A todo trapo: Fórmula 1 en “Arte” Canal

Fernando Alonso, a sus 32 años, va a tener un museo en su tierra. Ha atesorado muchos artículos importantes para la historia de la humanidad, como el traje que le cosió su madre cuando era pequeñito, su primera licencia de piloto, sus recuerdos personales, sus trofeos, algunos bólidos… y quiere compartirlos con sus muchísimos fans. El Gobierno del Principado de Asturias prometió a la Fundación Fernando Alonso llevar a cabo el proyecto en el complejo La Morgal –que incluye un circuito de karts-, con cargo a los asturianos. Pero llegó la crisis política regional que conocen y la crisis económica que padecen, y aquello no avanzaba. En mayo de 2012, El Mundo publicó que el piloto, harto, estaba considerando traer su museo a Madrid. Alonso y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, que mantienen “un excelente feeling personal”, ya habían tenido conversaciones al respecto, incluso sobre la ubicación para el museo, que estaría situado en la sede del Canal de Isabel II” y sobre la empresa que podría encargarse de la musealización, que sería la que “ha llevado a cabo los espectaculares museos del Real Madrid y del Barcelona”. La oferta le sirvió a Alonso para hacer fuerza en sus negociaciones con el Principado, que había ya invertido cinco millones de euros, y finalmente el museo se inaugurará -tras más seis años de obras y si no pasa nada- en 2014. La inversión final –o, mejor dicho, inicial- será de unos 6’5 millones de euros.

Pero, antes, la colección de Alonso se mostrará en Madrid, por medio de una exposición en el Centro Arte Canal: Fernando Alonso Collection. Así, en inglés, se titula, y promete transmitirnos “Su historia, sus recuerdos, su legado…”. El anuncio escoció en Asturias pero no hubo protestas por parte del gobierno autonómico; según El Comercio, debido a que este “se ahorrará cerca un millón, o al menos una buena parte de esa cantidad, para la adecuación museística del edificio, para lo cual se aprovechará parte de la que se empleará en Madrid”. La pagará, en fin, usted que va a ver la exposición.

Antes de hablarles de la exposición son necesarias unas palabras sobre el Canal de Isabel II. La empresa pública –Canal de Isabel II Gestión S.A.- que abastece de agua a la capital depende de la Comunidad de Madrid y está en vías de privatización. Hay tres salas de exposiciones en terrenos de su propiedad, pero cada una depende de un organismo diferente. Se lo explico, porque es un lío.

-La Sala de Exposiciones Canal de Isabel II en el depósito de Santa Engracia –la de siempre- está gestionada por la Dirección General de Bellas Artes, del Libro y de Archivos, cuya titular es Isabel Rossel, y cuya programación está asesorada por Lorena Martínez de Corral. Se dedica desde hace muchos años a la fotografía, con menor actividad en tiempos recientes: tres exposiciones al año, casi siempre de artistas españoles. De la D.G. de BB.AA. dependen también la sala Alcalá 31 y el Centro de Arte Dos de Mayo.

-La Fundación Canal, en la calle Mateo Inurria, tiene una programación heterogénea e irregular, pero aceptable; una de cal y una de arena. El presidente de la fundación, con gestión independiente pero tutelada políticamente, es Ignacio González, Presidente de la Comunidad de Madrid, y su vicepresidente es Salvador Victoria, que es presidente del Canal de Isabel II además de Consejero de Presidencia, Justicia y Portavoz del Gobierno de la Comunidad de Madrid; y, por si le sobra tiempo, responsable de Asuntos Taurinos. Quienes deciden sobre la programación de la sala son Eva Tormo, directora gerente, y Cristián Ruiz Orfila, subdirector de la fundación y director de exposiciones. Según la última memoria de actividades publicada, tuvo en 2011 unos gastos totales de algo más 2.700.000 euros, de los que 434.792 euros financiaron las cinco exposiciones realizadas ese año.

