes políticos de la oposición” (los fascistas de todo pelo) en paralelo a la “imposición descarada de toda esa pseudo-cultura que los soldados norteamericanos llevaban”. Una “americanización o, mejor, judaización” que, lamenta, supuso el borrado de autores que fueron relevantes para los fascismos[11].

Publicidad de Thule. La cultura de la “otra” Europa, en la revista CEDADE

Como expone Hernández Delgado, desde CEDADE, José Manuel Infiesta se acercaría a los postulados de la Nueva Derecha, neofascista y racista, de Alain de Benoist, que se proponía rearmar intelectualmente a la derecha en Francia para hacer frente a la hegemonía cultural de la izquierda[12]. En línea con la admiración de Benoist hacia Nietzsche, escribió en 1980 un libro sobre este filósofo, Contra la moral del esclavo, y él mismo practicó el género del aforismo en Escritos en el aire (2019) o Escritos en el Agua (2020). Y en 1977 fundó una revista, El Martillo. La cultura al poder, de aires nietzscheanos, en el que fijaba sus posiciones contra el arte abstracto —a Infiesta le horrorizaban Miró o Tàpies—, el erotismo, el feminismo o el liberalismo y a favor de la pintura figurativa, el Modernismo o el apartheid. Contó con colaboradores vinculados a la extrema derecha como Joaquín Bochaca o Vintila Horia y solo sobrevivió cinco números.

Infiesta vinculaba la “decadencia del arte” a la democracia. En un artículo que firmó como José Tordesillas en el número 93 de CEDADE, titulado “La estéril cultura democrática”, lo deja muy claro con afirmaciones como estas: “La cultural siempre ha sido, y es, elitista”, “Se pretende sustituir esa ausencia de arte con unas manchas que se afirma son el nuevo arte del homo democraticus” o“la democratización de la cultura provoca su inmediata esterilidad”. Y no crean que, con los años, renunció a su ideario político. En una entrevista publicada en 2020 en el blog del MEAM, explicaba sin ningún recato cómo lo había adaptado a la acción cultural. Considerando que “La democracia es el sistema político más hipócrita y corrupto”, proponía: “No hay más alternativa que la cultura: una sociedad gobernada, no por una mayoría de ignorantes, manipulados por los poderes económicos; sino dirigida por las élites culturales e intelectuales, empeñadas en el respeto de la cultura propia y del arte de todos los siglos”. Así, “Las votaciones son la mascarada que organizan las élites económicas para hacer creer al ciudadano que él es alguien importante y quien determina quién manda en el país”.

Curiosamente, Infiesta no confiaba en la capacidad de los ignorantes ciudadanos para elegir a sus representantes pero sí validaba el gusto popular para determinar el valor de las obras de arte. Y no tuvo empacho, como veremos luego, en negociar con cargos públicos escogidos en las urnas para expandir su propaganda político-cultural.

Mientras militaba en CEDADE, José Manuel Infiesta iniciaba su carrera como arquitecto. Según aseguraba su amigo el crítico Tomás Paredes en su necrológica, “ganó mucho dinero con su profesión”. Abrió estudio propio en 1973, bajo el ala de su padre, y no tardó mucho en convertirse en promotor. Pueden ver algunos de sus diseños en la web de su estudio: comprobarán que la renuncia a la modernidad que abanderaba en el arte se aplicaba también a su arquitectura, de estilo algo así como “ecléctico”.

Según explicaba en su biografía, en sus tiempos de bonanza, a partir de 2001, compró, a precios razonables —por la demanda relativamente baja— escultura catalana. Pero en 2008, la crisis inmobiliaria le dejó durante cuatro años cerca de la ruina[13]. En 2011, vendió el palacete en el que vivía y se trasladó su despacho ¿y su vivienda? al Palau Gomis, junto al MEAM. No fue suficiente: en 2014 subastó en Sotheby’s su colección de 43 esculturas crisoelefantinas art-deco. En 2017 ofreció lo que quedaba de la colección escultórica —que llegó a sumar unas 500 piezas— a varios ayuntamientos (Barcelona, Olot, Sitges), “recogiendo solo respuestas negativas”. No llegó a levantar cabeza: en 2021, una de sus empresas, Corgut S.L., tenía una deuda de 871.341 euros con Hacienda.

La Fundació de les Arts i els Artistes. María Infiesta, patrona y alma nazi del museo

Cuando aún le iba bien, en 2005, registró la Fundació de les Arts i els Artistes, con propósitos “filantrópicos” y quizá también fiscales. En su web, Infiesta establece que “La Fundación nace con la vocación de contrarrestar la gran y exclusiva protección que los poderes públicos realizan con el llamado arte abstracto y potenciar a los artistas figurativos que automáticamente quedan excluidos de las iniciativas oficiales«.

El presidente de la fundación es en la actualidad[14] Xavier Bassons, un empleado de ventas en el campo de las telecomunicaciones que es también director del MEAM. No tengo información que explique su aterrizaje aquí pero, miren, resulta que él mismo es pintor, del estilo que Infiesta apreciaba. Bassons no tiene ninguna formación o experiencia que le capacite para dirigir un museo, y parece que pretende paliar esa carencia pues acaba de matricularse en el Máster en Arte Contemporáneo: Contexto, Mediación y Gestión, que se imparte online y no es oficial, del Institut de Formació Contínua IL-3 de la Universitat de Barcelona.

El vicepresidente de la fundación es su amigo Jordi Díaz Alamà, otro pintor ultrafigurativo, que fue también durante una temporada director del museo y ahora dirige la academia asociada a la fundación, de la que hablaré. La tesorera ha sido hasta hace poco Susana Pérez Rubio, contable en los negocios de Infiesta.

