La cuestión patrimonial

En estas últimas semanas hemos estado todos ocupados haciendo balance -artístico y contable- de 2012 e informándoles de lo que nos deparará 2013. La atención se ha dirigido a las exposiciones: las mejores, las que tuvieron más visitantes, las que vendrán… pero hay una cuestión a la que prestamos generalmente menos atención y que ha cobrado un enorme protagonismo en los últimos tiempos: la patrimonial. Asistimos a un desplazamiento -forzoso- del interés desde la exposición a la colección, y en varias direcciones. En los “buenos” tiempos, compraban arte actual -además de los coleccionistas particulares- los museos públicos, las fundaciones bancarias y las cajas de ahorro, algunas grandes empresas con colecciones corporativas, fondos de inversión, algunos ayuntamientos, determinadas diputaciones… Ya sabemos cómo están hoy las administraciones locales, y lo que está pasando con las colecciones de las cajas de ahorro. ¿Mantienen los museos públicos sus programas de adquisiciones? ¿Qué pueden hacer para incrementar y visibilizar sus fondos?

Que las empresas y las fundaciones paralicen o cancelen sus colecciones repercute negativamente en el mercado del arte pero que lo hagan los museos públicos es catastrófico para la riqueza patrimonial del país. Examinemos lo que ocurre en los de arte contemporáneo. Creemos que hay muchos porque a veces confundimos museo y centro de arte, que no tiene colección. En algún caso con motivo: el MARCO de Vigo nunca ha tenido colección propia y el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC, Sevilla) sí la tiene. Si apartamos, además, las colecciones monográficas -como los dos museos Picasso, el Esteban Vicente, el Centro Guerrero y las fundaciones Joan Miró, Tàpies, Oteiza, Dalí…- con un crecimiento limitado no sólo por sus presupuestos sino también por la disponibilidad de piezas, veremos que los museos públicos que adquieren -o deberían- arte de nuestro tiempo son pocos.

Cuando hay que recortar, la partida que suele sufrir más, y antes, es la de compras. Incluso en el Museo Reina Sofía. En 2012 invirtió casi 2.725.000 € en nuevas obras para la colección, que es más de lo que numerosos museos y centros de arte tienen como presupuesto total. Pero mucho menos de lo que gastó, por ejemplo, en 2009, 13 millones de euros; en 2010 fueron 4,5 millones y en 2011, 6 millones. A partir de nuestro museo estatal, la caída es vertiginosa. Piénsese en los precios del arte y tómese este dato como referencia: un director de museo suele cobrar entre 50.000 y 120.000 € anuales… Podemos suponer que el siguiente escalón lo ocupa el Museu d’Art Contemporani de Barcelona, aunque la Fundación MACBA no da cifras -¿por qué?- de lo que aporta al museo. Pero sí sabemos que ya el año pasado éste no contaba con el presupuesto propio para adquisiciones, con aportaciones de las administraciones catalanas. El Institut Valencià d’Art Modern (IVAM) dedicó a esta partida casi 400.000 €, todo un récord para los museos autonómicos. El presupuesto del Centro Galego de Arte Contemporánea (CGAC, Santiago), que en 2007 era de 500.000 €, pasó a 100.000, que su director gastó en ARCO declarando entonces que confiaba en conseguir otro tanto de fondos europeos. El Centro de Arte Dos de Mayo (CA2M, Móstoles), que alberga la colección de la Comunidad de Madrid, invirtió en 2012 cerca de 106.000 €, pero la partida se ha reducido a 58.000 para 2013. El CAAC ha contado con 75.000 € en 2012 -seis obras- y espera mantener la cantidad para 2013. La Panera (Lleida) inaugura este mes la Biennal d’Art Leandre Cristòfol, a través de la que ha formado su colección; hasta hoy disponía de 60.000 € para adquisiciones -cada dos años- pero teme un 20% menos. El Museo Patio Herreriano crece a través de la Colección Arte Contemporáneo, que tampoco facilita cifras. Sabemos, sin embargo, que en el último ARCO adquirió sólo seis obras, cuando en 2009, por ejemplo, fueron veinte. El Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Santander solía gastar entre 60.000 y 100.000 € anuales (sin datos recientes). Y paren de contar. Colecciones muy importantes españolas se han paralizado por completo. Artium (Vitoria), MUSAC (León), Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM, Las Palmas), Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo (MEIAC, Badajoz), Guggenheim Bilbao… están a CERO.