-El Centro de Exposiciones Arte Canal depende directamente de la empresa Canal de Isabel II Gestión. Se ubica en uno de los grandes compartimentos enterrados del depósito del Canal junto a la Plaza de Castilla, con más de 2.000 metros cuadrados de espacio expositivo. He preguntado en su departamento de prensa quién diseña la programación y me han medio informado de que sería Fernando Arlandis, Subdirector de Estudios, Programas y Responsabilidad Social Corporativa de Canal de Isabel II Gestión. Esta sala siempre ha estado muy ligada a la presidencia de la Comunidad de Madrid, que hace y deshace aquí sin interferencias de consejeros, asesores o directores, y siempre hubo dinero para gastar con alegría: aún este año el Canal de Isabel II acaba de repartir entre Comunidad y ayuntamientos 135 millones de beneficio (nadie se explica por qué se quiere vender el 49% del capital a inversores privados). Se podría decir que es una sala privatizada, pues saca a licitación la gestión integral de cada proyecto expositivo.

Es un espacio que costó muchísimo dinero reformar y aún supone cuantiosos gastos: acaba de adjudicarse el cambio del suelo técnico por más de 200.000 euros. Y está desaprovechado: en diez años se han hecho solo diez exposiciones. Eso sí, a todo trapo. La línea está bien definida: muestras con el máximo tirón popular que vendan muchas entradas. Con una proporción variable de contenido histórico-artístico y con abundante aparato audiovisual, interactivo, decorativo… En 2008 se les fue ya la mano con la exposición dedicada a la saga cinematográfica La guerra de las galaxias pero, en fin, se podía justificar por el componente artístico presente en el cine, aunque sea en el más comercial. Esto de Alonso ya no tiene justificación posible. Se puede discutir si podemos considerar a un cocinero o a un modisto como “artista” con todas las letras. Pero, ¿a un piloto de Fórmula 1?  Que le cambien el nombre a la sala –quitándole el “Arte”- y que la privaticen. Porque la misión cultural de las administraciones no es la de vender entradas –como parecen pensar también en CentroCentro, dependiente del Ayuntamiento de Madrid- sino la de garantizar las mejores condiciones para que la cultura se produzca, y apoyarla económicamente para beneficio de los ciudadanos.

Casi dos millones de euros costará la exposición sobre Fernando Alonso. Miren, yo creo que aquí alguien se lo lleva crudo, por mucho que el presupuesto incluya la “gestión global” del proyecto, aún pendiente de adjudicación. Me dicen en el Canal que este presupuesto no es mayor que el de otras exposiciones en esta sala y, en efecto, compruebo que al menos las últimas han tenido prácticamente el mismo. ¿Cómo es posible? No es lo mismo traer desde China frágiles antigüedades que meter en unos camiones desde Asturias unos coches y el famoso “baúl” de Alonso. He pedido algunas cifras: en un centro mediano, una exposición grande ronda los 100.000 euros. Consideren, sin ir más lejos, el presupuesto de exposiciones de la Fundación Canal. En un museo grande, como el Thyssen-Bornemisza, con préstamos internacionales, las exposiciones más caras no pasan de 750.000 euros. En el Museo del Prado, los costes habituales oscilarían entre los 300.000 y los 800.000 euros; no suele llegarse a este último importe pero se ha dado algún caso.

Se espera recuperar la “inversión”. Cinco meses antes de que se inaugure la muestra, las entradas ya están a la venta: la general costará 7 euros y la reducida (mayores de 65 años, jubilados, estudiantes, profesores, miembros de familia numerosa) 3,5, siendo gratuita para niños menores de 6 años y desempleados. Por supuesto, será un éxito de público. No olviden que el museo del Real Madrid es el cuarto más visitado de la ciudad. No debe, por tanto, preocuparnos que se despilfarre el dinero público y, en este caso, no pienso protestar por el hecho de que el ciudadano tenga que pagar por ver los fetiches de sus ídolos: no se trata de un servicio cultural.