Los adentros del Cubidou

Las inauguraciones de la Colección del Museo Ruso y del Centre Pompidou Málaga han tenido gran eco mediático, aunque mucho más la segunda que la primera, que coincidió con los días de luto por el accidente aéreo de Germanwings y, sobre todo, que comercializa una “marca” bastante menos vendible. Sin embargo, casi en ningún lugar se ha hecho una valoración de los contenidos de ambos museos. Y tampoco se han explicado con el suficiente detalle las estrategias de los museos-nodriza. Es difícil conocer la del Museo Estatal Ruso (por el idioma y las restricciones informativas vigentes en aquél país) pero sí podemos recopilar algunas claves sobre la “exportación” (palabra utilizada a menudo en la prensa francesa para referirse a esta operación) desde el Pompidou. Las ha dado casi siempre, aunque fuera de España, Alain Seban, que fue hasta el 1 de abril Presidente del Pompidou, destituido para dar, dicen los analistas políticos, un cargo de compensación a Serge Lasvignes por su cese como Secretario General del Gobierno galo. La experiencia de la sede del Pompidou en Metz, que no es una franquicia pagada sino una “extensión” (antena, dicen ellos), ha sido satisfactoria en muchos sentidos pero su financiación está resultando muy complicada. Por otra parte, como otros muchos museos importantes europeos y americanos, el Pompidou ha comprobado que la fórmula de las exposiciones temporales para generar ingresos no siempre funciona y que un error de cálculo puede suponer gravosas pérdidas. También en sintonía con otras grandes colecciones, abrió una línea de negocio consistente en la exportación de exposiciones temporales, que se demostró igualmente incierta. (En los últimos años han recalado en España algunas, como Noches eléctricas en LABoral o Retratos. Obras maestras del Centre Pompidou en la Fundación Mapfre). Así que Seban empezó a experimentar con un nuevo modelo de sucursales temporales, pequeños museos pop-up.

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