Donaciones y depósitos

Para los museos de arte contemporáneo, que han de actualizarse siempre y que son responsables de aprovisionar el patrimonio histórico futuro, se trata de crecer o morir. Algunos han intentado superar el impasse mediante dos estrategias. La primera es promover las donaciones, y hemos celebrado ciertos gestos de generosidad -aun con limitados beneficios fiscales- por parte de artistas, sobre todo, y coleccionistas. Destacan las donaciones que ha conseguido en el CAAC Juan Antonio Álvarez Reyes. En 2012, nada menos que 484 obras ingresaron por este medio en el museo; entre los donantes, el editor Jacobo Cortines -84 piezas-, la galerista Juana de Aizpuru -24- y los artistas Ignacio Tovar -3-, Guillermo Pérez Villalta -274 dibujos y acuarelas-, Leandro Katz y Marta Minujin. El MACBA ha recibido una importante donación de 1.177 dibujos de Luis Claramunt y otras 69 obras de diversos artistas. Al Reina Sofía han llegado 50 obras por esta vía; entre ellas, 14 de Emiliano Barral y 13 de Anric Massó. Artium se ha visto beneficiado por una donación de 14 obras de Simeón Saiz Ruiz y otras 10 de otros creadores. La Panera ha recibido cuatro obras de Francesc Abad, y otras de Francesc Ruiz y Txuspo Poyo. El IVAM, por su parte, ha incrementado su colección con 59 obras donadas por Fernando Almela; en este museo un 61% de los fondos proviene de donaciones. Hay que tener en cuenta algo que explica Omar Pascual Castillo, director del CAAM, sin presupuesto para adquisiciones desde 2007: algunas donaciones son consecuencia de acuerdos con los artistas, a los que se organizan exposiciones para las que el museo paga la producción de obras y que reciben -no siempre- unos honorarios por su participación en el proyecto; el artista dona a cambio una o varias de las obras así producidas. Así han ingresado 17 obras este año en la colección del CAAM, y dos de las tres obras -de Rosa Muñoz y Lara Almárcegui- donadas al CA2M. Es difícil hacer una cuenta global, pero es probable que este año se hayan sumado más obras a los museos españoles en concepto de donación que de compra. Así estamos.

Una de las más sonadas, por sus efectos, fue la de una obra de Esteban Vicente que Abertis vendió para recaudar fondos que evitaran el cierre del museo segoviano; otra empresa, Ambientair, la compró y la cedió en depósito al propio museo. Y eso nos lleva a la segunda estrategia para paliar la paralización de las colecciones: los depósitos. Que son pan para hoy y hambre para mañana, y que no todos los directores ven con buenos ojos. ¿Qué estabilidad tienen estas operaciones? En 2012, 555 obras han quedado confiadas al MACBA “en régimen de comodato de duración indefinida” de, entre otros, Xavier Miserachs, Joan Brossa y Art & Language. El Reina Sofía también es muy amigo de esta práctica y acogió 195 obras el año pasado: de las familias de André Masson, Francis Bartolozzi o Pedro Lozano, de coleccionistas como José Mª Lafuente y Sonnabend -ampliación con 11 obras del depósito existente-, de museos como el de Navarra, el del Traje, el Ramón Gaya… Artium ha incorporado temporalmente 25 obras.

El MEIAC ha emprendido una tercera vía: sus “adquisiciones” se han centrado en las nuevas tecnologías. Ha completado, con 27 nuevas obras, el proyecto NETescopio, archivo online de net art: no se compran sino que se acuerda con los artistas que el museo las alojará en su servidor y las difundirá. Y lo hace; en 2013 NETescopio será presentado en Montevideo, México DF, Oldenburg y Minneapolis.

