Edward Steichen

Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid
Publicado en El Cultural

Arte, moda y propaganda

El longevo Edward Steichen (Bivange, Luxemburgo, 1879 – West Redding, Connecticut, 1973) tuvo varias vidas como fotógrafo. La primera tiene interés artístico; la segunda, social; la tercera, institucional. Steichen quiso primero ser pintor y en varios de los autorretratos incluidos en la exposición del Reina Sofía se muestra paleta en mano. Pero su temprano interés por la fotografía iría ganando terreno hasta hacerle renegar de su vocación inicial al quemar todos los cuadros que aún conservaba en 1923. No se ha traído ninguno, pero sí se reproducen un par de ellos en el catálogo ―impreso hace más de un año pues lo presentan Carmen Calvo y Ana Martínez de Aguilar― y muestran que era hombre al día en materia artística. Su carrera estuvo durante años vinculada a la de Alfred Stieglitz, 15 años mayor que él, que le apadrinó: ambos fundaron la Galería 291 y Steichen hizo importantes aportaciones a su programa expositivo desde París. De esa época datan sus mayores logros artísticos, en el contexto del pictorialismo y el simbolismo, con oscuros paisajes ―magnífica la Tormenta en el jardín de los dioses de 1906― , expresivos retratos y la excepcional serie de fotografías que hizo de Rodin y de su Balzac a la luz de la luna en 1908. Sin embargo, cuando en 1917 se cierra la galería, las trayectorias de Stieglitz y Steichen se distancian de manera radical; mientras el primero se consagra a la defensa de la Straight Photography, con Paul Strand como nuevo escudero, mantiene el compromiso con la creación de vanguardia ―recordemos Nueva York y el arte moderno. Alfred Stieglitz y su círculo en este mismo museo― y sigue creciendo como artista hasta llegar a sus influyentes Equivalents, el segundo se pone al servicio de la publicidad, la moda y la propaganda política.

Esta doble exposición, organizada por la Foundation for the Exhibition of Photography y el Musée de l’Elysée de Lausana ―ha pasado por el Jeu de Paume, el citado museo suizo y el Palazzo Magnani de Reggio Emilia― muestra esa deriva decepcionante. En 1923 Steichen pasó a ser fotógrafo jefe de la editorial Condé-Nast, en las revistas Vanity Fair y Voque. Retrató a multitud de celebridades del celuloide e hizo muchos reportajes de moda, perfectos para su fin, rezumantes de glamour y carentes de valor para la historia de la fotografía como arte. Toda la exposición en el Museo del Traje se corresponde con este período de fama personal y grandes beneficios económicos. Pero en 1938 anunció que dejaba la publicidad y, conmovido tardíamente por el trabajo social de los fotógrafos de la Farm Security Administration, que habían documentado la Depresión, dio un nuevo giro a su carrera. La muestra deja ver algunas obras posteriores a su renuncia a la fotografía comercial, confirmando lo poco que le quedaba a Steichen por aportar: chillonas fotografías en color de flores y unas anodinas imágenes de México.

La etapa institucional del fotógrafo comienza cuando en 1941 el MoMA le pide que organice una exposición sobre defensa nacional ―en ambas guerras mundiales trabajó para el ejército, en fotografía aérea en la primera y para la armada en la segunda― que se tituló Road to Victory. Al terminar la guerra, en 1946, fue nombrado director del departamento de fotografía del museo, cargo que desempeñó hasta su jubilación en 1962, organizando allí 46 exposiciones. Su designación provocó la dimisión del conservador del departamento, Beaumont Newhall, y de treinta miembros de su comité asesor. Anselm Adams diría después que el paso de Steichen por el MoMA supuso un duro golpe para el progreso de la fotografía creativa. Sus exposiciones más polémicas, encabezadas por la célebre The Family of Man, que tuvo evidente utilidad política al ser exportada por la United States Information Agency a 38 países, y que se explora en el Reina Sofía ―también se evoca el montaje de Road to Victory―, manipulaban a capricho las obras de los fotógrafos. Steichen se comportaba como un editor de uno de esos medios de comunicación impresa en los que había brillado.