Historia general de la fotografía

El Cultural. 7 de abril de 2007

Marie-Loup Sougez (coord.). Mª Santos García Felguera, Helena Pérez Gallardo y Carmelo Vega
Historia general de la fotografía
Manuales de Arte Cátedra, Madrid, 2007
825 páginas

El primer capítulo de esta Historia general de la fotografía revisa otros intentos anteriores de ordenar esta materia, que la sed de imágenes del hombre contemporáneo ha hecho tan amplia. Y no han sido muchos los que se han atrevido a la ímproba tarea, y menos en nuestro país, donde se echaba de menos una publicación que sirva de primera guía. Sus más de 700 páginas de texto constituyen un empeño científico y editorial de importancia, y los encargados de realizarlo cuentan con experiencia en el campo: Marie-Loup Sougez (hija del fotógrafo Emmanuel Sougez), su coordinadora, y Carmelo Vega, profesor en La Laguna, son los autores de las dos únicas historias de la fotografía publicadas hasta ahora en España (en 1981 y 1996 respectivamente, y ambas más compactas que ésta); Helena Pérez Gallardo compiló junto a Sougez el Diccionario de historia de la fotografía de esta misma editorial (2003) y Mª Santos García Felguera, profesora de la Complutense, ha dirigido cursos y escrito artículos y textos de catálogos sobre fotografía, sobre todo del siglo XIX. ¿Qué se le debe pedir a un manual? En primer lugar, claridad y orden. En segundo, información completa y actualizada. Finalmente interpretación y valoración de la información ofrecida. Este libro cumple los requisitos básicos: tiene estructura, datos y pausas interpretativas. Pero es un empeño colectivo, y se nota. Aunque se percibe un afán de coordinación entre los autores, no se ha evitado un escollo serio: el desequilibrio en extensión y en método entre los distintos capítulos. Además, se ha dejado pasar la oportunidad de poner en valor ciertos momentos en que la fotografía es más creativa, dando prioridad a la fotografía al servicio de la información, o al servicio de otras formas de arte.
Entre los capítulos más pormenorizados figura el que estudia el nacimiento y los primeros procedimientos de la fotografía. Se insiste también más de la cuenta en la introducción de la ilustración fotográfica en el medio impreso y se hace un seguimiento tedioso del reportaje gráfico (¡120 páginas!). En varias ocasiones, los capítulos se solapan y no siempre parecen acertadas las soluciones que se proponen para cubrir las diferentes direcciones en las que ha sido empleada la fotografía, dentro y fuera del ámbito artístico. Mientras que García Felguera, en los capítulos que redacta, hace una narración histórica ponderada y lo suficientemente detenida para introducir juicios estéticos y recalcar la importancia de determinadas aportaciones individuales, y mientras que Carmelo Vega abre hueco a interesantes excursos sobre los fotógrafos expedicionarios o sobre el estudio del movimiento, enriquecidos con ideas sobre los usos de las imágenes, sobre las mentalidades que esos usos trasladan o difunden, o sobre cómo han marcado las formas de mirar el mundo, el crucial momento de las vanguardias y el período de entreguerras, de Sougez y Pérez Gallardo, queda reducido a una apresurada nómina de artistas. De la misma manera, dentro del capítulo que habla sobre el período entre la posguerra y los años 60, por lo demás bien hilado, el llamado “camino de la investigación” tiene un desarrollo insuficiente y formas de expresión que se han demostrado con gran proyección de futuro son apenas enunciadas. Y, una vez más, en el capítulo que cierra el recorrido cronológico, se atiende más a las dependencias mutuas entre la fotografía y otras formas de arte (en el arte pop o en relación a acciones y performances) que a su propia fuerza creativa. La influyente fotografía artística de las últimas décadas, la que se ha impuesto en galerías, centros de arte y subastas, “desde Nueva York, Vancouver y Düsseldorf”, se revisa en 14 páginas, y con criterios no muy convincentes. Por ejemplo, los “territorios de la fotografía actual” serían los del cuerpo y la muerte. Sí, pero entre otros muchos; debería dejarse ver que el panorama es mucho más amplio. Son así forzosamente pocos los fotógrafos citados, lo que hace inexplicable que se incluyan algunos de tan poco relieve artístico como Xavier Zimbardo, Jo Spence o Daniel Lee.
Pero, a pesar de sus defectos, podemos confiar en que el libro paliará los efectos de la escasa atención que museos, centros de arte y publicaciones españoles han otorgado a la fotografía histórica, que pone las bases de la mucho mejor conocida, por los aficionados, fotografía reciente.