Jean-Luc Mylayne

Arte plumario
Palacio de Velázquez, MNCARS. Madrid
Publicado en El Cultural

El ser humano puede caer presa de infinitud de chifladuras. La observación de los pájaros es una de ellas. Como ciencia o como entretenimiento popular de larguísima tradición, es un residuo de una relación atávica con los animales y de una especial fascinación por todo lo que se mueve en el aire. La observación paciente de cualquier cosa es ya una actividad conveniente para el espíritu; la observación de los pájaros produce además felicidad. Al igual que su canto, y esa afición provocó el surgimiento de un activo mercado de pájaros canores que tiene su reflejo en la historia del arte y de la música. Pero, aunque ilustradores tan extraordinarios como Audubon o John Gould produjeran en el siglo XIX conjuntos gigantescos y bellísimos de imágenes de aves, sólo con Mylayne han hecho éstas su gran entrada en el arte contemporáneo. Capturar pájaros, como alimento o con fines comerciales, es una habilidad perdida a la que Jean Luc Mylayne ha dedicado su vida. Sólo que él no utiliza trampas o reclamos de ninguna clase; su red es el tiempo y su jaula es la imagen fotográfica.

Mostrar los pájaros de Mylayne en el Retiro es una idea magnífica que acrecienta el atractivo de una exposición fascinante. Cada fotografía, única, lleva por título el lapso de tiempo empleado en su consecución. El artista debe localizar el entorno adecuado para que los pájaros concretos que busca se detengan; encuadrar el paisaje de fondo; permanecer en el lugar durante días, semanas o meses hasta que se acostumbran a su presencia, a sus movimientos, al sonido del obturador; estudiar sus reacciones y trayectorias para elegir las lentes –por él fabricadas– que proporcionaran la nitidez o borrosidad perseguidas… Hasta que el pájaro llega, se posa, “actúa” según el guión preestablecido y se produce el modesto milagro. Mylayne no es un fotógrafo naturalista, no usa teleobjetivos, no se esconde. Su cuerpo y su mágica cercanía al pájaro, de natural huidizo, están ahí, inherentes a la imagen. Tampoco es un artista decorativo, que busque la belleza sin más. Lo demuestran su formación filosófica, su particular concepción de la práctica fotográfica, la relación que establece con la visibilidad y la temporalidad, su atención a un terreno intermedio entre civilización y naturaleza, y su inusitado entendimiento de las aves, que le hace heredero de la sabiduría de los auspices romanos, intérpretes de sus vuelos.
La exposición ha reunido alrededor de 80 fotografías, cerca de una quinta parte de su producción, relativamente escasa. Fechadas entre 1979 y 2007, muestran las variaciones experimentadas desde las intrusiones en el follaje para acercarse a los nidos realizadas en Francia a la “caza” de los azulejos del este, del oeste y de las montañas bajo los diáfanos celajes de Nuevo México y Texas. Mylayne utiliza grandes formatos para positivar, y esporádicamente introduce recursos formales propios de la fotografía de las últimas décadas como la repetición de una imagen en dos tamaños -en una misma pieza-, el desdoblamiento simétrico, la inversión del negativo, la seriación… No son éstas, sin embargo, las características formales más destacadas del artista, que se singulariza más bien por ese particular uso expresivo de la nitidez y el desenfoque y por el subrayado del dibujo del paisaje: ramas, líneas de horizonte, vallas y cableados. La presencia del pájaro, casi siempre solo, es a veces lateral, mínima. Incluso, en algunas fotografías, cuesta encontrarlo. Si no conociera el conjunto, el espectador podría pensar que el motivo elegido es un árbol, una casa, unas nubes… No es lo habitual. También ocurre que un mismo “set” recibe la visita de distintos pájaros, lo cual queda registrado. Lo que no es posible recoger es los cantos de estos pájaros comunes. El silencio y la quietud con que nos los muestra Mylayne les son extraños.

Jean Luc Mylayne (Marquise, Francia, 1946) es un raro fotógrafo monomaníaco que ha convertido a los pájaros, seguramente por primera vez en la historia, en tema incontestablemente artístico. Aunque desde 1989 expone en prestigiosas galerías o instituciones, su actitud rigurosa y extemporánea, y sus largas migraciones, no han favorecido que sea muy conocido y estudiado.