Yang Fudong

Museo Esteban Vicente, Segovia
Publicado en El Cultural

Yang Fudong. Barca a la deriva

El Museo Esteban Vicente celebra su décimo aniversario con el anuncio de su ampliación al anejo Palacio de Enrique IV, que albergará la colección permanente, y el de su nueva ambición internacional. Aunque el proyecto de la Junta de Castilla y León de crear en la ciudad un museo de fotografía está en el aire, el Esteban Vicente se prepara para la temible competencia. Esta flamante exposición ―la primera programada por Martínez de Aguilar tras su insólito regreso― de uno de los artistas chinos mejor situados en el panorama global constituye un inteligente paso adelante. Sin embargo, tendremos que esperar al menos un año para comprobar hasta qué punto las loables intenciones llegan a buen puerto, pues en octubre se inaugurará la colectiva Leve, transparente y casi algo, comisariada por José María Parreño ―que ya no se limita a artistas españoles―, en enero de 2009 otra de las habituales selecciones de colecciones públicas o privadas ―la Kramarsky de dibujo― y, en primavera, una nueva presentación de obras del pintor titular del museo.

Yang Fudong (Pekín, 1971) es carne de bienales: ha participado ya en Documenta (11), en las bienales de Venecia (2003 y 2007), Shangai, Moscú, Sharjah y Praga, y en la trienal de Guangzhou; fue finalista en 2004 del Premio Hugo Boss, y ha expuesto nada menos que en la Kunsthalle de Viena, el Castello di Rivoli, el Stedelijk de Amsterdam y Parasol Unit de Londres. Trabaja con la potente galería china ShaghArt y con la estadounidense Marian Goodman, que ha hecho posible esta muestra en Segovia. Aunque estudió pintura en la Academia de Bellas Artes de Hangzhou, sus grandes éxitos los ha cosechado gracias a la fotografía y, sobre todo, al vídeo. La presentación de cuatro de sus producciones videográficas, fechadas entre 2000 y 2006, supone una oportunidad para adentrarnos con cierta perspectiva ―y en mejores condiciones que las ofrecidas por su presencia puntual en colectivas de artistas chinos y colecciones― en su universo fílmico. Que no es fácil y, aunque tiene ciertas características muy seductoras, promete más de lo que da.

El conocimiento de la tradición pictórica paisajista china, y la habilidad para localizar escenarios naturales que reflejan esa sensibilidad milenaria es uno de sus logros innegables. En buena parte de sus vídeos (tres de los cuatro mostrados), el paisaje es el protagonista principal de la ambigua narración, el que “convoca” a los personajes a su seno y los atrapa en una dimensión estética e histórica que les resulta extraña, en la que se sienten foráneos y perdidos. La naturaleza se erige en emplazamiento en el que se repite un conflicto sin resolver y en el que se confunden tiempos distintos. La admiración de Yang Fudong por el cine chino de los años 30 y 40 le ha llevado a utilizar el blanco y negro en diversas producciones y a vestir a sus personajes de forma anacrónica. La época de la República (1911-1945), en la que China entra en contacto con Occidente y comienza una modernización después truncada, le sirve al artista como correlato de la situación actual, que es de nuevo de choque cultural y de redefinición de las relaciones con la tradición. Por otra parte, ha tenido también en cuenta a cineastas de culto como Jim Jarmusch, a quien homenajeó en su primer vídeo, Estranged Paradise, y con quien comparte la simpatía por los desubicados. En varias de las películas de Yang Fudong aparece una barca; su flotación hace eco de la situación narrativa y existencial de los personajes, “colgados” en territorios inciertos. Y ahí es donde flaquea el artista. Los jóvenes y por lo general torpes actores con los que trabaja, obviamente disfrazados para la ocasión, carecen de guión. La composición de las imágenes es muy bella, la música perfecta ―le gustan las canciones tradicionales y su recreación visual―, se tiene la sensación de que se contempla o se espera algo relevante… y no hay nada. Casi todo poses huecas, tan a la moda en la fotografía y el vídeo de los últimos tiempos. Si el artista no ha podido o querido hilar dos palabras coherentes sobre su obra, tan deliberadamente vaga ¿por qué nos empeñamos en asumir que esconde un tesoro de significados?

Sí hay que valorar, por el contrario, algunos recursos estilísticos del artista. El desdoblamiento de la realidad, la coexistencia en el tiempo de las diversas evoluciones de una historia, se escenifican ya en la rítmica City Light (2000), la más humorística de las obras, y son el asunto central de Jiaer´s Livestock, narración que se desarrolla de forma divergente en dos habitaciones contiguas y en varios monitores más pequeños. Esa simultaneidad de las escenas, la lectura aleatoria de los momentos de una “historia”, se hace patente en la videoinstalación de ocho pantallas No Snow on the Broken Bridge (2006), lugar de viejas leyendas amorosas y turismo paisajístico.