Pero las personas que encarnan, en el patronato de la fundación, el espíritu de José Manuel Infiesta, son su hermana, María Infiesta Monterde (nacida en 1952) y su hija, Pilar Infiesta Jiménez, fruto de su matrimonio con la escultora —muy figurativa, por supuesto— Mercedes Jiménez Marrodán. Ejercen respectivamente los cargos de vocal y secretaria. A la hija, directiva en una consultora farmacéutica, no se le conoce filiación política. A la hermana, como hemos ido vislumbrando, sí. Y tanto.

Pau Hernández Delgado define a María Infiesta Monterde como “una de las militantes femeninas neonazis más importantes de la época dedicada también a la producción cultural de la organización —se refiere a CEDADE— (y, también, casada con Mota, lo que generó unas relaciones muy estrechas y familiares con el liderazgo de la organización)”. Pertenecía a su Frente Femenino y fue colaboradora habitual en la revista CEDADE, en la que firmó diversos artículos sobre música y libros, participando además en obras colectivas de marcado perfil nazi (por ejemplo esta, de hace pocos años).

Como ya vimos, Jorge Mota, que murió en 2016, fue rabiosamente hitleriano y wagneriano, y los seguidores del nazismo siguen teniéndole muy presente. Él mismo se consideraba el primer “nacionalsocialista” español y, efectivamente, los suyos le daban la razón. Su libro Hacia un socialismo Europeo sigue siendo un clásico de la doctrina neonazi. Mantuvo “una estrecha relación” con Klaus Barbie, “el carnicero de Lyon”, alto oficial de las SS y de la Gestapo, y fue muy amigo de su hijo, que vivía en Barcelona bajo el nombre falso de Klaus Geor Altmann.

Jorge Mota, esposo de María Infiesta, en una publicación de la asociación neonazi Devenir Europeo

No cabe ninguna duda de que María Infiesta compartía plenamente las simpatías de su marido por el nazismo. Entre los artículos que publicó en la revista CEDADE encontramos una reseña del libro de Joaquín Bochaca, La historia de los vencidos, en el que se adhiere el revisionismo neonazi[15]. Suscribe la defensa que hace el autor de “la otra versión de lo que ha sido la Historia Europea durante el presente siglo. Normalmente, y a pesar de la pretendida Democracia que nos gobierna, solo tenemos oportunidad de conocer a través de los diversos medios de comunicación y propaganda el relato de los hechos según la opinión de los Vencedores de la II Guerra Mundial, pero nunca escuchamos la opinión de lo ocurrido viniendo de la boca de uno de los Vencidos (quizá, también, porque la mayoría de los mejores murieron en la defensa de sus ideales)”.

Al igual que su hermano, María Infiesta batalló en la esfera cultural. Su bandera fue el wagnerismo, entendido como ya hemos visto: elixir estético del nazismo. La idolatría hacia el compositor que le unió a Mota llegó al punto de que, en enero de 1980, tras contraer matrimonio en San Juan de la Peña —“el sagrado recinto en el cual esforzados caballeros custodiaron el Santo Graal”— y a los sones de Parsifal, que Wagner sitúa en ese monasterio, pusieron rumbo a Bayreuth en viaje de novios. “Por supuesto —recuerda Mota—, nuestro destino no era solo Bayreuth sino, casi principalmente, visitar a la Sra. Winifred (Wagner)” para entrevistarla de cara a un futuro libro, con “preguntas sobre la vida privada de Hitler que solo ella podía contestar”.

Poco después, en marzo de 1981, María Infiesta escribe en el número 95 de CEDADE en contra del divorcio y sobre el arte nazi, en un largo artículo con esta entradilla: “La propaganda ha hecho creer a la inmensa mayoría de la gente que el Nacionalsocialismo, encabezado por Adolf Hitler, se dedicó a gasear a seis millones de judíos y ser causa del estallido de la II Guerra Mundial. Con ello, no solo ha falseado la Historia sino que ha silenciado un hecho auténtico: el Nacionalsocialismo fue defensor acérrimo del Arte y la Cultura, y su Führer, Adolf Hitler, un gran entusiasta de todas sus vertientes”. Y seguía con arrebatos como: “Si alguna vez se ha reconocido al individuo como centro del universo, poder emanador de grandes obras artísticas capaces de enriquecer el caudal espiritual de todo un pueblo, ha sido bajo el gobierno de Adolf Hitler”.

En esa tónica redactó uno de los capítulos de El arte del Tercer Reich (ediciones Wotan, 1981), el dedicado al cine —Mota se encargó de la escultura y “Tordesillas” de las artes decorativas— y más adelante, firmó con su marido un libro sobre los Pintores wagnerianos, publicado por la editorial de su hermano, Nuevo Arte Thor, en 1988.

María Infiesta no ha roto con esos círculos. Jorge Mota se unió a la “asociación cultural” Devenir Europeo, heredera directa de CEDADE y liderada por Ramón Bau, viejo amigo del matrimonio. Mota tuvo en ella, según manifestaba la asociación en su perfil de X, “un papel determinante y participativo a la hora de fijar nuestra postura cosmovisional e ideológica”. Fundada en 2007, está inscrita, para escándalo de muchos y para vanagloria de Bau, en el Registro Nacional de Asociaciones, a pesar de que  se declara nacionalsocialista, organiza actos de apología hitleriana y rinde homenaje a miembros de las SS. Su concepción de la cultura —“Contra el arte degenerado y decadente. Por el arte europeo y popular”— se basa en gran parte en los escritos de José Manuel Infiesta, como se explicita en esta guía para la iniciación de los “camaradas”.

