Otra de arte y cine: John Waters

Formó parte del jurado de la presente edición de la Bienal de Venecia, lo que le ha situado en el más activo centro de influencia en el mundo del arte. No es un recién llegado: lleva muchos años exponiendo sus fotografías en importantes galerías de varios países, desde que en 1995 lo hiciera por primera vez en American Fine Arts. Hace ahora una década pudimos ver una selección de su obra en la Galería Marta Cervera pero no ha vuelto a exponer, que yo sepa, de forma individual en España. Es más conocido, claro está, en el mundo del cine: director de 16 películas y actor en 24, en su producción hay títulos míticos como Pink Flamingos o Hairspray. Su última película, A Dirty Shame (Los sexoadictos) es de 2004, lo que hace suponer que en la actualidad está mucho más volcado en el arte contemporáneo que en el cine. Sigue, eso sí, actuando de vez en cuando, lo que debe reportarle parte de los muchos dólares que invierte en su propia colección de obras de arte. El año pasado, además, publicó un best seller, Role Models, en el que escribía sobre su vida y sobre sus referentes estéticos y vitales, incluyendo un capítulo sobre su dedicación al arte.
(Puede escucharse esta entrevista en audio sobre su libro y la reproducción de un capítulo).
En septiembre de 2009 la revista británica Modern Painters le dedicó su portada. En su interior, Lawrence Levi revelaba algunos detalles de esta colección. Si se preguntan si el John Waters artista y coleccionista tiene el mismo gusto (deliberado mal gusto) que vierte en sus películas la respuesta es: sí. A Waters le interesa el arte feísta, chocante, que te “hace naufragar” y que “te odia”, como dice en una vídeo-entrevista en la que revela sus motivaciones para acercarse al arte. Para hacerse una idea, baste saber que en su dormitorio hay, entre otras cosas, una pintura de Jess von der Ahe, que pinta con su sangre menstrual; en el baño, un Mike Kelley que “ahuyenta” a los visitantes, un Batman gay de Mark Chamberlain y una pintura hecha con las tetas de Brigid Berlin. Se mencionan también obras de Warhol, de Cindy Sherman y de Diane Arbus.
Sus propias obras fotográficas son menos salvajes que su cine (y al parecer que su colección): recurre a menudo al collage y a la modificación de lo que parecen fotogramas de películas clásicas pero son fotografías que hace de la pantalla de su televisor para crear nuevos story boards que subvierten la imagen idealizada de las estrellas y de la narrativa hollywoodiense. Las llama “my little movies”. Se siente, como apropiacionista, cerca de Richard Prince, John Baldessari y Sturtevant. Su cima como artista la coronó cuando inauguró, en 2004, una exposición en el New Museum de Nueva York, bajo la dirección de Dan Cameron. Aunque tampoco estuvo mal cuando, en 2008, expuso simultáneamente en la Marianne Boesky Gallery de Nueva York y la Gagosian Gallery de Beverly Hills. A mí me parece bien lo que hace, aunque el éxito alcanzado sea seguramente exagerado, debido sin duda a su popularidad mediática.

John Waters: Smoking children (2009)

Ahora debuta como comisario en el Walker Art Center de Minneapolis. Su cometido ha sido “revitalizar” el nuevo montaje de la colección permanente, Event Horizon, inaugurado hace dos años. El mencionado capítulo sobre arte en su libro se titulaba Roommates (compañeros de habitación) y es así como ha considerado las obras que ha manejado a su antojo. Como personajes. Su rol: el de Absentee Landlord (casero ausente), título de la exposición. Este asunto de la “personalidad” es esencial. Waters es un tipo carismático y simpático que conoce el arte actual (no digo que tenga el mejor criterio, que no lo sé, sino que lo conoce) y el Walker Art Center ha sabido sacar provecho de ello. Lo ha convertido en el protagonista indiscutible: su intervención en la colección, sus propias obras en la exposición, una grabación de audio en la que comenta algunas obras en “Pig Latin” (juego de niños en el que se intercalan palabras) y se puede descargar en el móvil, otra grabación sonora de coches estrellándose que se reproduce en el aparcamiento, no sé qué cosa que ha hecho en los baños, una edición fotográfica de un plato con carne cruda que se vende en la cafetería a 150 dólares, un monólogo, un vídeo promocional y un gran retrato suyo en la fachada del edificio.
“Pasen y vean”. Waters hace de feriante, de showman que presenta las obras elegidas por su mirada estrafalaria (lo que no quiere decir que las obras sean estrafalarias; las hay muy serias y sólidas). Atrae a nuevos públicos y es divertido. Por una vez.
El vídeo promocional:

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Absentee Landlord reúne obras de la colección, de Mike Kelley, Carolee Schneeman, Robert Gober, Richard Artshwager, Jack Pierson, Willem de Kooning, Cindy Sherman, Wolfgang Tillmans, Cameron Jamie, Sturtevant, y John Currin, varias obras del propio Waters y una selección de trabajos de algunos de sus artistas favoritos como Gregory Green, Ralph Eugene Meatyard y Karlheinz Weinberger.
Recorrido por la exposición, en dos partes:

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Su última exposición como artista: http://www.arthurrogergallery.com/dynamic/artist.asp?ArtistID=49
Jonn Waters en El Cultural: entrevista con motivo del estreno de Cecil B. Demented

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