Campos de batalla

El pasado viernes, el Grupo Socialista presentó ante la Mesa de las Cortes Valencianas una Proposición no de Ley en la que pide que “a partir de ahora, todos los puestos directivos de los museos de la Comunidad Valenciana sean cubiertos por convocatoria pública, de acuerdo con los principios de mérito, capacidad y profesionalidad que acrediten la experiencia y la formación necesarias para el correcto desarrollo del cargo”. Hace diez años, incluso cinco, esta reclamación habría sido inaudita. Justísima, desde luego, pero al margen de las preocupaciones de los grupos políticos. Hoy, esta forma de elegir directores va camino de normalizarse, y se han convocado en el último lustro más de veinte concursos de dirección en los museos españoles, particularmente de arte contemporáneo. ¿Qué pasa en Valencia? Los tres principales museos de arte de la ciudad están dirigidos por personas que se han dedicado profesionalmente a la política: Consuelo Císcar, directora del IVAM desde 2005, fue Directora General de Promoción Cultural y Patrimonio Artístico y Subsecretaria de Promoción Cultural de la Generalitat Valenciana; Javier Varela, que lleva algo más de un año al frente del Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad (MUVIM), era antes de su nombramiento alcalde de Torrebaja por el Partido Popular; Paz Olmos, cuyo nombramiento como directora del Museo de Bellas Artes de Valencia San Pío V, aún se está protestando, era Directora General de Patrimonio Cultural Valenciano. Y no parece haber ninguna intención, ni en la Generalidad Valenciana ni en la Diputación de Valencia, de corregir el rumbo. Ni las protestas del sector ni los requerimientos de los adversarios políticos afectan para nada a los responsables de Cultura en ambas administraciones.

A propósito de adversarios, en estos días se libra una batalla política que tiene como campo el San Pío V. De territorio, o de terrenos, va la cosa. Como museo de titularidad y de gestión transferida a la Generalidad, corresponde al Ministerio de Cultura ocuparse del edificio y sus planes de ampliación se han visto frenados por el Ayuntamiento de Valencia… en respuesta al decreto estatal que intenta paralizar los planes de la alcaldesa para el Cabañal. El pulso que mantienen Ángeles González-Sinde y Rita Barberá parece ir a tener un desenlace (parcial): el Ministerio ha dado al Ayuntamiento un plazo de diez días para que conceda la licencia para las obras de ampliación del museo, denegada hasta (se pretendía que la administración estatal pagara por los terrenos donde se ubicará la nueva construcción); si el Ministerio no la obtiene, abandonará el proyecto y dedicará los 4,5 millones presupuestados para las obras a otras infraestructuras culturales en España. El Ayuntamiento, se prevé, cederá. El Ministerio está representado, como es lógico, en el Patronato del San Pío V. Y no ha puesto ningún reparo, al menos públicamente, al nombramiento como directora de la Sra. Olmos, una persona que evidentemente carece de la cualificación profesional para conducir este museo, con una de las colecciones de pintura antigua más importantes de España. A pesar de que hace cinco años la entonces Ministra Carmen Calvo firmara un compromiso para introducir las buenas prácticas en los museos y centros de arte, que parece haber olvidado la actual titular. Desde los patronatos de los muchos museos en los que el Ministerio está representado podría favorecer la profesionalización y la independencia de los directivos. Pero entre la teoría y la práctica hay mucho trecho. Este viernes, en las páginas de El Cultural, escribiré más por extenso sobre patronatos y control político de los museos y centros de arte.