Reivindicación de Jorge Mota en la revista El Militante, de Devenir Europeo. Julio de 2026

Estas buenas gentes se impusieron durante una temporada la misión de mostrar su aborrecimiento hacia el arte contemporáneo, con acciones en el Museo Reina Sofía, en el Museo Esteban Vicente de Segovia, en el MACA de Alicante, en la Fundación Tàpies o en el Museo de Esculturas al Aire Libre de Alcalá de Henares, o contra obras particulares, como una escultura de Manolo Valdés y otras de Antoni Tápies (al que Infiesta tuvo siempre mucha tirria) y de Andreu Alfaro. Son artistas que consideramos hoy ya históricos, de otro momento, pero los de Devenir Europeo no deben de estar muy al tanto de los devenires artísticos, ni europeos ni de ninguna parte.

Hace no muchos años, María Infiesta escribió para la revista Devenir Europeo, el órgano propagandístico de la “asociación cultural” neonazi, un artículo sobre Friedrich: el romanticismo, como ya mencioné, es uno de los pilares de la ideología de estos colectivos. También es autora de uno de los libritos, editados por ese mismo grupo, de la serie Nuestros Héroes, en la que participó activamente Jorge Mota ya en sus últimos años de vida. El vínculo de los Infiesta con Devenir Europeo se evidencia también en la visita al MEAM organizada para sus militantes el año pasado o en la donación de libros para su biblioteca que hizo el fundador del museo, a cuyo activismo político y artístico dedicó una conferencia, en 2022, Ramón Bau.

Misión: combatir el “arte degenerado”

Hablar hoy de “arte degenerado” es completamente absurdo, pero ya era retrógrado en 1975, cuando las “Normas de estilo” recogidas en el librito ¿Qué es CEDADE?—vean las fotos que lo ilustran: dan escalofríos—dictaban la prohibición total, más allá del arte abstracto, de las “manifestaciones de arte degenerado, en todas sus facetas, especialmente en la música pop (englobemos contracultura, ‘underground’, antiarte, etc.), y el cine actual —que son quizás las manifestaciones artísticas más degeneradas y al propio tiempo arraigadas en la mayoría de las personas— exceptuando un limitadísimo número de producciones…”.

Obviamente, esto de la “degeneración” de las artes lo toman CEDADE y sus herederos del ideario nazi. Y el concepto está, como entonces, unido a una supuesta responsabilidad de los judíos en la destrucción de la auténtica cultura europea. Infiesta mismo escribió en 1969, en la revista CEDADE, un artículo titulado “El estado artístico” en el que se refería a los movimientos artísticos de los sesenta y al conjunto de la abstracción haciendo esa acusación, guiada por el racismo y el fanatismo: «Cuando los judíos intervienen en arte pueden esperarse las cosas más inesperadas o inconcebibles».

Se sorprenderían del rango de obras de arte que estos neonazis llegaron a considerar degeneradas. Jorge Mota advertía a los neófitos de que tuvieran cuidado de no entusiasmarse con cualquier producción por ser alemana y ponía como ejemplos de artistas repudiables ¡a Matthias Grünewald y a Tilman Riemenschneider! Pero su bestia negra era, y es, la abstracción, resultado —en el argumentario nazi— de mentes criminales o enfermas. Ya mencioné los títulos que le dedicó, para vituperarla, Infiesta, quien dio además pábulo en su editorial Nuevo Arte Thor a El vandalismo glorificado (1975), de Josep Cañas, calificada como “la crítica más feroz contra la abstracción en el arte”.

Frente a él, la bendita figuración. El nazismo la defendió como vehículo para la representación de un ideal racial y político, en asociación con un estilo clásico, heroico e ilustrativo, de fácil comprensión para las masas. En palabras de Hitler: «Las obras de arte que no pueden ser entendidas por sí solas, sino que necesitaban de un libro con instrucciones pretenciosas para justificar su existencia, nunca más le llegarán al pueblo alemán». Para Infiesta, el aprecio popular está por encima de cualquier criterio valorativo.

En la cruzada por el arte figurativo, el primer paso de José Manuel Infiesta fue la creación, ya comentada, de la Fundació de les Arts i els Artistes, que tuvo como primer frente la convocatoria de un concurso, Figurativas. La colección del MEAM, a la que ahora el Ayuntamiento de Córdoba otorga carta de naturaleza al abrirle las puertas de las Caballerizas, resulta en buena parte la suma de las adquisiciones realizadas a partir de 2006 por la Fundación en las sucesivas ediciones del premio[16].

Montaje de la última edición del premio Figurativas. Fuente: Blog del MEAM

En 2016, Infiesta presumía de que cada año alrededor de cien obras ingresaban en la colección permanente, aunquese precisaba que algunas incorporaciones correspondían a donaciones y comodatos. Miren: he sido miembro del jurado de numerosos premios y concursos, de elevado o mediano prestigio, y les puedo asegurar que nunca jamás he visto que, incluso contando con una participación alta, se puedan reunir como resultado de una convocatoria más de diez obras dignas de ser coleccionadas. Aquí se ha comprado a destajo y a cualquiera, lo que explica la baja calidad de la colección.

Además, la cuota de inscripción de los participantes —45 euros por obra, hoy— ha cubierto en las últimas ediciones una gran parte del presupuesto de adquisiciones. Hasta 2011, los artistas inscritos no llegaron a los 1.000 en cada edición, pero a partir de entonces, con la inauguración del MEAM, el número se eleva de golpe y supera en varias convocatorias los 2.000, con un máximo de 2.459 en 2015. Así, algunos años se habrán reunido cerca de 100.000 euros en cuotas.

