Arte y entidades bancarias. El caso Caixaforum Madrid

Diseñart. Marzo de 2008

Se ha inaugurado el esperado Caixaforum, primera obra de los brillantes arquitectos suizos Herzog & de Meuron en Madrid. La Fundación “la Caixa” retoma así su obra cultural en la capital, interrumpida por el cierre en 2006 de la sala de exposiciones de Serrano 60, que a su vez sustituyó, en 1985, a la del Paseo de la Castellana. El edificio, que transforma radicalmente la antigua Estación Eléctrica del Mediodía, se ha convertido ya en un hito arquitectónico, con su estructura flotante, su original coronación de hierro oxidado y el jardín vertical de Patrick Blanc. Las dos amplias y luminosas salas de exposiciones se han estrenado con una pequeña selección de la Colección de Arte Contemporáneo de la fundación. A la vista de lo mostrado en la primera planta, se podría pensar que el criterio seguido para escoger las obras es el del tamaño, pues se han traído cuadros enormes de Polke, Kiefer, Clemente, Schnabel… y el siempre emocionante Giuseppe Penone. Las obras más atractivas, y vigentes, se concentran en la planta superior, en la que destaca Canon perpetuo, la instalación central de instrumentos de viento aplastados, de Cornelia Parker. El éxito mediático ha sido grande pero ¿qué podemos esperar de esta nueva dotación cultural?

La Fundación “la Caixa” ha jugado un papel importantísimo en el fomento del arte contemporáneo en España. A lo largo de veinte años, sus exposiciones nos permitieron conocer creadores, movimientos y escenas artísticas, y sus programas de adquisiciones ofrecieron apoyo tanto artistas como a galeristas. Pero los tiempos han cambiado, y la cultura empresarial que hoy domina la mayoría de las instituciones culturales tiene otras prioridades. A finales de 2004, el nuevo director de la fundación anunció que suspendía la Colección Testimoni, creada en 1987 y compuesta por más de 2.000 obras de arte español, compradas en galerías con las que se firmaban acuerdos anuales; se trataba en la práctica de una operación de mecenazgo de considerable impacto en la supervivencia de nuestro mercado del arte. Al año siguiente se cerró la Sala Montcada de Barcelona, que producía y exponía obras de artistas innovadores y favorecía a los jóvenes comisarios, y que se refundó como Espai Montcada en el Caixaforum, perdiendo las características que la integraban en el tejido artístico local. Pero aquí “la Caixa” ha dado marcha atrás y ha reconducido el Espai en la dirección primera, encargando en mayo de 2007 a David Armengol un ciclo que aún no ha concluido.

La colección “mayor” -que consta de unas 700 obras de arte internacional y que ha crecido con el asesoramiento de reputados expertos- permanece activa pero podría abandonarse si el mercado cotizase a la baja y no se pudiera ya mantener que se trata de una magnífica “inversión”. Los grandes centros de “la Caixa” en Barcelona, Mallorca y Madrid tienen ahora como objetivo el público familiar, el elevado número de visitantes y la gestión ahorrativa. Es más barato comprar exposiciones que vienen ya producidas y se pueden hacer itinerar. Se ha roto el vínculo con la creación de hoy. Lo demuestra el decepcionante arranque de Caixaforum Madrid: anacrónicas esculturas de Mitoraj -colocadas en el Paseo del Prado con la complicidad del Ayuntamiento-, una selección de los fondos no expuestos -por algo será- de los Uffizzi realizada por la empresa florentina Contemporanea Progetti, una muestra sobre Charles Chaplin y, otra vez, los etruscos. Las dos últimas ya han pasado por Barcelona. Más seria parece a priori la que se dedicará al modernista Alphose Mucha, pero tampoco ésta indica un compromiso con la actualidad.

Hay que reconocer la meritoria labor que las entidades bancarias, y especialmente las cajas de ahorro, han desarrollado en el terreno del arte mientras las administraciones públicas creaban infraestructuras, colecciones o programas antes inexistentes. Sin embargo, la responsabilidad social corporativa se entiende cada vez más como marketing, y parece que el arte actual no es rentable en este sentido.
Los más fuertes, BBVA y Santander, prefieren ahora patrocinar a los museos con mayor visibilidad. Los que tienen salas propias suelen decantarse por una “moderada modernidad”. La excepción es hoy Caja Madrid, cuya Obra Social sí ha apostado fuerte por el arte joven. Vital Kutxa, con el centro Krea en Vitoria, aún en obras, sigue sus pasos.