Catálogos digitales

Resulta muy sorprendente que a estas alturas buena parte de los museos y centros de arte no editen los catálogos de sus exposiciones en formato digital. Tan poco desarrollada está esta posibilidad que el reciente anuncio hecho por el Solomon R. Guggenheim Museum de que ha puesto en su web los pdf de 65 catálogos de exposiciones agotados y, módico pago mediante, una serie de artículos, a la vez que ha editado el primer catálogo en eBook –el de Maurizio Cattelan- ha tenido una enorme repercusión. El Guggenheim juega muy bien la baza mediática y  se ha “vendido” como pionero en estos avances, cuando ya hay otros museos que habían emprendido antes el camino, pero es verdad que tales iniciativas siguen siendo hoy excepcionales.

Por lo general, los museos y centros pierden dinero con los catálogos. Los formatos digitales abaratarían los costes de papel, fotomecánica, imprenta, encuadernación, distribución, almacenaje de ejemplares no vendidos… Aunque es verdad que el resto de etapas en la producción editorial -textos, fotos, maquetación…- pueden suponer también una inversión muy considerable, sin duda los precios se abaratarían. Si un museo o centro puede permitirse editar en papel, perfecto. Pero eso no impide hacer una edición paralela en eBook, pdf, online o como se quiera. Cualquier cosa que se pueda descargar o simplemente leer en la pantalla. Gratis o a a precios asequibles. ¿Por qué no se ha extendido ya la práctica? Los derechos de reproducción podrían tener algo que ver: en las publicaciones en papel, la institución paga -según los casos, al artista, a la sociedad de gestión de derechos o a otro museo que da licencia para la reproducción de una obra de su colección- por un determinado número de obras reproducidas, a un tamaño y en un número de ejemplares concreto. Se podría pensar que en Internet se pierde ese control, pero no es así. Se pueden ajustar las tarifas por descargas, visitantes, “impresiones” en pantalla, tiempo de permanencia en la web… Claro que todos esperamos que una publicación en Internet sea algo más que un pdf, como exigía José Luis de Vicente en su blog en EL CULTURAL. Pero yo de momento que conformaría con una abundancia de éstos.

En fin, habrá que seguir esperando. Mientras tanto, los museos van practicando con la publicación online de la catalogación de sus fondos -en esto vamos mucho mejor, gracias a las directrices europeas y al apoyo del  ex-Ministerio de Cultura- y experimentando herramientas y formas de presentación. He aquí algunos proyectos en preparación o que ya son realidades:

Fuera de España

  • El LACMA va a la cabeza con la apertura de su Reading Room, con tres amplias líneas de catálogos de exposiciones: expresionismo alemán, arte californiano y arte europeo.

  • Picasa Content

    Hay un formato intermedio entre el catálogo y la simple página informativa, el minisite, que puede llegar a ser bastante completo. Un ejemplo: los del Museo del Louvre.

  • El MoMA tiene diversas unos pocos catálogos a la venta (caro
    Picasa Content

    s) en formato eBook y una aplicación para iPad. También produce minisites interactivos sobre algunas exposiciones, como la actual de Diego Rivera. (En este mismo formato, destacan en España los minisites de la Fundación Mapfre, como el de Eugène Atget.)

  • La Fundación y el Museo Getty han puesto en marcha The Getty’s Online Scholarly Catalogue Initiative, un muy generoso programa de ayudas a nueve instituciones museísticas para publicar online, con tecnología puntera, los estudios académicos sobre sus colecciones. Son el Art Institute of Chicago; la Arthur M. Sackler and Freer Gallery of Art; el Los Angeles County Museum of Art; la National Gallery of Art, Washington, D. C.; el San Francisco Museum of Modern Art; el Seattle Art Museum; la Tate Gallery; el Walker Art Center; y el J. Paul Getty Museum. Sobre este tema, leer The Transition to Online Scholarly Catalogues.  
  • En el marco de ese programa, el Art Institute of Chicago ha presentado ya un escueto resultado inicial, en la catalogación de las obras de Monet y de las obras de Renoir en su colección. Fantástico.
  • Otro tipo de catalogación: el Museum of Fine Arts de Houston está preparando un archivo digital y proyecto editorial llamado Documents of 20th Century Latin American and Latino Art, un archivo digital “con más de diez mil facsímiles de fuentes primarias, seleccionadas por cientos de investigadores con sede en 16 ciudades de Estados Unidos y de Latinoamérica”. Se inaugura mañana, 20 de enero.
  • La National Gallery of Canada ha digitalizado todos los catálogos de sus exposiciones entre 1880 y 1930.
  • En esa misma línea de difusión de publicaciones históricas, el Detroit Institute of Arts nos brinda los catálogos de exposiciones desde 1886 a 1923.
  • Pronto se inaugurará en la Fundación Santander una selección de la colección Rubell. En la página de publicaciones de su web, algunos de los catálogos, como el de Keith Haring, o el de la colectiva 30 Americans (ahora en la Corcoran Gallery) pueden previsualizarse al completo.

  • Y otro formato: el pasado septiembre la Art Gallery of New South Wales, Australia, lanzó una aplicación para iPad llamada Contemporary, que, nos dicen, es sólo la primera de las aplicaciones de toda una línea. Incluye vídeos, entrevistas, comentarios en audio, zoom de las obras…

  • También para iPad: la aplicación The Saatchi Gallery Opus HD, con todos los contenidos –y más- del libro de 800 páginas Saatchi Opus, en el que se resume la historia de la colección y las sucesivas salas de exposiciones que ha tenido.

Seguro que conocen más ejemplos. Compártanlos aquí, por favor.