Tengan también en cuenta que, contraviniendo cualquier código de buenas prácticas, los participantes deben pagar el envío y la devolución de las obras, y si quieren asegurarlas deberán hacerlo a su costa: la fundación no se hace responsable de extravíos o daños, incluso mientras están bajo su custodia en el museo. En tiempos recientes, por otra parte, la fundación “premia” a uno de los escultores y a uno de los pintores participantes con sendas exposiciones individuales en el MEAM, ¡cuyos gastos de transporte y seguro pagará el artista! Además, si forma parte de alguna entidad de derechos de autor, tendrá que cubrir él mismo el importe que corresponda. Son condiciones verdaderamente draconianas, inaceptables.

MEAM Hall. Fuente: Blog del MEAM

Otra de las fuentes de ingresos de la fundación es The MEAM Hall, una exposición colectiva de cuadritos de 20×20 cm como máximo que se celebra periódicamente en el vestíbulo del museo, en la que colabora una galería de Madrid de la que con toda seguridad no habrán oído hablar: La Zona. La normativa de la convocatoria especifica que la tasa de participación en este oscuro escaparate es de ¡260 euros!, y son nada menos que 161 las “plazas” disponibles en las paredes de la sala. Es decir: sacan a los seleccionados casi 42.000 euros en cada colectiva. Las obras están a la venta y si alguna encuentra comprador ha de ser reemplazada, con un pago extra de 35 euros en concepto de enmarcado de la nueva. Cutre.

¿Museo? ¿Europeo? ¿de Arte Moderno?

El Museo Europeo de Arte Moderno se inauguró en junio de 2011. Entonces contaba con más de mil obras en la colección; hoy deben de ser unas dos mil quinientas, que no veo reflejadas en el patrimonio de la fundación, en sus cuentas anuales. Ha organizado algunas exposiciones temporales —siempre relacionadas con los autores o los presupuestos estéticos de la colección— además de conciertos y actividades, de pago; en este momento el precio de la entrada es de 13 euros.

Su denominación lleva a engaño. ¿Museo? En realidad el MEAM no figura ni el Directorio de Museos y Colecciones de España ni en el Registro de Museos de Cataluña, lo cual probablemente significa que no cumple los requerimientos exigidos para ser inscrito como tal.

¿Europeo? Aunque es muy poco conocido fuera de Barcelona —excepción hecha del concurso Figurativas, en el que se inscriben numerosos artistas de diversos países— las aspiraciones del MEAM son internacionales. Si se dice “europeo” es en concordancia con la ideología racista y nacionalsocialista que está en la base de la fundación y del museo de Infiesta: recuerden que las siglas CEDADE corresponden a Círculo Español de Amigos de Europa(de la Europa que imaginó Hitler) y que esa organización pretendía reservar el continente para una comunidad racial y cultural “superior”, la blanca, a salvo de “contaminaciones”.  

Así, Infiesta ha desarrollado en el MEAM una labor de relaciones públicas para la extrema derecha europea. No ha trascendido más que alguna de las visitas de líderes ultraderechistas al museo pero hay indicios de que fueron algo relativamente habitual. Enrique Ravelló —que fue compañero en CEDADE— recordaba en la necrológica que le dedicó: “Vistamos su museo varias veces con políticos europeos que venían a Barcelona; José Manuel siempre nos guiaba las visitas y les explicaba con entusiasmo las obras y exposiciones (…) el interés principal se centraba en las esculturas de Arno Breker y en el cuadro de Martí Teixidor Dresden, una desgarradora pintura sobre el criminal bombardero aliado a esta ciudad alemana, como alegoría del sufrimiento y la división de Alemania y de Europa. Recuerdo en concreto una visita con Filip Dewinter, en la que José Manuel nos invitó a asistir a un concierto de música clásica que se celebraba en una sala de su museo, brindamos con un excelente cava catalán, así era él, siempre exquisito”. Filip Dewinter es uno de los máximos líderes de Vlaams Belang, partido flamenco de ultraderecha nacionalista y secesionista.

Martí Teixidor, Dresden, 1980. Fuente: Setdart

Martí Teixidor, alias V.I.T.R.I.O.L., es un estrafalario pintor, esotérico, wagnerista —amigo de Infiesta y de Mota desde antiguo—, anticontemporáneo y, según deducimos del citado cuadro, apreciadísimo por Infiesta, nostálgico del nazismo. No sé si el cuadro estaba allí en depósito del artista y lo ha retirado o si el museo está vendiendo obras de su colección pero la cuestión es que, ahora mismo, Dresden está a la venta en Setdart, por un precio irrisorio para su tamaño (cinco metros de ancho), 8.000 a 10.000 euros, y ni por esas encuentra comprador.

¿De Arte Moderno?Infiesta reivindicaba “otra” modernidad, nada moderna de hecho, que apostaba todo a la figuración más convencional, contraria a cualquier experimentación —la “contemporaneidad”, rechazada en bloque— y a cualquier forma de arte que no tenga como objetivo la representación y la belleza. Aunque, en fin, esta última categoría tampoco la tenía muy bien definida, dada la enorme cantidad de obras feísimas en su colección.

Por ello, uno de los ejes de la “filosofía” del museo es la reivindicación de la técnica y el oficio, opacados, según Infiesta, por el arte contemporáneo a lo largo del siglo XX y en la actualidad[17]. La “destrucción de la forma” queda vinculada a la “destrucción de los valores tradicionales” y a la “esterilidad absoluta”, que “los poderes públicos” alientan. Frente a ello, Infiesta defendía los “cánones clásicos” y el gusto del gran público.