Colecciones en danza

La cuestión patrimonial gana centralidad en otro sentido: ante los recortes, muchos museos -Domus Artium (Da2, Salamanca), CA2M, MACBA, Artium, MEIAC, CAAM, CAAC…- echan mano de sus colecciones para armar exposiciones temporales que aviven la ficción de actividad. ¿Una al año? Y dos, y tres, y cuatro. Con una cara positiva: se muestran obras que están en los almacenes y se ponen en valor; y otra negativa: dejan de producirse proyectos, agravando la parálisis general. Los hay que procuran que tales presentaciones no sean un mero desempolvado de los fondos y buscan un eje temático, un factor curatorial. Y lo hacen muy bien. Otros museos más pequeños, a veces al borde del cierre, han recurrido a ella casi como única posibilidad. Así, el CDAN.

Encontramos igualmente exposiciones de colecciones privadas “invitadas”, como ha ocurrido en el Museo Lázaro Galdiano -la de Leando Navarro, galerista-, en el MEIAC -la de Coca-Cola-, en el CGAC -la de Helga de Alvear, en el IVAM -la Sordello Missana de arte aborigen australiano- o en CentroCentro -Casa de Alba-, que se propone abrir una línea de muestras de este tipo. El coleccionista particular sube posiciones en el sistema del arte. Así lo confirma la constitución de la Fundación Museo Reina Sofía, que ha vendido muy baratas las sillas de su patronato a 16 coleccionistas iberoamericanos: 12.000 € por cabeza. Sólo Patricia Phelps -la exposición de sus obras se inaugurará enseguida- ha formalizado la donación de una obra, de Juan Muñoz. El museo aclara que sólo expone colecciones privadas cuando se acuerda que obras de las mismas se mantengan en el muso después… en depósito. La Panera mostrará en 2013 la colección de Carlos Vallejo, y ha querido dar otra perspectiva a esta práctica, organizando una convocatoria restringida de comisariado para la exposición. Patio Herreriano, en línea con la esencia de su colección, se está volcando en las colecciones corporativas: las de Mapfre y Honda Greens -proyecto Art Situacions- en 2012, la de la Fundación DKV en 2013.

Compromiso con el museo público

Lo crucial es que las obras de mayor valor artístico lleguen a los museos, en pertenencia. Por ello, las administraciones, organismos y empresas públicas o privadas que en su día iniciaron colecciones propias y no pueden mantenerlas o exponerlas deberían considerar la posibilidad de donarlas a los museos públicos. Tras muchos tiras y aflojas, la colección de la Diputación de Cádiz -332 obras- se instaló en 2012 en el nuevo y vacío Centro de Arte Contemporáneo de Cádiz, construido por el Ayuntamiento. Pero es sólo una cesión temporal y hay que procurar llegar a soluciones duraderas. ¿Que una administración no puede entregar su patrimonio a otra? Pues que creen una fundación o un consorcio. Hay fórmulas. Y también para las colecciones de bancos y cajas, algunas tan voluminosas como la de la nueva fundación especial Cajasol, con 6.000 obras. Hay colecciones de peso depositadas en museos españoles: la de Coca-Cola -que este año ha detenido sus compras en ARCO a la espera de definir el papel de la Fundación en del nuevo marco de la compañía- en el Da2, la de la Fundación ARCO en el CGAC. Tal vez, si alguna vez tenemos una Ley de Mecenazgo generosa, puedan donarse parcial o totalmente.

BBVA constituyó un fondo de adquisiciones para el Museo de Bellas Artes de Bilbao que ha permitido sumar obras de elevado precio a dicha colección. ¿Por qué no siguen su ejemplo otras empresas? Hace unos meses, el Consell Nacional de la Cultura i de les Arts presentó un informe en el que recomendaba a la Generalitat de Cataluña el restablecimiento del Fondo Nacional para la Adquisición de Obras de Arte que ya funcionó entre 1983 y 2005. Proponía una financiación mixta que contara con capital privado. No se ha movido un dedo, que sepamos.

(Publicado en El Cultural)