Ignorancia o servilismo

El 14 de septiembre se inaugurará el Centro de Arte Contemporáneo de Vélez-Málaga, municipio con 78.000 habitantes que vive fundamentalmente del turismo y la agricultura. Es un proyecto del anterior equipo de gobierno (PSOE), que pretendía dedicarlo “a las nuevas formas de creación, con especial atención al arte más innovador”. Tiene 2.400 metros cuadrados, en tres plantas más sótano, con cinco salas de exposición permanente –¿para qué colección?- y dos para temporales, además de salón de actos, cafetería, aulas, talleres y almacén. Ocupa el edificio de un colegio de principios del siglo XX, remodelado según diseño del arquitecto Juan Miguel Hernández León con un coste de cerca de tres millones de euros, aportados por el Ayuntamiento y la Junta de Andalucía. El actual alcalde, Francisco Delgado Bonilla (PP) no ha modificado sustancialmente la vaga “misión del centro”, presentado como “único de sus características en Andalucía fuera de una capital de provincia”, y lo inscribe en un programa que incluye otras actuaciones relacionadas fundamentalmente con la conservación patrimonial, y que se basa en una consideración de la cultura “como industria generadora de actividad económica y de empleo”.

La semana pasada, el pleno municipal aprobó la propuesta de que el centro lleve el nombre de Francisco Hernández (Melilla, 1932 – Vélez-Málaga, 2012), a quien además homenajeará a través de su exposición inaugural. Anteriormente, el alcalde había presentado a su comité asesor, integrado por el político del PP Antonio Garrido Moraga, que es además desde principios de año director de la Fundación María Zambrano en la misma localidad, el poeta Francisco Ruiz Noguera, la directora de la Sociedad Económica de Amigos del País en Málaga, Mari Luz Reguero, el  responsable del área de Cultura del Ayuntamiento de Benalmádena, Juan Ignacio Montañez, y el pintor Evaristo Guerra. No habrá director, muy a la moda.

Es sólo otro caso más de proyecto cultural sin sentido, otro capricho político perpetrado con ausencia de conocimiento del medio artístico, sin visión a largo plazo. Otro contenedor, otra fuga de capitales al ladrillo. Lo que me ha sorprendido enormemente en él es la carencia total de opiniones críticas –por favor, que alguien me desengañe y aporte información en contra de tal afirmación-, y esto me parece muy preocupante, pues revela una actitud resignada, pasiva; y, en los medios de comunicación, indiferencia, ignorancia y/o servilismo. Se han publicado decenas de artículos sobre el proyecto a lo largo de los casi cuatro años que han durado las obras y nadie lo ha cuestionado. El colmo ha sido la gozosa aceptación mediática de la primera exposición y de la advocación del centro a Francisco Hernández Díaz, un pintor mediocre –y por momentos espantoso-, desconocido fuera de la provincia, salpicada por sus cuadros de altar.

Podemos comprender que el comité asesor, afín al alcalde, no tenga ninguna intención de oponerse a esta lamentable deriva inicial del centro, o incluso que esté completamente de acuerdo con ella. Pero, ¿no hay un periódico, una revista, una asociación, un blog… que dé la alerta? He llegado a leer estos despropósitos: “Para muchos críticos, el talento artístico y la precocidad de Francisco Hernández solo es comparable a la del malagueño más genial de todos los tiempos, Pablo Ruiz-Picasso”, y “Francisco Hernández está considerado uno de los máximos exponentes de la pintura andaluza contemporánea”. ¿Cómo es posible que la Junta de Andalucía secunde y financie algo así?

Que un centro de arte municipal deba tener en cuenta a los artistas de la zona es lógico, pero no que anule tan rápidamente cualquier posibilidad de trascendencia no ya nacional sino ni siquiera regional. Es también razonable que los medios de tirada provincial y autonómica atiendan las noticias locales pero ¿han de prescindir de cualquier perspectiva crítica sobre ellas? Aunque ya sabemos que, dada la precaria situación de la prensa como negocio, la presión política y de los anunciantes es intensa, existe una responsabilidad social que los medios deben asumir. Hay muchos jóvenes –y no tan jóvenes- críticos o periodistas especializados que estarían deseando tener una página para dar información y opinión cultural seria.