Una academia de otro siglo

Para promover ese regreso al “oficio”, la Fundació de les Arts i els Artistes se vinculó al negocio de las academias de arte. La Barcelona Academy of Art es, en palabras de José Manuel Infiesta, la primera en España que “enseña pintura y dibujo con los cánones del siglo XVIII, con los modelos y las formas de trabajar en esa época”. Su modelo es la The Florence Academy of Art y está hermanada, junto al MEAM, con otros establecimientos igualmente anacrónicos como el Art Renewal Center de Estados Unidos y el Hoki Museum de Japón.

En su misión se huele la referencia al añorado arte hitleriano. Según celebraban Jorge Mota y sus compañeros de CEDADE en El arte en el III Reich, “Adolf Hitler tuvo muy en cuenta (…) la formación artística de su pueblo. (…) apoyó decididamente (…) la creación de escuelas que habrían de ser la cantera que proporcionaría renovados aires a la vida artística de la Nación”, poniendo como ejemplo de ello la fundación de la Hermann-Göring-Meisterschule für Malerei en Kronenburg, “sobre la gran tradición artística del pasado”. En realidad, el objetivo de esa academia fue la formación de artistas al servicio del nacionalsocialismo y de su lema Blut und Boden (Sangre y Tierra), exigiéndoles fidelidad al Führer y al Reich.

La academia está gestionada por una empresa, Barcelona Academy of Art S.L.U., constituida en 2013. Su director y administrador único es Jordi Diaz Alamà[18], pintor que ganó ex aequo el concurso Figurativas en 2011 y muy cercano a José Manuel Infiesta: se convirtió en director del MEAM (hoy es subdirector y también vicepresidente de la fundación) en 2024, tras el paso por el cargo del galerista José Enrique González. La formación en la academia, que no conlleva la obtención de ningún título oficial, le sale a cada alumno por unos 26.000 euros (precio para tres años a tiempo completo). Es un gran negocio.

El alcalde de Córdoba y la pandilla figurativa

Conociendo ya los fundamentos del Museo Europeo de Arte Moderno, su proyecto de implantación en un espacio de titularidad pública de Córdoba se nos hace no ya inconveniente o caprichoso sino directamente intolerable. ¿Cómo ha sido posible llegar a este punto?

José María Bellido y Xavier Bassons firman el protocolo para la cesión de las Caballerizas Reales al MEAM. Fuente: Ayuntamiento de Córdoba

El Ayuntamiento ha invitado al MEAM a asentarse en las Caballerizas Reales mediante el modelo de concesión demanial directa sobre bienes de dominio público con pago de un canon (se desconoce el importe previsto), con la ridícula ambición de convertir la ciudad en “epicentro del arte figurativo”[19]. Se le concederán unos mil metros cuadrados, en los niveles 1 y 2 del ala norte y en el ala este, junto a la antigua entrada del Alcázar. ¿Por qué ese privilegio? Según la edil de Recursos Humanos, “son muchos los artistas cordobeses que, de manera permanente o en exposiciones itinerantes, colaboran con el Museo Europeo de Arte Moderno de Barcelona”. Pero no: no son muchos sino los cuatro gatos —ocho artistas en la actualidad—, unidos en la asociación Córdoba Contemporánea (que de “contemporánea” tiene poco). El líder de ese grupúsculo es un escultor infando llamado José Manuel Belmonte, que ha hecho de enlace entre la fundación catalana y la ciudad.

La influencia del grupito en la política cultural municipal la explicaba hace ya casi siete años un compañero en ABC de Félix Ruiz Cardador, el periodista que ejerce de comisario —y podríamos pensar que de “representante”— en la mayoría de las actividades de esos artistas: “En una ciudad donde han desaparecido las galerías privadas, los espacios expositivos públicos se han convertido en un preciado bien. En el colectivo había una sensación de que había resistencias ciertas para que formasen parte del calendario de instituciones culturales que pagamos todos. Una barrera que les era muy difícil superar por separado. Durante la campaña electoral, el hoy alcalde de Córdoba y entonces candidato, José María Bellido, escuchó en primera persona las quejas de estos profesionales de la cultura. Su respuesta fue que la primera exposición que se realizaría bajo su mandato, si resultaba elegido alcalde, sería la que se puede ver en Vimcorsa hasta el próximo marzo”. Se refería a Islas al mediodía, colectiva de Córdoba Contemporánea, inaugurada por el alcalde en enero de 2020.

Quien no llora no mama. Pero vean cómo argumenta —es hilarante— el autor del artículo que la política cultural ha de estar en manos de indocumentados: “Posiblemente, la exposición haya sido posible con el Partido Popular en la Alcaldía dado que es un partido sin discurso político alguno en materia cultural, cosa que no ocurre con la izquierda, que tiene un código en el que se reconoce. No es casualidad que los tres cargos de mayor relevancia controlados por el PP en esta cuestión estén ocupados por personas que no pueden presentar un currículum mínimamente decente. Blanca Torrent —concejala de Cultura—, Cristina Casanueva —delegada de la Junta— y Juan Rafael Martínez —gerente del Instituto Municipal de Artes Escénicas— serán estupendos en lo suyo pero lo suyo es otra cosa. Ajenos para lo bueno y para lo malo de la gestión cultural, dependen de las personas que les rodean para forjarse un criterio que, por experiencia, no tienen. Y es posible que eso los haga —habrá que verlo con el tiempo— menos sensibles a las presiones de los popes pesados y sus popesados”. Pero “eso” los ha hecho más sensibles a las presiones de unos artistas menores que se han camelado a un alcalde sin criterio.

