Axel Hütte

Viajero paradójico

En tierras extrañas. Fundación Telefónica, Madrid
Publicado en El Cultural

Vuelve Axel Hütte a España, permitiéndonos completar el previo conocimiento de su obra acumulado a través de importantes comparecencias en el Palacio de Velázquez, la Fundación César Manrique (ambas en 2004) y la galería Helga de Alvear (2000 y 2006), que este año tiene una destacada presencia en la programación de la Fundación Telefónica, con artistas a los que representa ―Hütte y Helena Almeida, que inaugurará en noviembre la próxima exposición― o con los que ha trabajado ―Thomas Demand, que estuvo en estas salas para PHotoEspaña―. Y vuelve el artista de un largo viaje, que le ha llevado a visitar diversos países de América Central y del Sur, siguiendo los pasos de los españoles que “descubrieron” esas tierras. La Fundación Telefónica, en concordancia con las ambiciones de la compañía en la zona, ha patrocinado las expediciones de Hütte, representado ya antes en su colección de fotografía contemporánea. De esta aventura, que se suma al continuo itinerar del fotógrafo, se muestra sólo una parte de los resultados ―se han omitido imágenes de Belice, Chile y Argentina que sí se reproducen en el catálogo―, mientras que se ha incluido la Suite Aranjuez vista ya en ARCO, que no encaja en el criterio geográfico de la muestra aunque sí en el estilístico, de manera que se desdibuja en alguna medida su argumento.
Y, en realidad, no importa demasiado. Porque las imágenes son sorprendentemente parecidas. Es cierto que pueden percibirse en ellas ciertas particularidades geológicas ―sobre todo en las fotografías de los terrenos volcánicos canarios― o botánicas, pero como él mismo señala, limita su observación a un número de tipologías topográficas y a ciertas formas de mirarlas, y finalmente parece estar buscando la adaptación de los diferentes paisajes reales a unos esquemas mentales y compositivos preconcebidos. Lo mismo que, desde otros presupuestos culturales, hicieron los descubridores. (Por cierto: el catálogo se acompaña de una sucinta selección de textos, antiguos y modernos, documentales y de ficción, que hacen de contrapunto a las fotografías). Cuando escribí sobre su última exposición en Helga de Alvear ―se puede buscar el artículo en www.elcultural.es, 25-05-2006― destacaba la frustración que producía, de un lado, la aparente neutralidad emocional con la que el artista aborda los escenarios más sublimes y, de otro, la imperante noción de límite, que impide el avance imaginario hacia la profundidad de la imagen: el espectador se encuentra a menudo colocado en un punto desde el que no puede moverse, pues caería al vacío o al agua. Esta inmovilidad forzada contrasta con nuestra percepción cinemática del mundo, y con la idea de desplazamiento, de viaje, que está en la base del proyecto. En los dos años que han transcurrido, Hütte ha estado trabajando en otra serie que aún no se ha visto en España, de vistas nocturnas de ciudades estadounidenses. Con ellas ha perfeccionado su visión “aérea”, desde un punto de vista suspendido, que se refleja también en las fotografías aquí incluidas sobre las llanuras de Nuevo México. Es asimismo novedoso respecto a lo que ya conocíamos, e igualmente relacionado con las mencionadas vistas nocturnas, el díptico Capulin Fire I y II. USA, que aporta una inesperada plenitud a la muestra a pesar de su dudosa vinculación al argumento central: la presencia del fuego nos hace darnos cuenta de que Hütte contempla de una manera esencial los elementos, y de que sus paisajes están integradas básicamente por tierra, agua y aire (con sus efectos atmosféricos).
Por lo demás, tenemos nuevas versiones de sus configuraciones ya habituales: cumbres envueltas en nubes, pantallas impenetrables de vegetación selvática y espejos acuáticos. Y, como variación de éstos, visiones del interior de cuevas con lagos subterráneos, cuajadas de estalactitas y estalagmitas reales y reflejadas, que refuerzan esa asimilación de los lugares de la que hablaba: las grutas de Belice, México y Nuevo México podrían estar comunicadas. Lo que todas las imágenes ponen de relieve es que la visión de la naturaleza de Axel Hütte busca lo fragmentario. Con excepción de algunas panorámicas a vista de pájaro ―Nuevo México, Chile― en las que, por otra parte, no se aporta una gran cantidad de información visual puesto que muestran espacios amplios pero vacíos, a lo que nos enfrenta es a una parcela de territorio que nos proporciona una experiencia muy concentrada y muy intensa de un punto, sin facilitarnos las coordenadas para situarnos, para recrear un entorno más rico y más real. Son, con sentido distinto al propuesto por Augé, “no lugares”. Estas limitaciones intencionadas constituyen la más intersante faceta de este viajero paradójico que, a pesar de lo que proclama el título de la exposición, no parece buscar tanto las tierras extrañas como nuevas posibilidades de dar forma a unos esquemas de representación de lo natural. El cómo por encima del qué.