Durante las pasadas semanas, las redes sociales han sido tomadas por cientos de recreaciones de obras célebres que los confinados del mundo entero han hecho en casa, a invitación de diversos museos y con lo que tenían a mano. Recorremos la historia de la práctica de los ‘tableaux vivants’ y su impronta en el arte y el cine, de las fotografías del siglo XIX a los artistas Cindy Sherman, Bill Viola o Cristina Lucas.

Aunque el Rijksmuseum, el Getty Museum y el Metropolitan Museum han llevado la batuta, otras instituciones se han unido a la iniciativa, que ha tenido un éxito tremendo. Hashtags como #tussenkunstenquarantaine, #betweenartandquarantine, #gettymuseumchallenge y #MetTwinning suman más de 200.000 publicaciones. Una buena parte de las recreaciones están muy trabajadas e incluso son obra de artistas profesionales; algunas son irónicas, ingeniosas, otras críticas. En aislamiento, abundan menos las composiciones de muchas figuras que los retratos individuales, con ocasional participación de parejas, hijos o mascotas. Disfrazarse, crear una ambientación y posar imitando las figuras que aparecen en cuadros o esculturas es claramente un divertimento pero el tableau vivant es también una práctica artística que propicia la encarnación de la historia en los cuerpos del presente, un ejercicio sobre la estaticidad y la duración, sobre la representación y la realidad, sobre la traducción espacial de una dimensión a otra (planitud/volumen), una forma de habitar la pintura.

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