Así, Bellido hizo saber que “el gobierno local escucha a todos con el objetivo de gobernar para todos y en materia cultural también el arte figurativo merece un espacio en la ciudad”, por encima de “interpretaciones para eruditos y de la retórica contemporánea” (¿no les suena esto a Infiesta?). Entendemos que lo que le parece importante es asegurar que los cordobeses no tengan que hacer ningún esfuerzo intelectual. A ese objetivo está entregado José Manuel Belmonte, autor de numerosas esculturas figurativas en espacios urbanos de Córdoba, de esas que, con formas decimonónicas, celebran las tradiciones populares. Véase, por ejemplo, La regaora.

Bajo el paraguas del Partido Popular

Belmonte ha hecho sus pinitos en Madrid y, el año pasado, montó una exposición en la Casa de Vacas del Retiro, sala que pese a la visibilidad que le otorga su ubicación tiene por los suelos el prestigio, pues la junta de distrito que la gestiona la alquila al mejor postor. Esa muestra comisariada de nuevo por Cardador —vídeo aquí— fue financiada por el IMDEEC, Instituto Municipal de Desarrollo Económico y Empleo de Córdoba, a través de una convocatoria para “entidades sin ánimo de lucro que favorezcan el desarrollo socioeconómico del municipio”. La subvención fue solicitada por la Asociación Plataforma Cultural Córdoba Acción, que, a juzgar por su sitio web, no es más que es una herramienta manejada por Belmonte para obtener este tipo de ayudas. En esa ocasión se le otorgaron casi 20.000 euros, para su exposición en Madrid y para una conferencia del pintor Manuel Castillero —del grupo Córdoba Contemporánea— en el Espacio de Arte Reocín, en Cantabria. En qué favorecen tales actividades al “desarrollo socioeconómico” de Córdoba ya me dirán ustedes… pero la concejala cordobesa de Cultura, Isabel Albás, se presentó en el Retiro para inaugurar la muestra de Belmonte y, posteriormente, el alcalde Bellido le hizo una visita[20].

Félix Ruiz Cardador está muy bien relacionado en el Partido Popular. En la Delegación de Cultura de la Junta de Andalucía en Córdoba tiene a su paisano y amigo de Pozoblanco, Eduardo Lucena, pero es más: él mismo es asesor del Grupo Popular en la Diputación de Córdoba, desde 2024, con unos honorarios anuales de cerca de 40.000 euros. ¿A quién asesora exactamente? Es además miembro de la Comisión Técnica de la Fundación Rafael Botí —dependiente de esa Diputación—, la cual, en un claro conflicto de intereses, subvencionó con 4.573 euros el catálogo de las exposiciones de Belmonte en Córdoba y Madrid que Ruiz Cardador comisarió, a través de una convocatoria[21]. Antes, en diciembre de 2024, Belmonte había hecho una exposición individual en la sala de la Fundación Rafael Botí, Bestiario[22].

Belmonte, con el alcalde Bellido y el delegado de la Junta de Andalucía, Lucena

Tras pasar por la Casa de Vacas, la exposición de Belmonte se llevó en febrero de este año al Teatro Cómico, sala de exposiciones cordobesa dependiente de la Consejería de Turismo, Cultura y Deporte de la Junta de Andalucía, con arropo del mencionado Eduardo Lucena (delegado de Cultura en Córdoba) y, por supuesto, del alcalde Bellido. Ya ven: se ha convertido en artista “oficial” de la ciudad.

El alunizaje del MEAM en Córdoba

Belmonte, Ruiz Cardador y la Asociación Córdoba Contemporánea, como queda constatado, tienen una considerable capacidad de influencia en las políticas culturales cordobesas y en la programación de diversos espacios. Y han mantenido excelentes relaciones con el MEAM, que, en un toma y daca, ha favorecido las trayectorias profesionales de varios de sus miembros. José Manuel Belmonte fue, ya en 2007, el ganador de la primera edición del concurso Figurativas en su modalidad de escultura y Manuel Castillero obtuvo el premio de pintura en ese mismo concurso en 2015. El museo posee obra de otros artistas del colectivo, como José Luis Muñoz, y ha acogido la de otros en diversas colectivas.

José Manuel Infiesta con los artistas de Córdoba Contemporánea, en Vimcorsa. Fuente: redes sociales de la asociación

En marzo de 2020, José Manuel Infiesta visitó la exposición Islas al mediodía en la Sala Vimcorsa. ¿Estuvo además haciendo gestiones con el gobierno municipal?

La cuestión es que no mucho más tarde se instaló en la Sala Vimcorsa la primera de las exposiciones organizadas por el Ayuntamiento en colaboración con el MEAM. Fue El renacer de la figuración, que se inauguró en noviembre de 2021, cuando acababa de fallecer José Manuel Infiesta, y que tuvo como comisario, como no, a Félix Ruiz Cardador. La segunda, en junio de 2024, fue Donde una tea alumbra, con el mismo comisario y con mayor presencia de artistas andaluces pero muy similares y extemporáneos fundamentos estéticos (echen un ojo aquí).

El MEAM, según su actual director, Xavier Bassons, está inmerso en un “plan de expansión” que ha escogido a Córdoba (¡¿por qué?!) para la primera fase de su desarrollo “internacional”. Sus proyecciones inverosímiles y sus delirios de grandeza han contagiado a un alcalde desinformado y confiado en el relativo éxito de público de las exposiciones organizadas junto al museo catalán en Córdoba. Bassons llega a ser ofensivo en su defensa del alunizaje: “la misión de la fundación es promover, proteger y dar visibilidad a los artistas, y en este caso también a los artistas de Córdoba (…) en la internacionalización”. Pero, ¿a qué artistas exactamente? A la pandilla de Córdoba Contemporánea.

“Los otros” artistas cordobeses, que son casi todos, y una parte importante de la comunidad artística se han revuelto, con mucha razón. Publicaron una “Carta abierta sobre el anuncio de protocolo de cesión de las salas expositivas de caballerizas reales al MEAM de Barcelona” que reunió más de quinientas firmas. Criticaban la opacidad de la operación —sin concurso público, sin informes—, que compromete a futuro recursos imprescindibles para el desarrollo del arte actual en la ciudad y daban argumentos de peso para desarmar el proyecto[23].

Según leímos en Cordópolis, que tuvo acceso al borrador del protocolo, se justificó la cesión de las Caballerizas Reales con afirmaciones tan absurdas y/o inciertas como que el MEAM es “un referente mundial del arte figurativo, con más de 200.000 seguidores en sus diferentes redes sociales”, que el concurso Figurativas es “el más importante de escultura y pintura del mundo”, que “son numerosos los artistas de Córdoba que mantienen una relación activa con el MEAM” o que “Córdoba es una de las ciudades de referencia en el arte figurativo español contemporáneo”. En el mismo artículo se revelaba que a la reunión celebrada en enero de 2021 —hace más de cinco años— para transformar Caballerizas en Centro Internacional del Caballo, que contaría con “un museo de arte contemporáneo”, asistieron ya José María Belmonte y Félix Ruiz Cardador y el alcalde dejó caer que el primero de ellos sería una “figura clave en la definición de contenidos de la futura sala”.

No es descabellado pensar, según apunta la cronología esbozada, ya entonces se planeaba entregar el “museo de arte contemporáneo” de Caballerizas a la fundación catalana que gestiona el MEAM. Cordópolis atribuye, plausiblemente, el retraso en la concreción del proyecto al flirteo del alcalde con Francesca Thyssen, que dotó de contenidos al C3A (de la Junta de Andalucía) durante tres años, en otra operación de franquicia museística. Cuando se les rompió el amor tocó llamar a la caballería figurativa. Ambos proyectos son rechazables desde los puntos de vista de la responsabilidad pública y del beneficio para la ciudadanía y para sector cultural. Pero el salto de calidad y de importancia entre ambas colecciones es vertiginoso.

El portavoz del Partido Popular en el Ayuntamiento de Córdoba, Miguel Ángel Torrico señaló que el MEAM ayudará a “completar un panorama cultural alejado de estándares y cánones heredados”. Se deduce que el gobierno municipal quiere renunciar a la contemporaneidad para promover un canon artístico caduco. Pero, más allá de ese censurable giro, ¿sabe con quiénes están tratando?, ¿tiene alguna noción del significado político de los esfuerzos que ha hecho el MEAM y la Fundació de les Arts i els Artistes para poner la representación figurativa pon encima de otras formas de creación?, ¿está dispuesto a llevar a cabo, como administración pública en un estado democrático, un acuerdo con una entidad gobernada por personas, los Infiesta, que han cuestionado la democracia y han hecho apología del nazismo?


[1] CEDADE tuvo hasta cincuenta delegaciones, y sedes en Quito, Montevideo o Buenos Aires.

[2] Eva Gómez Fernández, en Fuerza Nueva and CEDADE: Two Manifestations of the Spanish Far Right During the Transition (2024), identifica algunas referencias ideológicas de la organización, como Charles Maurras, Alfred Rosenberg, el racismo biológico de Joseph Arthur de Gobinau —que defiende la superioridad de la raza caucásica— o la Nueva Derecha preconizada por Julius Evola, que anhelaba una sociedad antidemocrática, antiliberal y jerárquica, con tintes medievalistas y que reclamaba la restauración de las órdenes de los caballeros teutónicos, de los templarios… y de las SS hitlerianas. Muy antisemita: el capitalismo y el marxismo, respaldados por los judíos, habrían inducido un grave declive cultural. Fueron también importantes las guías de las organizaciones Jeune Europe, de Jean Thiriart, y Nouvelle Droite, de Alain de Benoist, con las que CEDADE mantuvo estrechos lazos y con las que compartía el horizonte —dibujado por el nazismo— de una “Europa étnica” federalista habitada por blancos y liderada por un estado autoritario, que neutralizara la amenaza sionista.

[3] Ese ideario, definido como “social-racismo”, según explica Xavier Casals, lo adoptaron de una organización racista llamada Nouvel Ordre Européen (NOE) a través de Ricote, que era representante de ese entramado en España.

[4] Así elogiaban al Ku Klux Klan en el nº 92 de la revista CEDADE (diciembre de 1980): “Insultados, perseguidos, difamados por la prensa internacional, los KKK (Caballeros del Ku Klux Klan), distan mucho de ser todo lo que de ellos se ha dicho. Los hombres del Sur estaban decididos a combatir la guerrilla, los desmanes de la gente de color y los abusos del vencedor liberal. Hoy, siguen decididos a combatir contra el sionismo, el comunismo y la democracia”.

[5] Libro de Jorge Mota: La mujer en la ideología nacionalsocialista. CEDADE abogaba por la “feminidad” de la mujer, por la familia tradicional y en contra del aborto. “Planta cara al feminismo, ¡defiende tu feminidad!”, rezaba uno de sus llamamientos.

[6] Dice Xavier Casals que “a partir del wagnerianismo los miembros de CEDADE han conseguido una cierta presencia en el mundo musical catalán (aunque de manera indirecta), y parte de los materiales editados en Cataluña sobre este músico están elaborados por miembros o ex-miembros de este grupo nacionalsocialista”. Algo similar cabría interpretar sobre las acciones de Infiesta en el ámbito de las artes visuales y su rendida admiración hacia el escultor favorito de Hitler, Arno Breker, está vinculada a esta nostalgia de la esfera cultural nazi.

[7] Jorge Mota escribió una biografía del susodicho —reseñada por Ramón Bau— que pretendía “demostrar que, si a alguna ideología puede adscribírsele, es a la nacionalsocialista”.

[8] También escribió una biografía novelada sobre el escultor Jaume Otero, titulada Vida de bohemia. Un artista en París y publicada en 1979 por su propia editorial, Nuevo Arte Thor.

[9] La Sociedad Thule fue una secta ocultista alemana creada a principios del siglo XX, con mucho peso en los orígenes del nazismo

[10] Jorge Mota redactó una nota dirigida a los “camaradas de CEDADE” en la que explicaba la importancia para el neonazismo de esos autores.

[11] En la misma línea, en 1983 su editorial Nuevo Arte Thor lanzó una colección de libros de bolsillo, El Laberinto, con textos de Montherlant, Céline, Konrad Lorenz, Ezra Pound, Kart Jaspers, Vintila Horia, Julius Evola, Koestler y otros.

[12] Cuando se involucró en la Nueva Derecha, el propio Benoist le mostró cierto aprecio, basado en la adoración compartida hacia Wagner, Arno Breker y Nietzsche, e Infiesta ayudó al francés a pergeñar los números de su revista Nouvelle École dedicados a los dos primeros.

[13] “Después de diez años de profunda crisis, que han obligado a sacrificar prácticamente todo el patrimonio personal y a vender colecciones importantes de arte, y siguiendo con el boicot absoluto y permanente de las entidades bancarias, se inicia tímidamente de nuevo la actividad como arquitecto”.

[14] Fue inicialmente presidenta de la fundación Pilar Pareja Matute, que era socia de Infiesta en las sociedades Complejo Residencial Santa Ponsa SL, Sa Capelleta SL y Lapogi SL.

[15] En la década de los setenta, la propia CEDADE se había encargado de traducir y editar el libro de Thies Christophersen La mentira de Auschwitz y había publicado artículos de Joaquín Bochaca, que se presentaba como un historiador revisionista y fue autor de obras como El mito de los seis millones o Los crímenes de los buenos.

[16] Es difícil calcular cuánto ha invertido la fundación en adquisición de obras de arte. En la primera edición, solo de pintura, se reservaban 36.000 euros para el primer premio y 90.000 para adquisiciones. En los años siguientes, las bases establecían premios de 44.000 euros para escultura y 36.000 para pintura —que conllevaban la incorporación de las obras premiadas a la colección—, además de un importe máximo de 120.000 euros para otras compras, sin que conste qué proporción de ese dinero se gastaba finalmente. En 2012, el concurso no se celebró “por razones financieras” y a partir de 2013 fue bienal, manteniendo el importe del premio de pintura y creando un fondo de entre 40.000 y 44.000 euros para el conjunto de premio y adquisiciones de escultura. En torno a 2015 se habla de 140.000 euros en total. En 2019 empiezan a cobrar por la inscripción: 30 euros que son ahora ya 45. Y en 2023 da un considerable bajón el presupuesto: 20.000 para el premio de pintura y 10.000 para el de escultura

[17] “La gran victoria de nuestra fundación, la gran bofetada que supone el MEAM para los filisteos de la cultura, es haber demostrado que el oficio no ha muerto, sino que se manifiesta con más fuerza que nunca, que cada vez hay más y más artistas empeñados en demostrar su calidad técnica y su culto a la obra más que trabajada”.

[18] Lo es a través de otra sociedad, Díaz-Alamà Patrimonial SL, con un capital social de más de 2’5 millones de euros.

[19] En primer lugar, el Ayuntamiento modificó la ficha urbanística de Caballerizas Reales —adquirida al Ministerio de Defensa por solo cinco millones de euros— para calificarlo como “equipamiento de carácter general”, omitiendo su condición de equipamiento “público”, de manera que pudiera instalarse un museo privado allí. Este convivirá con Córdoba Ecuestre, otra fundación privada —dependiente de la Confederación de Empresarios de Córdoba—, que pagará por la concesión demanial directa un canon de 99.000 euros anuales.

[20] Es preciso saber, para entender este desembarco en la Casa de Vacas de Belmonte con la que considera su más importante exposición hasta la fecha, que dicho espacio está dirigido desde hace al menos diez años por Lola Chamero, que ha dado cancha a la Asociación Española de Pintores y Escultores (AEPE), de la que es socia de honor. La AEPE, que ha colonizado otros espacios municipales, como el Silo de Hortaleza, está presidida por José Gabriel Astudillo, político del Partido Popular que ha sido diputado en la Asamblea de Madrid, concejal en el Ayuntamiento por el distrito de Retiro, Delegado del Área de Coordinación Territorial y Participación Ciudadana, Delegado del Área de Educación, Juventud y Deportes, y Primer Teniente de Alcalde y Concejal de las Artes en el Ayuntamiento de Alcorcón. Escribí sobre él y sobre la AEPE hace ya años, en el artículo “Político pintor (y asociados)”. En la Casa de Vacas han expuesto otros artistas favorecidos por el Partido Popular, como el murciano Pedro Cano o el zamorano Antonio Pedrero, y pintores relacionados con el poder como Paula Varona, esposa de Enrique de Ybarra, pez gordo en Vocento, o la socialité Mayte Spínola.

[21] “Subvenciones para apoyo a la creación y perfeccionamiento en el ámbito de las artes plásticas durante el año 2025”. El libro se presentó en la Fundación Rafael Botí, con participación de Ruiz Cardador.

[22] En aquella ocasión disimularon mejor: el artista figura como comisario y el texto del catálogo no está firmado.

[23] Una carta que, inexplicablemente —¿habrá cisma en Córdoba Contemporánea?—, firmó Pepe Puntas, uno de los artistas que forman parte de esa asociación.

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